Salud - Avances y Disparidades
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Las estadísticas sobre la inmunización: La única verdad es la realidad

¿Qué posibilidades tienen los gobiernos de satisfacer las necesidades de los niños si ni siquiera saben exactamente cuáles son esas necesidades? Esta cuestión fundamental fue abordada en la Cumbre Mundial en favor de la Infancia de 1990, en la que se exhortó a los países a crear mecanismos idóneos para la recolección, el análisis y la publicación regular de datos sobre el bienestar de sus niños.

No existe ningún otro indicador más preciso de la competencia con que un país obtiene y procesa tal información que los registros de las inmunizaciones, ya que las estadísticas referidas a ese aspecto de la salud infantil son las que se recopilan con más regularidad y se vigilan con más celo. Pero la evaluación de esas cifras resulta aún un proceso complicado.

Prácticamente todos los países cuentan con datos sobre la inmunización infantil. La forma de registro más frecuente es la de las anotaciones que se realizan en los centros sanitarios para asentar las inmunizaciones individuales de los niños.

El grado de exactitud de estos "informes habituales" depende en muchos casos del nivel de complejidad de los mecanismos de comunicación entre los sucesivos niveles de la cadena de mando, que se inicia en las clínicas locales y termina en el ministerio de salud. Debido a ello, los informes habituales se complementan periódicamente con encuestas que, a pesar de brindar por lo general datos más ajustados a la realidad, se llevan a cabo con menos frecuencia debido a su alto costo. En consecuencia, las estadísticas de las publicaciones como El Progreso de las Naciones se basan en una combinación de ambas fuentes.

Al analizar estas estadísticas se advierten las complejidades que entraña la obtención de datos. Por ejemplo, las estadísticas del UNICEF indican que en 44 países los informes clínicos habituales demuestran que las tasas de inmunización son por lo menos un 10% más elevadas que las obtenidas mediante las encuestas. En el resto del mundo, esa discrepancia es al revés, ya que en 17 países los informes clínicos habituales reflejan tasas de cobertura por lo menos un 10% menores que los datos derivados de las encuestas.

Las implicaciones de tales variaciones son motivo de preocupación. Una encuesta llevada a cabo en la India en 1992 indicó, por ejemplo, que el número de niños menores de 1 año que habían recibido la tercera dosis de la vacuna contra la difteria, la tos ferina y el tétanos era inferior en 10 millones al que habían indicado los informes clínicos habituales.

En Kenya sucedió lo inverso. Según los informes clínicos habituales correspondientes a 1996, sólo un 40% de los niños habían recibido la tercera dosis de esa vacuna, mientras que los datos obtenidos mediante encuestas indicaban que el 84% de los niños contaban con esa tercera vacuna. En este caso, la diferencia porcentual representaba 500.000 niños.

Si se ajustaran las tasas de inmunización de 1996 de los 40 países más grandes para tomar en cuenta las disparidades entre los informes clínicos habituales y los resultados de las encuestas, la cobertura mundial disminuiría en un 10%, y sería del orden del 70%.

De manera que hasta las "mejores" estadísticas de las que se disponen para medir el bienestar de los niños pueden estar viciadas si los países no les otorgan la prioridad debida.

Si los gobiernos se proponen hacer valer el derecho de los niños a la salud, deberán asignar más recursos a la recolección de datos.

Chart:UNICEF/Routine reports vs. surveys


La inmunización es el mejor negocio del mundo en materia de salud: $15 para proteger a un niño, incluido el costo del alumbramiento.

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