Todo lo que se haga es pocoRalph H. HendersonLa vacunación es el mayor éxito en la esfera de la salud que se ha logrado en toda la historia de la humanidad. Entre 1980 y 1990, un esfuerzo gigantesco consiguió aumentar las tasas de cobertura en todo el mundo de un 5% a un 80%. Pero justo cuando está a punto de aparecer en el mercado una nueva generación de vacunas capaz de salvar más millones de vidas de niños al año, pero a un costo mucho mayor el impulso para mantener los niveles de inmunización comienza a desfallecer. Hace dos decenios, sólo se vacunaba a un 5% de los lactantes del mundo en desarrollo contra las seis enfermedades causantes del mayor número de muertes infantiles. Hoy en día se vacuna a casi un 80% de los niños, un triunfo espectacular. Desde entonces se ha reducido el número de muertes causadas por esas seis enfermedades (el sarampión, el tétanos, la tos ferina, la tuberculosis, la poliomielitis y la difteria) en 3 millones por año, y se ha disminuido en 750.000 el número de niños a quienes esas enfermedades dejan ciegos, paralizados o con discapacidades mentales. El triunfo de la campaña mundial de eliminación de la poliomielitis ofrece la posibilidad de eliminar esa enfermedad para fines del decenio, como ya ha sucedido con la viruela. De esa manera se eliminará también la necesidad de inmunizar a los niños, y los gobiernos del mundo se ahorrarán 1.500 millones de dólares al año en vacunas, tratamientos y rehabilitación. Cualquiera sea el criterio con que se mida, el esfuerzo internacional en pro de la inmunización constituye la mayor epopeya sanitaria de la historia. Y el costo de la inmunización es también sorprendentemente bajo, de apenas 15 dólares por niño. De esa suma, 1 dólar corresponde a las seis vacunas y el resto a los costos de llevar las vacunas a algunos de los puntos más inaccesibles del planeta. Las repercusiones que tiene esta modesta inversión sobre las vidas de los niños y sus progenitores son transcendentales. El futuro quizás nos depare aún mayores avances. Una nueva generación de vacunas, a punto de hacer su aparición, ofrece una serie de posibilidades sorprendentes. Se trata de vacunas que pueden prevenir un número cada vez mayor de enfermedades; de vacunas que se administran en una sola dosis y no requieren dosis de refuerzo; de vacunas que se pueden dar a lactantes de edad cada vez menor; e incluso de vacunas que se rocían sobre la piel. Desde 1980 hasta la fecha se han lanzado al mercado 14 vacunas nuevas o mejoradas, y en un futuro no muy lejano dispondremos de varias decenas más. Con ellas podremos defender a los niños de las enfermedades que representan las amenazas más graves, como las enfermedades diarreicas y las infecciones agudas de las vías respiratorias. Los expertos opinan que para principios del próximo mileno, esos antígenos podrían salvar anualmente las vidas de 8 millones de niños. Con las vacunas básicas de las que ya disponemos para combatir las "seis peores" enfermedades se podría salvar hasta a 2 millones de niños que aún mueren anualmente de enfermedades que se pueden prevenir mediante la inmunización. Pero para ello habría que vacunar a todos los niños. Ese es el meollo del problema. A pesar del bajo costo de la inmunización, muchos de los niños más pobres del mundo, que son también los más vulnerables a las enfermedades, no están protegidos por la red mundial de inmunización. La peor parte le toca al África al sur del Sahara, donde casi la mitad de los niños que deberían recibir todos los años una inmunización completa con las tres dosis de la vacuna DPT contra la difteria, la tos ferina y el tetanos, no la reciben. Aunque en el resto del mundo las tasas de inmunización son más elevadas, 26 millones de niños no han recibido aún las tres dosis anuales de DPT. Si no los podemos inmunizar ahora que ya disponemos de las vacunas necesarias, ¿qué posibilidad habrá de inmunizarlos cuando contemos con las vacunas del futuro? If we don't reach these children now, with the vaccines already available, what are the prospects of reaching them with the vaccines of the future? Para proteger la salud y el bienestar de los niños, deben ocurrir dos cosas. En primer lugar, es necesario que los niños a quienes no se administra las vacunas de bajo costo las reciban con carácter prioritario e ineludible. En segundo lugar, debemos tomar medidas inmediatas para garantizar que esos niños reciban los beneficios plenos de la nueva generación de vacunas, que serán mucho más costosas que las actuales.
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