El Progreso de las Naciones 2000
Página principal | Actividades del UNICEF | Series | Información y publicaciónes | Donaciones, tarjetas de felicitación y regalos | Para los medios de comunicación | La Juventud Opina | Sobre el UNICEF
 Tiempo para sembrar
 
 Comentario: cuidado del niño en la primera infancia
 

Inversiones en los niños

Un niño cuya madre tiene acceso a la atención y los servicios necesarios durante el embarazo y el parto, un niño nacido en una comunidad donde hay un centro de atención de la salud dotado de personal competente y adecuadamente aprovisionado, que proporciona información sobre la nutrición y ayuda para dolencias e infecciones comunes, es un niño que ha tenido un buen comienzo. Cuando hay tiempo para ofrecer el estímulo y el aprendizaje precoz que redundan después en mayores logros escolares, cuando hay acceso a agua no contaminado y a sistemas adecuados de saneamiento, así como a escuelas primarias acogedoras para los niños, se promueven factores esenciales que permiten también iniciar la vida con buen pie.

Un gasto mundial adicional de aproximadamente 70.000 millones a 80.000 millones de dólares cada año ayudaría a ampliar los servicios básicos que proporcionan este tipo de bases imprescindibles para todos. No se trata en absoluto de un importe exorbitante, particularmente si se tienen en cuenta los beneficios que producirá, pero es un gasto que los países en desarrollo no pueden absorber por sí solos.

No obstante, si los países en desarrollo dedicaran un 20% de los presupuestos nacionales y los países donantes una proporción similar de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) a los servicios sociales básicos, en ese caso se dispondría de la mayor parte de los recursos. Dichas asignaciones de créditos son la base de la Iniciativa 20/20, propugnada por el UNICEF y otros aliados y aprobada por muchos países en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social que se celebró en 1995.

Hay muchas razones por las que los países no respetan los derechos humanos más básicos de los niños. En algunos, la guerra ha destruido la infraestructura, la economía y las comunidades; el SIDA se está propagando activamente, particularmente en África y está erosionando muy peligrosamente estructuras sociales que ya eran frágiles y la capacidad de respuesta de las comunidades y los países. En muchos otros países, la corrupción vacía las arcas públicas y en demasiados otros, la espiral de la creciente deuda, perpetuándose a sí misma, sobrecarga los presupuestos ya endebles y redunda en desastres para los niños.

Es un enorme estigma sobre la conciencia del mundo que en los 41 países pobres sumamente endeudados donde los indicadores de desarrollo humano son los peores del mundo el servicio de la deuda consume entre tres y cinco veces el importe de los recursos gastados en servicios básicos. En casi la mitad de esos mismos países, cerca del 50% de las personas carecen de acceso a un saneamiento adecuado y a agua de beber no contaminada; de los 31 países donde es mayor la mortalidad de los niños, 26 pertenecen al grupo de los países pobres sumamente endeudados.

La mitigación de la deuda no sólo está en un callejón sin salida, sino que también ha disminuido la asistencia para el desarrollo, desde un promedio de 0,33% del producto nacional bruto(PNB) en 1990, hasta un promedio de 0,24% en 1998. Esto está ocurriendo en circunstancias en que la economía mundial ha crecido hasta más de 30 billones de dólares y en países donantes donde el PNB medio per cápita aumentó desde 20.900 dólares hasta 27.000 dólares durante el último decenio.

No cabe duda de que los recursos existen, pero se destina una escasa proporción de ellos a la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo del niño y son muy pocas las personas que comprenden las repercusiones que sobre todas las sociedades tienen las oportunidades perdidas en la primera infancia.

Cuando se asigna prioridad a la atención de los niños de corta edad, es mucho lo que puede lograrse. En los últimos 10 años se alcanzaron adelantos notables. Solamente la inmunización ha salvado las vidas de 2,5 millones de niños cada año. Con todo, las condiciones para plasmar cabalmente el potencial humano de esos niños siguen casi sin cambiar en las comunidades pobres.

Previo | Contenidos | Continuar
Página principal | Actividades del UNICEF | Series | Información y publicaciónes | Donaciones, tarjetas de felicitación y regalos | Para los medios de comunicación | La Juventud Opina | Sobre el UNICEF