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| Tiempo para sembrar | |
| Comentario: cuidado del niño en la primera infancia | |
Tiempo para sembrar |
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| Por Carol Bellamy * | |
Por fin estamos comprendiendo cuán enormes son las posibilidades de nuestros niños desde el momento de nacer, cuán bien preparados están los recién nacidos para sobrevivir, prosperar y aprender. Los niños dependen de nosotros, los adultos; nos fascinan, nos hechizan y exigen que les demos el tiempo, la crianza y la atención que parecen saber que necesitan. Cuando reciben lo que les es imprescindible, nos recompensan a lo largo de todo el camino, desde su primera sonrisa hasta la próxima generación. Los componentes básicos son bastante sencillos: los niños necesitan atención de la salud, nutrición saludable (haciendo hincapié en el amamantamiento), un ámbito seguro e higiénico y una interacción juguetona y afectuosa. Éste es el mínimo: no es nada extravagante ni exorbitante. No obstante, cuando cuentan con estas simples bases, los niños progresan y consiguen dejarnos estupefactos con sus logros, al llegar a dominar idiomas, artes, ciencias y otros aspectos complejos de la vida. Sin embargo, sólo desde hace poco hemos tomado conocimiento de hasta qué punto estamos dilapidando el talento de los niños. Hay un interesante acervo de conocimientos cada vez mayores que indican
hasta qué punto los años iniciales de la vida revisten
importancia absolutamente vital y sientan las bases para la supervivencia, el
desarrollo, la salud y los logros posteriores del niño. En esa etapa
inicial se desarrolla la red neural del cerebro, como resultado en gran medida
del estímulo y la atención que recibe un niño. Antes de
que un niño sano tenga dos años y medio, se han establecido
millones de vínculos neurales, conexiones de las que dependen en alto
grado el desarrollo físico, mental y cognoscitivo. |