Estado de Palestina

La pobreza infantil en medio del esplendor de la ciudad vieja de Jerusalén

Imagen del UNICEF
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Moussa y su hijo Mohammed (9 años) sentados en su apartamento de una habitación en el barrio musulmán del este de Jerusalén, un lugar densamente poblado en Cisjordania (Territorio Palestino Ocupado).

Por Catherine Weibel

JERUSALÉN ESTE, Territorio Palestino Ocupado, 18 de junio de 2012. Pocos de los turistas que visitan la amurallada ciudad vieja de Jerusalén saben que a varios metros de sus lugares santos emblemáticos, más allá del laberinto de callejuelas estrechas y empedradas y escaleras ocultas, miles de niños viven en una pobreza extrema.

Moussa, su esposa y sus cuatro hijos viven hacinados en una habitación oscura con una cúpula que han dividido en dos mediante un armario. Comparten la cocina y el baño con los familiares que viven en habitaciones separadas.

“Yo nací en la ciudad vieja y estoy orgulloso de ello, pero me gustaría salir de los muros mañana mismo si pudiera darme el lujo”, dijo Moussa, una opinión compartida por la mayoría de las familias que conocimos y que, según cuentan, se han quedado porque el alquiler de la vivienda es asequible.

El único sostén de la familia, Moussa, gana 4.300 sheqalim al mes (alrededor de 1.100 dólares estadounidenses), un dinero que apenas le permite llegar a fin de mes. Durante sus años de adolescencia, abandonó la escuela, consumió drogas, y espera que sus hijos no hagan lo mismo. “Quiero que vivan su infancia, pero la ciudad vieja no es un lugar acogedor para los niños”, dijo. “No tienen ningún lugar seguro para jugar, las escuelas están atestadas y se vende droga en cada esquina”.

El hijo de Moussa, Mohammed (9 años), muestra el sofá donde duerme por la noche, junto a sus hermanos y hermanas. “Mi sueño es tener mi propio dormitorio y algo de espacio”, dijo.

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Unas niñas juegan al baloncesto en Abna-Al-Quds, en el barrio musulmán del este de Jerusalén, un lugar densamente poblado en Cisjordania, Territorio Palestino Ocupado.

La pobreza en medio del esplendor de la ciudad vieja

La familia vive en el barrio musulmán, el más poblado de los cuatro barrios de la ciudad vieja de Jerusalén. Más de 20.000 palestinos viven hacinados en los centenarios edificios de piedra del barrio.

A pocas cuadras, Miassar y sus tres hijos también anhelan disponer de privacidad. La habitación húmeda donde viven sólo tiene una ventana que da a una pared, y comparten una cocina y un baño pequeños con los vecinos. Viven en la pobreza extrema desde que el marido de Miassar se convirtiera en adicto a las drogas y dejara de trabajar.

“Confío en los familiares para que me ayuden a alimentar a mis hijos”, dijo. “Varias veces, mi esposo se comprometió a dejar de tomar drogas y encontrar un trabajo, pero siempre vuelve a recaer”.

Mientras hablaba, Miassar ayudó su hijo Mohammed (9 años) a usar un inhalador para aliviar su asma, agravada por la falta de ventilación y la humedad de la habitación. Mientras tanto, su hija Lujayn (12 años) trataba de estudiar. “Para memorizar, leo mis lecciones en voz alta en la habitación, pero esto perturba a mis hermanos y hace que mi padre se enfade”, dijo en voz baja Lujayn.

Espacios amigos de los adolescentes

En el embrollo de piedras de la ciudad vieja hay pocos espacios abiertos donde los niños puedan encontrar un cierto grado de privacidad y liberar su energía juvenil. La única forma de escapar de su vida de clausura es Abna-Al-Quds, uno de los dos espacios acogedores para los adolescentes de la ciudad vieja, que reciben apoyo de UNICEF y están gestionados con fondos de la Comisión Europea.

Abna-Al-Quds, donde para llegar es preciso atravesar callejones laberínticos, ofrece un espacio abierto sorprendentemente amplio que se extendía a lo largo de la muralla de la ciudad vieja. Entrar en el espacio es como llegar a un sueño infantil: en cada esquina, los niños y las niñas corren alrededor, y ríen mientras juegan al fútbol, al baloncesto o al ping-pong en el jardín. En el espacio acogedor para los adolescentes también se ofrecen consejos sobre estilos de vida saludables y la prevención de las drogas.

“Ver a mis niños corriendo alrededor me da esperanza”, dijo Moussa. “Es una experiencia de la vida normal dentro de las murallas”.


 

 

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