Honduras

El objetivo de un programa respaldado por UNICEF se centra en la rehabilitación de antiguos pandilleros de Honduras

Por Marcos Gonzalez

TEGUCIGALPA, Honduras, 12 de octubre de 2011. Óscar (25 años) ha vivido buena parte de su infancia y adolescencia dentro de la Mara 18, una de las pandillas más grandes y violentas que operan actualmente en Honduras. Tenía apenas nueve años cuando abandonó la escuela y se unió a la mara. Al estar solo en el mundo, sus compañeros de pandilla se convirtieron en su familia.

VÍDEO: El de 'Roberto' es otro caso de un joven que un día decidió tatuarse y que hoy, sin quererlo, lo estigmatizan y le ligan a una de las organizaciones criminales más temidas de Honduras. UNICEF lo acompañó a su primera sesión en el proyecto 'Borrón y Vida Nueva' para deshacerse de esas marcas.

 

“Mis padres habían muerto", dijo. "Sentía que ellos me daban el afecto que necesitaba".

Delitos, prisión y libertad

Mientras ocupó su puesto en la mara, Óscar participó en tráfico de drogas, robos e incluso homicidios: una senda terrorífica que lo condujo ulteriormente a prisión, a la edad de 18 años.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Honduras / 2011 / González
Óscar y Brenda con su familia en su casa sita en el barrio de Nueva Jerusalén. Sus vidas cambiaron completamente el día en que decidieron abandonar las maras

Entre rejas y guiado por una fe firme y una convición religiosa, decidió abandonar la mara y comenzar una nueva vida, pero eso no era fácil.

“Cuando decido dejarlo, las cosas cambian", recuerda Óscar. "La mara ya no era mi familia y ya no había amor sino odio, un rechazo grande, desprecio, insultos y golpes".

Para permitirle abandonar el grupo, tuvo que soportar palizas diarias de sus antiguos "amigos". En ocasiones, las agresiones duraban más de siete horas pero Óscar lo aceptó como precio a pagar por su libertad.

“No resulta fácil tomar semejante decisión porque incluso pueden matarte", afirmó.

Borrón y vida nueva

Cuando intentó reintegrarse en la sociedad, Óscar afrontó muchos desafíos. Sin formación académica ni habilidades técnicas, sin el apoyo de la familia, además de sus tatuajes, recuperar el equilibrio fue difícil para él.

Óscar comenzó a participar en el programa "Borrón y vida nueva", gestionado por el Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social de Honduras, con varias ONG y respaldado por UNICEF. El programa posibilita a los antiguos pandilleros la eliminación de sus tatuajes. Además, los antiguos mareros reciben asistencia sobre alcohol y drogas, además de formación profesional.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Honduras / 2011 / Castro
El doctor Enoc Padilla emplea un aparato para eliminar los tatuajes de la piel.

Hoy quedan tan sólo pequeños rastros de tinta procedente de los tatuajes que otrora marcaban la espalda, brazos y piernas de Óscar.

“En el pecho tenía cuatro letras con mi apodo en la mara pero la maquina lo quemó todo", dijo. " Todavía quedan partículas pequeñas pero las quitaré pronto".

Ayudar a los demás

Hoy, la vida de Óscar se parece muy poco a sus años de adolescencia. Casado y con seis hijos, es voluntario en un programa de prevención de la violencia y las pandillas que brinda apoyo a otros jóvenes que también desean abandonar sus pandillas y cambiar sus vidas.


 

 

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