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Annalena Tonelli, una entusiasta colaboradora de nuestra ayuda humanitaria en Somalia

Imagen del UNICEF
© Jesper Strudsholm 2003

Nairobi (Kenya), 9 de octubre de 2003 – La colaboradora de ayuda humanitaria Annalena Tonelli murió tiroteada el 2 de octubre de 2003, en las instalaciones del hospital contra la tuberculosis que ella misma había fundado en Borama, en la zona noroccidental de Somalia. El edificio data de la época colonial, pero con la ayuda de sus amigos italianos y de su familia. La doctora Tonelli consiguió 20.000 dólares mensuales para mantenerlo en funcionamiento.

La doctora Tonnelli, que consiguió su doctorado en Derecho, dedicó más de 30 años de su vida al trabajo humanitario y colaboró estrechamente con los programas del UNICEF. Esta abogada italiana, de 60 años, fue una pionera del tratamiento de la tuberculosis en Kenya y Somalia, trabajó en la prevención y el control del VIH/SIDA a la vez que realizó campañas en pro de la erradicación de la mutilación genital femenina. Asimismo, administró una escuela de niños con discapacidad auditiva.

“Annalena era realmente una persona de gran visión y gran calidad humana, que puso su vida al servicio de otros, curando al enfermo y protegiendo al vulnerable”, manifestó el Representante del UNICEF en Somalia, Jesper Morch, que expresaba así el sentimiento de trágica pérdida que compartían los colegas de la doctora Tonelli.

“Cuando en una de sus últimas cartas hablaba de su petición de los medicamentos antiretrovirales que necesitaba para sus pacientes, decía: ‘¿Acaso estoy soñando?’ Y luego respondía a su propia pregunta diciendo: ‘Quizás, pero ¿cómo podría sobrevivir sin esperanzas y sin sueños?’”

“En mi reciente visita me sorprendieron los resultados de su trabajo en una serie de aspectos cruciales relacionados con la salud y los cambios de comportamiento. Para una persona sola, enfrentada a grandes retos en un lugar aislado y con un presupuesto mínimo, que dirigía un centro pionero de investigación sobre la tuberculosis, que proporcionaba ayuda en el control y prevención del VIH/SIDA, además de una campaña concertada para la erradicación de la mutilación genital femenina, sus logros son realmente fenomenales”.

La escritora y colaboradora del UNICEF, Maggie Black, entrevistó ampliamente a la doctora Tonnelli en junio de 2003. Al tener noticia de su asesinato, Black escribió una nota necrológica, que reproducimos aquí por cortesía de “The Tablet”, donde se publicó.

La muerte de nadie: Annalena Tonnelli (2.4.1943 – 5.10.2003)

En algunos lugares inhóspitos y desconocidos del mundo, personas poco corrientes persiguen su vocación entre los más pobres de los pobres. Annalena Tonelli, asesinada en el remoto Cuerno de África, era la más peculiar de todos.

La doctora Tonelli, que tenía 60 años en el momento de su muerte, trabajaba como independiente, con una humildad casi surrealista. La doctora era partidaria de que hubiera el menor número posible de barreras entre ella y aquéllos con los que vivía y trabajaba, compartiendo la misma comida que sus pacientes y viviendo en toda sencillez. Evitaba toda publicidad y solo accedió a recoger el Nansen Refugee Award, el 25 de junio, que entrega el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para llamar la atención del mundo sobre la crisis olvidada de Somalia.

La doctora Tonelli pasó 30 años de su vida atendiendo a enfermos de tuberculosis, personas desplazadas y marginados sociales entre los somalíes nómadas, primero en Kenya y más tarde en Somalia. Tenía grandes facultades de organizadora y con el tiempo se convirtió en una experta en el tratamiento de la tuberculosis, a pesar de que tenía solo formación de jurista. Su innovador tratamiento ambulatorio de la tuberculosis fue aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien prestó su ayuda al hospital de la doctora, de 250 camas dedicadas a pacientes tuberculosos, en Borama (Somalia) y también por el Ministerio de Sanidad.

El hospital era también el centro de una serie de programas de salud y sociales que apoyan el UNICEF, el ACNUR y Caritas Internacional, entre otras organizaciones. La doctora Tonelli colaboraba estrechamente con la comunidad y mantenía excelentes relaciones con los líderes religiosos musulmanes locales, de los que consiguió que transmitiesen mensajes sanitarios en sus plegarias de los viernes.

Hace dos años, la doctora Tonelli comenzó su campaña contra la mutilación genital femenina, práctica extendida aún hoy en Somalia. La doctora era respetuosa de la extrema sensibilidad que, ante una interferencia externa, suscita una práctica que forma parte de la tradición secular. En Borama, el equipo de tres personas que creó –un jeque, una matrona y una asistente social– ha conseguido persuadir a casi todos los que practican la circuncisión en ese lugar de que abandonen esa práctica y se dediquen en su lugar a otras profesiones.

Más recientemente, había comenzado a facilitar cuidados y a fomentar la prevención ante el VIH/SIDA. El hecho de que acogiera a estos pacientes, ella y su equipo, produjo la admiración de las autoridades somalíes por su trabajo. Sin embargo, algunos miembros de esa comunidad albergan mucha prevención ante los enfermos. En las zonas desérticas, las enfermedades que implican un riesgo vital pueden llegar a amenazar la supervivencia misma del grupo; en el pasado, las víctimas de dichas enfermedades sufrían aislamiento e incluso abandono. Para algunos, los programas de la doctora Tonelli implicaban un alto riesgo de contagio, lo que provocaba una gran hostilidad.

A pesar de su empeño en estar cerca de los más desfavorecidos, seguía siendo una extranjera, en una sociedad en que la familia y el clan ocupan un lugar central. En una ocasión, apedrearon su casa y la amenazaron de muerte porque una madre seropositiva y su hijo habían sido enviados en ambulancia a su hospital. Ahora, parece que un rencor similar hacia su cuidado de los enfermos estigmatizados ha podido conducir a su asesinato.

En muchos países africanos, los conflictos armados de origen étnico y religioso imponen en la actualidad altos niveles de riesgo a los trabajadores humanitarios. El año pasado, en Merca (Somalia meridional) una cooperante suiza, Verena Karrer, fue asesinada a tiros en las instalaciones donde había instalado un hospital y una escuela. Como en el caso de la doctora Tonelli, las razones de su asesinato siguen siendo desconocidas.

Aunque según ella misma era la persona más sencilla que pueda existir –“No soy nadie”, afirmó en una ocasión– la doctora Tonelli era extraordinaria.


 

 

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