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Jesper Morch: “El empleado con más suerte del UNICEF”

Poco después de ingresar en el UNICEF, en 1982, Jesper Morch fue acusado de ser agente de la CIA.

Morch era uno de los principales negociadores de parte del UNICEF en una reunión en Armenia, en 1986, en la que debía alcanzarse una declaración conjunta. “No nos dejamos manipular, y no cedimos a las presiones”, afirma. “En un momento dado, los soviéticos se quejaron al jefe de la delegación del UNICEF, Víctor Soler-Sala, de que tenían razones para creer que éramos agentes de la CIA con la misión de hacer fracasar la reunión. Víctor les leyó la cartilla y la reunión prosiguió”.

Fue una introducción instructiva a la política negociadora, en un momento de rápido aprendizaje de Morch. Su siguiente puesto fue de asesor en la creación de proyectos para los niños de la calle en América Latina. “Nunca aprendí tanto sobre la vida y el trabajo como en esos ocho meses”, señala. “Fue también entonces cuando decidí dedicar el resto de mi vida al UNICEF, en la esperanza de poder ser útil a los niños que se hallan en circunstancias difíciles, y eso a escala global y no tanto a nivel local... Me gusta pensar que fui uno de los que contribuyeron a cambiar un tanto el enfoque del UNICEF, de la supervivencia de los niños a un enfoque más amplio que engloba la protección de la infancia y eventualmente la participación de niños y niñas”.

Fomentar la confianza

Morch siguió trabajando para llevar a la práctica estos objetivos. Proporcionar confianza a diferentes grupos es un requisito previo de los proyectos de éxito sobre el terreno. El siguiente destino de Morch, en Indonesia, le proporcionó una lección directa sobre cómo puede lograrse.

“Elaboramos el proyecto Supervivencia para los niños junto a organizaciones no gubernamentales religiosas de todo tipo: musulmanas, budistas, hindús, católicas y protestantes. El objetivo era potenciar la supervivencia y el desarrollo infantiles a través de servicios religiosos y actividades fundamentadas en la fe”, explica. “Fue una iniciativa de primer orden, en parte porque llegó y consiguió movilizar a tantos indonesios, con la ayuda de las organizaciones citadas, y en parte porque contribuyó a fomentar lar confianza y el respeto mutuo entre organizaciones y religiones que de otro modo a penas llegaban a tolerarse”.

Otro momento importante de la carrera de Morch fue cuando recibió una llamada telefónica en la que le preguntaban si quería ser representante del UNICEF para Sudáfrica. “No había día en el que no aprendías algo nuevo”, afirma. “Y además te sentías parte de una lucha justa y noble para aliviar la pobreza y crear una Sudáfrica en la que todos los sudafricanos fuesen libres y tuviesen una vida digna”. Morch está particularmente orgulloso de su trabajo para asegurar las iniciativas de financiación de la lucha contra el VIH/SIDA en Sudáfrica, uno de los países más afectados por la pandemia”

En octubre de 2002, Morch fue nombrado representante del UNICEF en Somalia, una compleja zona geográfica de emergencia, desprovista de gobierno central o provincial y asolada por un conflicto armado crónico. “Tenía dudas”, admite. “Pero a los ocho meses de mi nombramiento me consideraba ya el tipo con más suerte de entre todo el personal del UNICEF... Somalia es un país fascinante, con un pasado del que se sienten orgullosos, un presente terrible y un gran potencial de futuro”.

“La calidad del trabajo del equipo del UNICEF en Somalia nos ha convertido en el organismo más importante del país. Sin nosotros prácticamente no habría ningún servicio básico”, añade Morch a la vez que alaba a sus colegas. “Todo puede hacerse. Todo se está haciendo. Y formar parte de ese proceso es lo máximo que uno puede pedir”.


 

 

Enlace

"A glimmer of hope for Somalia's battered people"

Artículo escrito por Jesper Morch, publicado en el International Herald Tribune, 7 diciembre 2004 (en inglés)

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