Quiénes somos

Françoise Gruloos-Ackermans: Mamá UNICEF

El gran muftí de las islas Comores, frente a la costa oriental de África, ha nombrado a Francoise Gruloos madre de todos los niños de la isla.

“Se autoinvitó a mi fiesta de despedida y comenzó a dar un discurso”, explica Gruloos, “¡Y en esas ordenó a todos sus seguidores que recen por mí como madre de todos los niños de Comores!”
 
Los niños que viven y trabajan en las calles del cercano Burundi, en el África central-oriental parece que comparten ese sentimiento. Gruloos estaba a cargo de un proyecto destinado a esos niños, en Bujumbura, capital de Burundi. Un día, mientras compraba el pan, hubo un gran alboroto repentino y vio que los niños de la calle corrían a esconderse. Y entonces oyó que uno de ellos decía a otro: “¡No le hagan daño, es mamá UNICEF!

Gruloos está tan orgullosa de ese título como de la naturaleza de su trabajo.
“Al pasar de una ONG, donde las acciones son más visibles, al UNICEF, donde buena parte de tu trabajo no se ve, me di cuenta del poder de nuestra organización. Negociamos y defendemos ante los responsables políticos el cumplimiento sostenible de los derechos de los niños”.

“Me di cuenta de lo vulnerables que somos”

Pero no todo son negociaciones o experiencias alegres. Gruloos era la responsable en Bujumbura de la coordinación de la ayuda humanitaria de la ONU después de la guerra de Burundi. Miles de familias desplazadas vivían en escuelas, en condiciones penosas. Gruloos no sabía por donde comenzar: ¿por el saneamiento?, ¿por intentar detener la epidemia de sarampión? ¿por dar prioridad a los programas alimentarios?

Cuando estaba estudiando directamente la situación junto a un colega ruandés se encontró a una madre que estaba intentando alimentar a sus cinco hijos, sentados todos a la intemperie en torno a un único plato. “Mi colega comenzó a llorar”, recuerda Gruloos. “La escena trajo a su memoria de repente la situación que vivió 25 años atrás, cuando él también era refugiado. Y entonces me di cuenta de lo vulnerables que somos. Ese día fue él, otro día podría ser yo”.

Gruloos es de la opinión de que esas reacciones humanas son importantes.

“Trabajamos con seres humanos y a veces poder llorar es esencial. Aun cuando trabajar en situaciones de emergencia tenga su compensación, nos afecta mucho personalmente. A veces sigo despertándome de noche con esa imagen de un niño en mis brazos que se está muriendo de desnutrición. Me siento responsable”.

Sentir esa responsabilidad plantea grandes demandas, en términos de tiempo, energía y pasión. Y no ha sido fácil para Gruloos, una mujer con cuatro hijos.

“Un día regresé muy tarde a casa y pasé por la habitación de mi hija de nueve años a darle un beso”, dice. “Estaba despierta, y me dijo: ‘Ojalá fuera yo también una niña de la calle para que me pudieras cuidar mejor y ser mi mamá UNICEF…’”

Afortunadamente, Françoise Gruloos, en la actualidad Representante del UNICEF en Haití, tiene suficiente pasión y energía –además de ese impresionante espíritu maternal– para seguir su camino.


 

 

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