Kenya

Los niños y niñas de una escuela en Kenya Central víctimas de la violencia sexual

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2007/Chinyama
Zola, Embajador de Buena Voluntad de UNICEF para África Oriental y Meridional, visita una escuela primaria en la localidad de Kiambu, en Kenya, cuyos alumnos y alumnas han sido víctimas de la violencia sexual.

Por Victor Chinyama y Julie Mwabe

NAIROBI, KENYA, 13 de marzo de 2007 – Zola, el famoso músico de hip-hop recientemente nombrado Embajador de Buena Voluntad de UNICEF para África oriental y meridional, creía que no le quedaba nada por ver. El artista, cuyo nombre oficial es Bonginkonsi Dlamini, nació y creció en Zola, un vecindario de la ciudad sudafricana de Soweto con elevadas tasas de criminalidad, donde conoció el hambre, la pobreza, la violencia y las armas de fuego.

Pero la semana pasada, cuando Zola puso pie en Kenya e inició su primera visita como embajador regional, tomó conciencia de que nada de lo que había visto y vivido durante su infancia lo había preparado para lo que estaban viendo sus ojos. En Kiambu, una zona cafetalera en Kenya central, a Zola se les escaparon las lágrimas al escuchar las historias de traiciones y violaciones sexuales de niñas y niños de la escuela primaria local, en algunos casos no mayores de seis años.

“Nadie se preocupa por nosotros”, se lamentaban los niños. “Las personas que deberían estar protegiéndonos nos violan, nos sodomizan y nos destruyen. No sabemos qué nos depara el destino. Eso es algo que sólo Dios sabe”.

Alumnos traumatizados

Hace dos años, una niña de nueve años a quien llamaremos Shiku fue víctima de una brutal violación sexual y posterior asesinato cuando regresaba de la escuela de Kiambu a su hogar. “Su hermano regresó de la escuela, pero ella no”, recuerda Anne, la madre de los niños. “Pensé que se había demorado jugando con sus amigas y amigos en la escuela, ya que era una niña muy divertida. Esperé y esperé, pero mi hija nunca regresó”.

Los equipos de rescate descubrieron el cuerpo de Shiku en una plantación de café cercana a la escuela. A pesar de que se detuvo a dos sospechosos contra quienes se presentaron cargos, ambos fueron puestos en libertad por “falta de pruebas”. Uno de ellos fue posteriormente linchado cuando se le acusó de haber participado en la violación de otro niño en la región. Anne, que se siente traicionada por el sistema judicial, reza por que algún día, por intervención divina, los culpables sean juzgados.

Lamentablemente, los alumnos y alumnas de la escuela a la que asistía Shiku continúan sufriendo la violencia. El año pasado se denunciaron las violaciones de ocho niñas y cuatro niños que fueron atacados en el trayecto entre sus hogares y la escuela. Las violaciones han dejado a los alumnos traumatizados y asustados cuando tienen que regresar solos a sus casas. Las autoridades escolares dicen que las plantaciones de café sirven de refugio a los criminales, y exhortan a los estudiantes a desplazarse en grupos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2007/Chinyama
Los alumnos y alumnas de la escuela primaria de Kiambu, en Kenya, han sufrido el acoso sexual de delincuentes que se ocultan en los bosques y las plantaciones de café.

Para poner fin al ciclo de abuso

Zola acusa a la sociedad de abandonar a esos niños y niñas. “Una sociedad que no protege a sus integrantes más vulnerables corre peligro de perder el alma”, afirma el cantante. “La violencia tiende a perpetuarse en ciclos cada vez más devastadores. Si no se le pone freno, puede destruir a las naciones”.

Zola agrega que para poner fin al ciclo de abuso y violencia es necesario analizar la manera en que se cría a los niños y cómo se les enseña a integrarse en la sociedad.

“La violencia masculina es un comportamiento adquirido”, afirma. “Cuando le enseñamos a los niños que son superiores a las niñas y convertimos a sus madres en víctimas de abuso y maltrato, estamos sembrando las semillas de la violencia. Los niños que hoy son víctimas del abuso mañana serán los victimarios”.

Acción contra la violencia sexual

Durante una actividad del Día Internacional de la Mujer, que se llevó a cabo como parte de la iniciativa “Pongamos fin a las violaciones ya” y que fue organizada la semana pasada por 10 organismos de las Naciones Unidas que se han unido para poner fin a la violencia sexual, las participantes afirmaron que las Naciones Unidas y sus aliados deben denunciar al unísono y de manera categórica la impunidad de la que disfrutan algunos culpables de violencia sexual.

Njoki Ndung’u, una destacada diputada de Kenya que abogó públicamente por la Ley sobre Delitos Sexuales hasta su aprobación definitiva el año pasado, afirmó que la única manera de poner fin a la violencia sexual consiste en sancionar normas jurídicas para combatirla de imponer castigos más severos a los culpables.

Dennis McNamara, que se desempeña como Asesor especial del Coordinador del Socorro de Emergencia de la Naciones Unidas para cuestiones relacionadas con los desplazamientos internos, afirmó que es necesario que las horrorosas historias sobre las agresiones sexuales en los conflictos se cuenten una y otra vez. “La violencia sexual”, añadió, “es un vergonzoso aspecto de la guerra. Y también es un aspecto vergonzoso de nosotros mismos, que hemos estado al tanto de esas atrocidades y no hemos hecho nada por combatirlas. El que hayamos estado familiarizados con ellas no justifica la falta de acción”.

Betty Murungi, Directora de Urgent Action Fund for Africa, una organización no gubernamental que se dedica ayudar a las mujeres a participar en los procesos judiciales de transición posteriores a los conflictos, exhortó a que se ponga fin a la marginación de los crímenes sexuales. “Cuando se trata de lograr que un sospechoso se declare culpable de otras crímenes de lesa humanidad”, afirmó, “la violación es el primer delito que se ofrece eliminar de la lista de acusaciones”.


 

 

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