Haití

Sobre el terreno con UNICEF tras el terremoto de Haití

Una sesión de preguntas y respuestas con Kent Page, Asesor Superior de Comunicación de UNICEF

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Khadivi
Enero de 2010. Kent Page, Jefe de Comunicación de la Oficina de UNICEF en Haití durante la fase inicial de respuesta del organismo internacional ante el terremoto, se mantiene en contacto mediante un teléfono de marca Blackberry con los medios de comunicación internacionales desde las oficinas de campaña del organismo humanitario. A sus espaldas, Françoise Vanni, Especialista en Comunicación.

NUEVA YORK, Estados Unidos, 9 de julio de 2010 – Kent Page partió de Nueva York a Puerto Príncipe el 20 de enero, apenas una semana después del terremoto que devastó las regiones más densamente pobladas de Haití y afectó profundamente la vidas de los niños más vulnerables de ese país caribeño. Page había solicitado una excedencia de su puesto en la sede de UNICEF en Nueva York durante un mes para desempeñarse como portavoz de prensa del organismo internacional en la capital haitiana.

Page, de nacionalidad canadiense, es un veterano experto en comunicación que trabajó para UNICEF en África Occidental y Central, Asia Central y América Latina. Durante su participación en misiones de las Naciones Unidas en Liberia y Rwanda en el decenio de 1990 y de UNICEF en el Afganistán en 2002, Kent  Page acumuló una amplia experiencia en materia de situaciones de emergencia.

Sin embargo, la crisis haitiana fue de una dimensión aún mayor de lo que había visto hasta entonces. Se trató también del desastre más luctuoso para las Naciones Unidas, que perdió más de un centenar de sus integrantes durante el sismo del 12 de enero. Pese a que ninguna de esas personas trabajaba para UNICEF, las oficinas del organismo resultaron gravemente dañadas. Cuando Page llegó a Haití, UNICEF llevaba a cabo sus operaciones de respuesta ante la crisis desde una tienda de campaña cerca del aeropuerto de la capital.

Seis meses después, los recuerdos de esas primeras semanas se mantienen muy vivos para los niños, niñas y familias damnificados por el temblor y para los trabajadores de socorro que les ayudaron. Tim Ledwith, editor del sitio Web de UNICEF, conversó con Kent Page sobre sus recuerdos de la situación inmediatamente después del terremoto. A continuación, los pasajes más importantes de esa charla.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Noorani
El personal nacional e internacional de la Oficina de UNICEF en Haití frente a la tienda de campaña en Puerto Príncipe, la capital haitiana, desde donde el organismo internacional coordinó sus operaciones a principios de este año.

¿Cuáles fueron sus funciones en el marco de la respuesta de UNICEF tras el sismo?
Kent Page: Viajé a Haití como jefe del equipo de comunicación de la situación de emergencia, que también integraba un par de oficiales de comunicación adicionales y que recibía apoyo de un equipo del Comité Nacional de Canadá pro UNICEF. Una de nuestras responsabilidades era tratar diariamente con los medios de comunicación internacionales para difundir información acerca de las labores de UNICEF en el terreno. Creo que trabajamos muy bien juntos, como equipo. Todos sabíamos lo que teníamos que hacer, y lo hicimos.

¿Cómo era el ambiente en que se desarrollaban las labores en ese entonces?
Trabajábamos en dos oficinas al aire libre instaladas en tiendas de campaña en la base logística de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). La base era muy amplia, y allí funcionaban los centros de operaciones de todas las organizaciones de las Naciones Unidas, lo que resultaba muy útil porque podíamos coordinar mejor nuestras operaciones. Teníamos mesas y escritorios, sillas y bancos, y también teníamos mucha energía… y mucho trabajo.

Mención especial merecen los integrantes haitianos del personal de UNICEF que, obviamente, habían sufrido en carne propia los efectos del terremoto. Uno de los conductores había perdido tres hijos. Otros habían perdido familiares, o se habían quedado sin hogar. Y a pesar de ello, habían vuelto a sus puestos, a trabajar sin descanso por los niños y niñas de Haití.

En ese entonces, la Oficina de UNICEF en la República Dominicana estaba a cargo de la coordinación de las labores logísticas y de suministro, tanto de las operaciones por tierra como de las aéreas, así como del personal que viajaba a Haití. Hay que tener en cuenta que esa oficina también tenía a su cargo sus propios programas de país. Pero a pesar de ello se hicieron cargo de las nuevas responsabilidades, que cumplieron de manera admirable.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/HTIA2010-00181/Ramoneda
Una niña camina entre los escombros de un edificio en Puerto Príncipe, la capital de Haití, poco después del terremoto del 12 de enero de 2010.

¿Vivían también en la base de MINUSTAH, donde trabajaban?

Sí, nos íbamos a dormir en nuestras tiendas de campaña a las 11 o 12 de la noche, y nos despertábamos a las 5:30, y trabajábamos todo el día. En realidad, durante el mes que estuve allí vivimos acampados. La base está ubicada al lado del aeropuerto de Puerto Príncipe, de manera que los aviones aterrizaban constantemente durante la noche a 75 o 100 metros de donde dormíamos. Estamos hablando de enormes aviones de transporte cargados de suministros de socorro. De manera que casi todo el personal andaba con sueño atrasado.

¿Puede describir la dimensión de los daños provocados por el terremoto que vio en los centros urbanos?

Sí, como no. En Puerto Príncipe y las otras ciudades más afectadas, como Jacmel y Léogâne, que son ciudades que tuve ocasión de visitar, algunas calles estaban tan destruidas como las que se ven en las imágenes de la Segunda Guerra Mundial. En otras calles se veían cinco edificios de pie y cuatro derrumbados, mientras que en otras más no se notaba ningún daño. Pero en general, la dimensión de la catástrofe fue inmensa. Cuando volé en helicóptero sobre Léogâne, pude ver que prácticamente toda la ciudad había quedado reducida a escombros. Y lo que se veía fuera de las ciudades era una población en situación desesperada.

¿En qué condiciones vivían las familias desplazadas albergadas en los asentamientos temporales?

En todos los espacios abiertos de Puerto Príncipe se formaron refugios provisorios. En todos los parques públicos se instalaron tiendas de campaña en el mejor de los casos, o se improvisaron refugios con láminas o bolsas de plástico o con pedazos de lona. Las condiciones de vida eran muy difíciles. Pero aún en esas circunstancias se podía ver, como se puede ver en todas las situaciones de emergencia, que los niños seguían siendo niños. Recuerdo haber visto niños jugando con cometas fabricadas con bolsas de plástico, jugando, como juegan los niños. Era maravilloso.

¿Cuál de las intervenciones de UNICEF cree usted que obtuvo los resultados más positivos para los niños en las etapas iniciales de la situación de emergencia?

En primer lugar, UNICEF suministró diariamente agua potable a casi un millón de personas en Puerto Príncipe, Jacmel y Léogâne. Sin duda, ésa fue una intervención fundamental.
Asimismo pusimos en marcha una campaña de inmunización de 500.000 niños y niñas contra el sarampión, el tétanos, la difteria, la tos ferina y la rubéola. Ésa fue una intervención de carácter preventivo, ya que dadas las deficientes condiciones sanitarias de los campamentos temporales de haberse producido brotes de sarampión la enfermedad se habría propagado de manera vertiginosa.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/HTIA2010-00088/Ramoneda
Unos estudiantes haitianos, cuya escuela se derrumbó en el terremoto del 12 de enero, caminan delante de una tienda de campaña utilizada a modo de escuela temporal con el apoyo de UNICEF en Puerto Príncipe.

Y distribuimos tiendas de campañas que se usaron como aulas escolares. El terremoto destruyó o dañó seriamente unas 5.000 escuelas en Haití, de manera que el suministro de esas escuelas en una tienda de campaña tuvo gran importancia.

Treinta días después del terremoto pudimos inaugurar la primera aula en una tienda de campaña, en una apartada aldea en la cima de una colina que domina Puerto Príncipe. La escuela estaba repleta, y los padres y madres traían a sus hijos de la mano. Ésa fue la primera escuela que volvió a funcionar en la zona afectada por el terremoto, de manera que los habitantes se sentían muy orgullosos de volver a ver a los niños en la escuela, como se sentiría cualquier persona en su lugar. La reanudación de la vida escolar de los niños también fue muy importante porque les dio la oportunidad de jugar e interactuar con otros niños, y de aprender y recuperar ciertas rutinas cotidianas y una sensación de normalidad.

¿En qué situación se encontraban los niños y niñas que habían quedado huérfanos o separados de sus familias?

Desde un principio colaboramos con nuestros aliados en las labores de localización y reunificación de las familias. Mientras estuve allí, logramos reunir a un buen número de niños y niñas con sus familias.

Recuerdo a un niño que había sufrido lesiones al derrumbarse su casa, de manera que fue llevado a un hospital para que recibiera tratamiento médico de emergencia. Pero en el hospital no se le podía atender, y como la vida del niño corría peligro, se le llevó al USNS Comfort [un buque hospital de la Marina de Guerra de los Estados Unidos que cumplía una misión de socorro en Haití]. Como los padres del niño no sabían adónde le habían llevado, supusieron lo peor, que su hijo había muerto.

Mediante nuestro programa de localización de familias, sin embargo, logramos reunir al niño con sus padres. Tuvimos oportunidad de presenciar esa reunión. También estaba allí Anderson Cooper, el periodista de la cadena estadounidense CNN, que filmó el acontecimiento. Se trató de un momento muy emocionante. Aprovecho para felicitar al equipo de protección de la infancia de UNICEF, así como a los equipos de otras organizaciones que hicieron posible ese reencuentro y que siguen reuniendo a las familias con sus hijos. Hace bien recibir buenas noticias en situaciones desesperadas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010
Kent Page durante una entrevista televisiva frente a la oficina de campaña de UNICEF en Puerto Príncipe.

¿Vio algún indicio de episodios de trata de menores durante el mes que pasó en el terreno?

Antes del terremoto se calculaba que anualmente unos 2.000 niños y niñas haitianos eran objeto de la trata de menores. Y se podría suponer que ese número aumentaría debido al caos desatado por el terremoto, que dejó huérfanos o separados de sus padres a muchos niños.

Eso se debe a que los tratantes de niños de Haití no son aficionados, sino que forman parte de redes internacionales de criminales profesionales. Saben perfectamente bien qué es lo que están haciendo, y podría decirse que debido al terremoto su mercado creció notablemente.

Por todo eso tomamos de inmediato una serie de medidas en colaboración con el gobierno y nuestros aliados. Difundimos mensajes radiales para advertir a la población acerca del peligro de los tratantes de niños. Le explicamos al personal de los hospitales que si recibían niños heridos o lesionados sin acompañantes adultos y alguien se presentaba luego a recogerlos debían exigir documentos que demostraran la relación con el niño. UNICEF también colaboró con la capacitación de la brigada de protección de la infancia de la Policía Nacional haitiana, que vigilaba los aeropuertos y puestos fronterizos.

¿Puede hacer una comparación de la situación en Haití con otras situaciones de emergencia que haya conocido?

He trabajado en diversas situaciones de emergencia complejas, como las de Afganistán, Rwanda, Angola, Liberia y varios puntos de África occidental. La de Haití, sin embargo, fue una situación de emergencia extraordinaria por diversas razones. Por ejemplo, tuvo lugar en el país más pobre del hemisferio occidental, y principalmente en un entorno urbano. Pese a que el terremoto duró entre 35 a 45 segundos solamente, en pocos instantes un millón y medio de niños y niñas comenzaron a sufrir las consecuencias de manera muy directa. Muchos niños resultaron heridos, muchos niños murieron, muchos niños quedaron separados de sus progenitores. El sismo generó necesidades inmensas de manera instantánea.

Otro aspecto importante es que Haití se encuentra a una hora y media en avión de Miami y a cuatro horas de Nueva York, de manera que la atención de los medios de comunicación fue inmediata, intensa y en masa. Yo creo que esos medios de difusión realizaron una magnífica tarea en lo que se refirió a mostrarle al mundo las cuestiones y desafíos que afrontaban y afrontan los niños haitianos.

¿Recuerda algún episodio en particular que ponga de relieve la capacidad de recuperación del pueblo haitiano?

Sí, recuerdo uno muy especialmente. Recuerdo que estábamos conversando con una niña que debía tener unos 11 años de edad, y le preguntamos si quería regresar a la escuela. Ella respondió que sí, y le preguntamos por qué. “Porque mi país está roto”, respondió, “y quiero arreglarlo”. Creo que esa respuesta resume perfectamente la fortaleza de espíritu de los niños y niñas de Haití.


 

 

Búsqueda