Nutrición

¿Qué importancia tiene la nutrición?

Imagen del UNICEF
© UNICEF/ HQ00-0175/ Pirozzi
Lecencia, una niña de 15 meses cuyo cabello se ha vuelto rojo como consecuencia de la desnutrición grave, ingiere los alimentos que su madre le da con una cuchara, en la provincia de Gaza, Mozambique.

Los efectos nocivos de la desnutrición pueden pasar de generación en generación, pero lo mismo sucede con los beneficios de una nutrición adecuada. Dar a los niños  un buen comienzo en materia de nutrición tiene consecuencias positivas de por vida tanto en lo que se refiere al desarrollo mental y físico como al desarrollo social.

La desnutrición debilita el sistema inmunológico, lo que aumenta la propensión a contraer enfermedades, además de agravar esas enfermedades y dificultar la recuperación. A su vez, los niños enfermos pueden desnutrirse velozmente. Ese círculo vicioso se puede interrumpir mediante la lactancia adecuada a la edad de cada niño, así como mediante el consumo de alimentos complementarios nutritivos y una atención médica adecuada.

La nutrición materna

En materia de nutrición, el futuro de los niños  comienza antes de la concepción, con el estado nutricional de la madre inmediatamente antes del embarazo. Las madres que padecen desnutrición crónica son más propensas a tener hijos con bajo peso al nacer, quienes pueden tener un crecimiento deficiente en la niñez y, al llegar a la edad de procrear, dar a luz hijos desnutridos. Las mujeres mayores de 18 años que se encuentran en buen estado nutricional tienen muchas más probabilidades de sobrevivir el embarazo y de tener hijos e hijas que crezcan sanos.

Al eliminar la desnutrición materna se puede reducir hasta en un tercio la tasa de discapacidades de los lactantes. Por ello es importante que las mujeres embarazadas descansen lo suficiente y consuman alimentos variados con micronutrimentos esenciales.

Los primeros tres años de vida: la alimentación de los lactantes y los niños de corta edad

El período que transcurre desde la concepción hasta los tres años de edad es una etapa de crecimiento rápido y representa una oportunidad única de brindar a los niños y niñas las sólidas bases nutricionales e inmunológicas que necesitarán para el resto de sus vidas. En esta etapa se forman la sangre, el cerebro, los huesos y la mayor parte de los órganos y tejidos, así como el potencial físico e intelectual de cada persona. Muchos de los daños que provoca la desnutrición durante los primeros tres años de vida son irreversibles. Por este motivo, la prevención tiene una importancia fundamental.

Si la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses se aplicara con todos los lactantes del mundo, se salvarían anualmente unos 1,3 millones de vidas, y muchos millones más de niños y niñas se verían beneficiados en términos de salud, inteligencia y productividad. La leche materna es el alimento perfecto, dado que contiene todos los nutrientes y micronutrimentos que necesitan los lactantes para su crecimiento normal durante los primeros seis meses de vida.

Asimismo, la lactancia estimula el sistema inmunológico y potencia la respuesta del organismo a las vacunas. La leche materna también contiene cientos de células que mejoran la salud: proteínas, grasas, hormonas, enzimas y otras sustancias que no se encuentran en ningún otro alimento.

Los lactantes que son amamantados en los primeros meses de vida tienen como mínimo seis veces más probabilidades de sobrevivir que los que no lo son, ya que la leche materna contiene células y anticuerpos que combaten las infecciones, así como sustancias que protegen la membrana mucosa del sistema gastrointestinal y del tracto respiratorio. Por esa razón, la leche materna protege a los lactantes de las enfermedades diarreicas y de las infecciones de las vías respiratorias superiores. (Estado Mundial de la Infancia, 1998) La lactancia exclusiva también puede reducir las probabilidades de que la madre infectada con el VIH contagie el virus a su hijo o hija.

Después de los seis meses, el lactante debe recibir alimentos complementarios ricos en contenido nutricional con las vitaminas, los minerales, las proteínas y los carbohidratos adicionales que necesita para crecer.

Los micronutrimentos esenciales

El consumo de cantidades minúsculas de ciertos minerales, vitaminas y oligoelementos puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte durante el embarazo y la niñez. Los micronutrimentos (en especial el hierro, la vitamina A, el yodo y el ácido fólico) son de vital importancia para el desarrollo de los niños, así como también para la supervivencia de la madre durante el embarazo y el alumbramiento.

La vitamina A es esencial para el funcionamiento del sistema inmunológico. La carencia de vitamina A  provoca la ceguera y aumenta la vulnerabilidad de los niños  ante las enfermedades mortales de la infancia, como el sarampión, la diarrea, el paludismo y la neumonía. El aumento de la ingesta de vitamina A en las poblaciones con carencia de la misma puede reducir en un 25% el número de muertes infantiles causadas por dichas enfermedades. Asimismo, la vitamina A ayuda a prevenir la mortalidad materna y puede disminuir la tasa de transmisión del VIH de la madre al hijo.

El yodo es un nutriente necesario para el funcionamiento adecuado de la glándula tiroides, que regula el crecimiento y el metabolismo. La carencia de yodo es la causa principal de lesiones cerebrales y problemas de aprendizaje prevenibles. Los efectos más nocivos de la carencia de yodo afectan al cerebro del feto durante el embarazo. Para prevenir las enfermedades conocidas colectivamente como trastornos causados por la carencia de yodo basta con consumir una cucharadita de yodo repartida en cantidades minúsculas y en lapsos periódicos durante toda una vida.

El organismo necesita hierro para producir hemoglobina (la proteína portadora de oxígeno que se encuentra en los glóbulos rojos) y varias enzimas esenciales para el funcionamiento de los músculos, el cerebro y el sistema inmunológico. Las necesidades diarias de hierro aumentan durante la menstruación, el embarazo, la lactancia y las fases de mayor crecimiento de las personas. El consumo de suplementos de hierro y ácido fólico durante el embarazo ayuda a prevenir la anemia, que aumenta el peligro de hemorragias y sepsis (infección bacteriana aguda) durante el alumbramiento y está relacionada con el 20% de las muertes maternas. El ácido fólico es un tipo de vitamina B necesario para la formación de glóbulos rojos, y esencial también para el desarrollo de las células nerviosas en el embrión y el feto.


 

 

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