Nutrición

La protección del derecho a la nutrición en las situaciones de emergencia

La protección del derecho a la nutrición en las situaciones de emergencia

META: Prevenir la mortalidad maternoinfantil y restaurar los programas y los servicios básicos de salud.

 “El UNICEF no realiza intervenciones únicas. Por lo general, ya cuenta con un programa en curso dentro de cada país y posee su propio plan de emergencia. El desafío consiste en averiguar qué clase de apoyo adicional se necesita en cada situación sin perder de vista la meta de crear o fortalecer a largo plazo programas de nutrición eficaces y sostenibles.” – Dra. Marjatta Tolvanen, Oficial de Proyectos del UNICEF, Nutrición en situaciones de emergencia

Imagen del UNICEF
© UNICEF/ HQ03-0051/ Noorani
En un mercado de Bagdad, en el Irak, se expone la ración mensual de alimentos por persona que contienen las “canastas de productos alimentarios”.

El desafío

En el decenio de 1990 se elevó de manera pronunciada la cantidad de conflictos armados y desastres naturales. Hoy en día hay 35 millones de refugiados y desplazados en todo el mundo, el 90% de los cuales son mujeres y niños. 

La desnutrición infantil aumenta de forma considerable durante las situaciones de emergencia, y sus efectos mortales son más veloces. En los casos de conflictos armados o desastres naturales, las muertes infantiles no son en su mayoría consecuencia directa de ellos sino que resultan de la escasez de alimentos, de la carencia de agua potable, de la atención médica insuficiente y de las deficiencias en materia de saneamiento e higiene. La gran mayoría de las niñas y los niños afectados acaban muriendo de sarampión, diarrea, infecciones respiratorias y desnutrición grave.

Durante las emergencias es fácil que se presenten carencias de micronutrientes, o que esas carencias empeoren si ya existen. Esto se debe a la pérdida de las cosechas y los medios de subsistencia; al desabastecimiento de los productos alimentarios; a las enfermedades diarreicas, que llevan a la pérdida de nutrientes y a la malabsorción, y a las enfermedades infecciosas, que suprimen el apetito, a la vez que aumentan la necesidad de micronutrientes para combatir la enfermedad. 

La solución

Cuando se produce una emergencia, la principal prioridad del UNICEF consiste en prevenir la muerte y la desnutrición de las personas afectadas, en especial de las más vulnerables, como la población infantil, las embarazadas y las madres que amamantan a sus hijos. El UNICEF evalúa las necesidades nutricionales y sanitarias de los sectores afectados, proporciona micronutrimentos esenciales, brinda su apoyo a los centros de alimentación terapéutica para los niños y niñas que padecen desnutrición grave, entrega alimentos para los huérfanos y procura que los lactantes sean bien alimentados, especialmente con leche materna. Gracias a su gran capacidad de distribución y a su presencia en todas las zonas críticas, el UNICEF puede garantizar la entrega rápida de alimentos y otros suministros de socorro.

Para obtener la dosis diaria recomendada de micronutrientes, los alimentos se suelen enriquecer con estas sustancias. Sin embargo, los alimentos enriquecidos muchas veces no satisfacen las necesidades de ciertos subgrupos vulnerables desde el punto de vista nutricional, como las mujeres embarazadas, las mujeres lactantes y los niños y niñas de seis a 59 meses de edad. Para solucionar este problema, la OMS y UNICEF desarrollaron un suplemento de micronutrientes múltiples para consumo diario, que corresponde a la ingesta de nutrientes recomendada para esos subgrupos vulnerables. En marzo de 2006, la Organización Mundial de la Salud, el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF emitieron una Declaración Conjunta para Prevenir y Controlar la Carencia de Micronutrientes en las Poblaciones Afectadas por Emergencias, cuyas directrices se están definiendo actualmente. La División de Suministros de UNICEF está actualizando las especificaciones de los productos existentes e identificando aquellos que podrían ser útiles para los países en caso de presentarse una emergencia.

El UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) colaboran con el objetivo de fortalecer y mantener la capacidad de los hogares de satisfacer sus propias necesidades básicas en materia de alimentación, cuidado de los menores y las mujeres, atención médica y servicios de agua y saneamiento. En cuanto a las necesidades alimentarias, existen tres clases de intervenciones, a saber:

La primera consiste en la distribución general de alimentos que realiza el PMA. La segunda es la asistencia alimentaria dirigida a las embarazadas, las madres que amamantan a sus hijos y los menores de cinco años en los casos de conflictos armados y desastres naturales prolongados. Y la tercera es la intervención médica: la alimentación terapéutica que se emplea, por ejemplo, en los casos de desnutrición aguda como el marasmo, cuando el niño o la niña presentan una atrofia grave, o el síndrome conocido como kwashiorkor, en que el paciente presenta una inflamación peligrosa de la cara, los pies y las extremidades debido a la falta de proteínas.

“Considero que la alimentación terapéutica es como nuestra última oportunidad de alcanzar un tren que perdimos con anterioridad. En muchos países, la situación es grave de por sí, sin que haya situaciones de emergencia y, cuando éstas ocurren, generan circunstancias que ponen en peligro las vidas”. – Dra. Marjatta Tolvanen, Oficial de Proyectos del UNICEF, especialista en nutrición en situaciones de emergencia

Los casos de desnutrición aguda deben tratarse en establecimientos sanitarios donde el paciente permanezca internado, ya se trate de hospitales, centros de salud o centros de alimentación terapéutica. Tras recuperarse de la desnutrición grave, las niñas y los niños afectados requieren apoyo especial de la comunidad para continuar creciendo con normalidad.

El UNICEF tiene una presencia establecida en la mayoría de los países y, por lo tanto, cuenta con la posibilidad de aunar los esfuerzos de la comunidad internacional, los gobiernos de cada nación y las organizaciones no gubernamentales en pro de la protección del derecho a la nutrición y los demás derechos del niño. Asimismo, el UNICEF colabora con todos los interesados en la creación de programas innovadores que abran el camino a la rehabilitación y la reconstrucción.

La situación en diversos países

En 2002, la mitad de la población infantil del Afganistán ya sufría desnutrición después de más de diez años de conflictos armados, sequías y atención médica deficiente. Se calculaba que la tasa de mortalidad de menores de cinco años era de 257 cada 1.000 nacidos vivos, es decir, alrededor de uno de cada cuatro menores. El UNICEF realizó labores para reducir la tasa de mortalidad infantil y prevenir los futuros casos de desnutrición mediante programas de alimentación terapéutica y complementaria, encuestas de nutrición y programas de educación.

Entre mayo y agosto de 2002, el estado nutricional de los menores de cinco años se deterioró en Zimbabwe debido a la combinación de las sequías, la epidemia de VIH/SIDA y la inestabilidad política. El UNICEF llevó al país un suplemento alimentario llamado UNIMIX, que posee un alto contenido de proteínas y está enriquecido con vitaminas y minerales. Ese suplemento fue suministrado a los menores de cinco años, a las embarazadas y a las madres que amamantan a sus hijos. Asimismo, el UNICEF entregó balanzas y tablas de medición de talla, que se emplearon para evaluar los efectos del plan de alimentación complementaria en el estado nutricional de los beneficiarios.

En diciembre de 2002, millones de niños y niñas se encontraban expuestos a la desnutrición y a diversas enfermedades debido a una sequía en el Cuerno de África. El UNICEF envió suministros de socorro por vía aérea para complementar los programas humanitarios que ya funcionaban en la región. En Etiopía y Eritrea, cientos de niños y niñas que sufrían desnutrición aguda recibieron atención en los centros de alimentación respaldados por el UNICEF. Asimismo, se llevó a cabo una campaña de suministro de vitamina A y vacunas contra el sarampión que benefició a 600.000 niños y niñas de la región de Afar, en Etiopía.

La nutrición de las madres y el bajo peso al nacer

OBJETIVOS: Reducir por lo menos un tercio la tasa de mortalidad materna para 2010. Reducir por lo menos un tercio la tasa de bajo peso al nacer para 2010, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y niñas en materia de nutrición.

"Una mujer que da a luz tiene un pie en la tumba" – Expresión popular filipina

El desafío

El futuro nutricional de cada niño o niña comienza en realidad con el estado de nutrición de su madre durante la adolescencia y el embarazo. El bajo peso al nacer se debe al estado deficiente de salud y nutrición de la madre y al desarrollo inadecuado del feto. Los cálculos más recientes sugieren que en el mundo nacen anualmente unos 18 millones de niños y niñas con bajo peso al nacer (menos de 2,5 kg), lo que representa el 14% del total de niños nacidos vivos. La vasta mayoría de esos niños, 11 millones, nace en Asia Meridional, mientras que otros 3,6 millones nacen en África subsahariana. Esos lactantes pueden sufrir infecciones, el debilitamiento de sus sistemas inmunológicos, problemas de aprendizaje, desarrollo físico deficiente y, en los casos más graves, la muerte poco después de nacer.

Las madres que sufren desnutrición crónica desde la juventud tienden a dar a luz niños con peso inferior al normal, lo que perpetúa el ciclo intergeneracional del problema. Entre los factores agravantes durante el embarazo pueden figurar los regímenes inadecuados, la falta de descanso, el consumo de tabaco, las infecciones, las prácticas culturales que desalientan el aumento de peso de las embarazadas y el trabajo físico intenso o prolongado. Otro aspecto de gran importancia es la edad de la madre o la frecuencia con que queda embarazada. La frase que resume las razones por las que los embarazos pueden ser peligrosos es "demasiado joven, demasiado vieja, embarazos excesivos o demasiado frecuentes".

La Cumbre Mundial en favor de la Infancia de 1990 estableció como objetivos para el decenio siguiente la reducción de la mortalidad materna a la mitad y de la anemia por deficiencia de hierro en las mujeres en una tercera parte. Hasta la fecha, los avances logrados con respecto a la conquista de esos objetivos han sido mínimos. Unas 515.000 mujeres siguen muriendo anualmente durante el embarazo y el alumbramiento. Hasta un 50% de las mujeres embarazadas sufre anemia por carencia de hierro, un problema que podría ser la razón de hasta un 20% de las muertes maternas. Si se eliminara la desnutrición de las madres se podrían reducir en casi una tercera parte las tasas de discapacidad de sus hijos lactantes.

La ingestión insuficiente durante el embarazo de otros micronutrimentos como la vitamina A, el yodo, el ácido fólico y el zinc también tiene profundos efectos tanto para la madre como para el feto. La carencia de vitamina A es una de las causas de la mortalidad materna. La ingestión insuficiente de ácido fólico durante los primeros meses del embarazo puede ser causa de defectos congénitos del tubo neural, como la espina bífida. Asimismo, aumenta las probabilidades de que el niño nazca con peso inferior al normal y que la madre muera. La carencia de yodo aumenta el riesgo de mortalidad fetal tardía y de aborto espontáneo, y puede causar graves problemas de aprendizaje a los niños y niñas sobrevivientes. La carencia de zinc puede tener como resultado la prolongación del trabajo de parto, aumentando así las probabilidades de muerte de la madre y de desarrollo fetal insuficiente.

La solución

Una de las principales maneras de reducir la incidencia del bajo peso al nacer y de la mortalidad materna consiste en mejorar la situación social y el estado nutricional de las mujeres y niñas. La discriminación de las mujeres incrementa las probabilidades de desnutrición, lo cual explica las elevadas tasas de desnutrición y bajo peso al nacer que se registran en Asia Meridional, donde las mujeres no cuentan con acceso a la educación y tienen bajos niveles de empleo.

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Debido a que la madre es un componente vital del vínculo nutricional madre-lactante, o díada. Brindar apoyo al amamantamiento no sólo significa atender al lactante sino también a la madre, ya que de su nutrición depende su estado de salud, su nivel de energía y su bienestar general.

Toda madre lactante debería consumir diariamente unas 500 cal más que las que ingería antes del embarazo. Lo mejor es que esas calorías provengan de un régimen alimentario normal y saludable que contenga adecuadas cantidades y variedades de proteínas, vitaminas y minerales. Se recomienda el consumo de alimentos ricos en hierro, calcio, vitamina A y ácido fólico, además de sal yodada. No es necesario que las madres consuman alimentos especiales o costosos.

En otras palabras, la madre necesita una porción suplementaria de los mejores alimentos que consuma el resto de la familia, como cuando estaba embarazada. Es necesario que la madre disfrute de esa alimentación durante los dos años que dure el amamantamiento y no sólo durante los primeros meses.

Las madres que sufren desnutrición moderada continúan produciendo leche de buena calidad, en todo caso de mejor calidad que los sucedáneos de la leche materna. Si sufren desnutrición grave, podría disminuir la cantidad de leche que les pueden suministrar a sus hijos. En ambos casos, por el bien de la salud de la madre y del lactante, es mejor y más seguro que la madre reciba alimentación adecuada y que se le ayude de esa manera a que siga amamantando.

Cuando se disponga de cantidades limitadas de suplementos de alimentos o vitaminas, es más recomendable dárselos a las madres que amamantan que a los lactantes. De esa manera se mejora la salud y el bienestar de la madre y se garantiza que su leche contenga vitaminas adecuadas y suficientes, protegiéndose as al lactante de los peligros de los alimentos artificiales.

La ingesta alimentaria de la madre generalmente no afecta la cantidad de leche que produce diariamente. Su estado nutricional antes y durante el embarazo influye en el contenido de la leche materna, aunque esa influencia por lo general sólo es marginal, ya que el organismo de la madre funciona de manera tal que la leche que produce recibe las vitaminas y minerales de los que disponen el cuerpo materno. Si la madre está preocupada por saber si le suministra suficiente leche a su hijo o hija, la manera de comprobarlo es asegurándose de que el lactante orine de cinco a siete veces por día y que su materia fecal tenga la consistencia adecuada a su edad y tipo de alimentación. La madre debería saber que sí recibe cantidades suficientes de los alimentos disponibles, si puede aumentar la variedad de los mismos e incrementar la frecuencia con que amamanta a su hijo es posible que su organismo produzca más leche.

UNICEF brinda apoyo a la nutrición materna en diversos aspectos. Uno de ellos es la Iniciativa de Prevención del Bajo Peso al Nacer, que lleva a cabo estudios experimentales sobre el suministro de micronutrimentos múltiples a las mujeres embarazadas. La iniciativa se pondrá en práctica de manera experimental en 11 países (el Pakistán, la India, Bangladesh, el Nepal, Indonesia, Filipinas, Vietnam, China, Tanzania, Madagascar y Mozambique). Esos estudios complementarán la Iniciativa de atención de las mujeres y los niños de UNICEF, que se concentra en la educación, la carga de trabajo, la salud física, el estado nutricional, el bienestar emocional y la salud reproductiva de las mujeres, así como la atención de las mismas durante el embarazo y la lactancia.


 

 

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