Nutrición

¿Cuáles son los retos?

Imagen del UNICEF
© UNICEF/ HQ97-0359/ Balaguer
En el pueblo de Churitaca, Bolivia, un grupo de niños y niñas de corta edad esperan en fila con su taza en la mano para que los visitadores del UNICEF les entreguen sus raciones de pan y leche enriquecida.

En materia de nutrición, el UNICEF y otras entidades que colaboran con este organismo se han propuesto alcanzar la meta de reducir al menos un tercio la tasa de desnutrición entre los menores de cinco años para 2010, con especial atención a los niños y niñas menores de dos años.

La buena noticia es que en el decenio de 1990 la tasa de desnutrición infantil descendió del 32% al 28% en los países en desarrollo, e incluso en ocho de esas naciones los niveles de desnutrición infantil disminuyeron en un 25% o más. Entre ellas, Bangladesh, China, Indonesia, México y Vietnam.

En la Cumbre también se fijó la meta de eliminar la carencia de vitamina A y yodo para el año 2000. En este sentido, el enriquecimiento de los alimentos y el suministro de suplementos han posibilitado avances considerables. La tasa de hogares de los países en desarrollo donde se consume sal yodada aumentó de un 20% en 1990 a más de un 70% en la actualidad. La mitad de los niños y niñas del mundo reciben suplementos de vitamina A, lo que hace posible que se salven unas 300.000 vidas por año.

El apoyo que se brindó al amamantamiento y la alimentación complementaria en la Cumbre Mundial se reiteró 11 años más tarde en la Sesión Especial a favor de la Infancia, en la que se exhortó a "proteger, fomentar y apoyar el amamantamiento exclusivo de los lactantes durante seis meses y continuar la lactancia materna complementada con una alimentación sana y adecuada hasta los dos años de edad o más".

Sin embargo, casi la mitad de la población infantil de Asia Meridional sigue afectada por la desnutrición, mientras que ha aumentado el total de niñas y niños desnutridos en África subsahariana y no se ha modificado la tasa de mortalidad materna durante el embarazo y el alumbramiento no se ha modificado. Como es evidente, todavía persisten diversos desafíos de gran importancia.

La nutrición y la atención insuficiente de las madres

“Por lo general, la desnutrición es mucho menos generalizada en los sitios donde las mujeres controlan los recursos familiares. Allí donde las mujeres son oprimidas y no son tratadas como iguales, suele haber más desnutrición.” – Roger Shrimpton, Asesor Superior de Nutrición de Helen Keller International, una ONG que colabora con el UNICEF.

Las desventajas jurídicas y sociales que padecen las mujeres, así como la nutrición materna deficiente, la atención prenatal inadecuada y la carga desproporcionada de labores físicas que deben soportar las madres, son algunos de los factores que más obstaculizan el mejoramiento del estado nutricional de la población.

Cuando la discriminación de las mujeres es generalizada, también lo es la nutrición deficiente, independientemente del grado de crecimiento económico. Dos terceras partes de los 150 millones de niñas y niños desnutridos del mundo viven en Asia. En la zona meridional de dicho continente se registran anualmente unos 11 millones de casos de bajo peso al nacer (menos de 2.500 gramos), mientras que en África subsahariana se registran otros 3,6 millones. El acceso limitado de las mujeres a la educación y al empleo es una causa importante de las elevadas tasas de desnutrición infantil y bajo peso al nacer en Asia meridional.

En mayo de 2002, durante el Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Infancia, se establecieron, entre otras, dos metas: la de reducir a la mitad la tasa de mortalidad materna y la de disminuir un tercio los niveles de anemia por carencia de hierro en las mujeres, tomando como referencia las tasas de 1990. Sin embargo, se han verificado muy pocos avances hacia el logro de estas metas. Anualmente, mueren unas 515.000 mujeres durante el embarazo y el alumbramiento. [Estado Mundial de la Infancia, 2002] Al morir la madre de un recién nacido, se reducen notablemente las probabilidades de que el niño o la niña sobreviva. Hasta el 50% de las mujeres embarazadas padecen anemia por carencia de hierro, lo que puede ser causa de nacimiento prematuro o bajo peso al nacer de sus bebés. Esos lactantes, a su vez, no cuentan con reservas suficientes de hierro y, por lo tanto, son más propensos a contraer infecciones, tener un sistema inmunológico debilitado, presentar problemas de aprendizaje, no alcanzar un desarrollo físico adecuado y, en los casos más graves, morir.

Una mejor alimentación para los lactantes y los niños y niñas de corta edad

“El problema principal no consiste en iniciar la lactancia materna, ya que más del 90% de las mujeres amamantan a sus hijos al nacer. El problema es la presión inmediata que reciben de la sociedad y del sector comercial para dejar de hacerlo.” – Dra. Miriam Labbok,  Asesora Superior sobre alimentación y atención a los lactantes y los niños de corta edad del UNICEF.

Anualmente se pierden unos 1,3 millones de vidas debido a la práctica inadecuada del amamantamiento exclusivo y otras 600.000 porque no se continúa con el amamantamiento complementado con alimentos adecuados.Se calcula que un tercio de los casos de desnutrición se deben a la alimentación inadecuada durante los primeros años de vida. No obstante, las tasas de lactancia materna ya no descienden, sino que han aumentado. En 1990, el 34% de los lactantes se alimentaba exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida, mientras que en la actualidad dicha tasa es del 39%. Si bien se registran ciertos avances en la duración de la lactancia materna, las prácticas deficientes de alimentación infantil aún son generalizadas.

Son pocas las madres que escuchan la recomendación de amamantar a sus hijos hasta los dos años; por el contrario, un gran número de mujeres con niños reemplaza la leche materna por sucedáneos. El reemplazo de la leche materna por preparados alimenticios para lactantes es una opción costosa, insuficiente en términos de nutrición y con frecuencia peligrosa, especialmente en los ámbitos donde las prácticas de higiene son deficientes. Diversas investigaciones indican que, en un marco de pobreza, los lactantes alimentados con biberón presentan 14 veces más probabilidades de morir de diarrea y cuatro veces más probabilidades de morir de neumonía que aquellos que son amamantados.

Las herramientas que necesitamos para enfrentar ese desafío están a nuestro alcance. La aplicación plena del Código Internacional para la Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna brindaría la protección necesaria contra las influencias comerciales que desalientan la lactancia materna, mientras que la Iniciativa para hospitales amigos de los niños y las actividades comunitarias pueden fomentar y respaldar una mejor alimentación para los lactantes y los niños de corta edad.

La sostenibilidad y la expansión de los avances en materia de micronutrimentos

Uno de los mayores logros del UNICEF en materia de nutrición durante el decenio de 1990 fue la importante reducción de las tasas de carencia de vitamina A y yodo. Ahora se trata de ampliar los programas existentes y garantizar que los mismos puedan mantenerse en el futuro.

Gracias al proceso de yoduración de la sal, todos los años se protege de graves deficiencias mentales a casi 91 millones de recién nacidos en los países en desarrollo. Sin embargo, en el 30% de los hogares del mundo aún no se consume sal yodada, con lo cual 41 millones de lactantes corren peligro de sufrir lesiones cerebrales y problemas de aprendizaje. A fin de conquistar la meta de eliminar la carencia de yodo para 2005, tanto los distintos gobiernos como los productores de sal de cada país deben comprometerse con la yoduración de la sal.

En más de 40 países en desarrollo el porcentaje de la población infantil que recibe al menos un suplemento con altas dosis de vitamina A supera el 70%. Sin embargo, el número de niños y niñas que sufren carencia de vitamina A aún supera los 100 millones [OMS]. En muchos países, los suplementos de vitamina A se suministran durante las campañas nacionales de vacunación contra la poliomielitis, que irán desapareciendo a medida que el mundo se acerque a la eliminación de dicha enfermedad. Es necesario que se suministren suplementos de vitamina A los niños  que aún no los reciben, y también se debe hallar un mecanismo de suministro que pueda sustituir a las campañas de inmunización contra la poliomielitis. Por último, resulta imperativo realizar más labores orientadas a la reducción de las tasas de carencia de hierro, que hoy constituye el problema nutricional más generalizado del mundo, ya que afecta a entre 4.000 y 5.000 millones de personas, entre ellas casi la mitad de los menores de cinco años.

Las necesidades nutricionales en las situaciones de emergencia

La desnutrición infantil aumenta de manera considerable durante las situaciones de emergencia, y sus efectos mortales son más rápidos en tales situaciones. En los casos de conflictos armados y desastres naturales, la mayoría de las muertes infantiles no son consecuencia directa de ellos sino de la escasez de alimentos, de la carencia de agua potable, de la atención médica insuficiente y de las deficiencias en materia de saneamiento e higiene. Todos esos factores crean circunstancias que ponen en peligro la vida de los niños, quienes en su gran mayoría acaban muriendo de una combinación de sarampión, diarrea, infecciones respiratorias y desnutrición grave. La leche materna, con sus propiedades inmunológicas, se torna aún más importante en esas situaciones.

En el decenio de 1990 aumentó la cantidad de conflictos armados y situaciones de emergencia en todo el mundo, desde el Afganistán hasta Zimbabwe. Las mujeres, los niños y las niñas constituyen el 90% de los 35 millones de refugiados y desplazados del mundo [Estado Mundial de la Infancia, 2002]. En 2002, la mitad de la población infantil del Afganistán ya sufría desnutrición tras más de diez años de conflictos armados y sequías, además de una atención médica deficiente. Por otra parte, una crisis alimentaria estuvo a punto de convertirse en una catástrofe humanitaria de grandes dimensiones en seis países de África Meridional: Lesotho, Malawi, Mozambique, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe.

Las innumerables víctimas de la desnutrición relacionada con el VIH/SIDA

"Aun en el caso de que pudiéramos entregar arados y semillas para sembrar hasta el último pedacito de tierra, no habría suficientes personas sanas y fuertes como para hacer el trabajo.” –Kimberly Gamble-Payne, Oficial Superior de Programas del UNICEF

Los desastres naturales, los constantes conflictos armados, los problemas económicos, las reducciones de los servicios sociales y la pandemia de VIH/SIDA acosan permanentemente a las familias de África Meridional, y las despojan de sus mecanismos para hacer frente a sus problemas. Los niños  huérfanos del VIH/SIDA, o que viven con algún familiar infectado, están mucho más expuestos a pasar hambre que el resto de la población infantil.

Se calcula que 800.000 menores de 15 años contrajeron el VIH en 2001, y que el 90% de ellos se contagió de sus madres [Hoja de datos del UNICEF sobre alimentación infantil y VIH/SIDA]. Si bien existe un 15% de probabilidades de que las madres infectadas con el VIH transmitan el virus a sus hijos al amamantarlos, los riesgos de no amamantarlos pueden ser aún mayores. Es necesario que las madres reciban información y orientación sobre las distintas opciones de las que disponen en materia de alimentación de sus recién nacidos. Asimismo, los niños y niñas infectados con el VIH, así como los que quedaron huérfanos a causa de la enfermedad, corren mayor riesgo de desnutrición y requieren por ende atención especial.


 

 

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