Chad

En el marco de una grave crisis alimentaria, los centros de salud y educación ayudan a los niños de Chad

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2010/Gangale
Radié Hami y Achta, su hija de un año, acuden a un centro de salud y nutrición recientemente inaugurado en Moussoro, Chad.

Por Anne Fouchard

MOUSSORO, Chad, 13 de mayo de 2010 – Radié Hami sostiene en brazos a su pequeña hija Achta mientras espera que la niña reciba atención en el nuevo centro de salud y nutrición de Moussoro. La joven madre llegó acompañada por su marido y un tío. Se trata de una familia nómada y ésta no sólo es su primera visita al centro sino también a esta localidad.

Achta, de dos años de edad, está enferma desde hace tres meses. Inicialmente, sus progenitores trataron de sanarla mediante curas tradicionales, como la ingestión de mantequilla derretida. Sin embargo, esos remedios no tuvieron los efectos esperados y Achta siguió bajando de peso. De manera que la Sra. Hami y su marido decidieron realizar el trayecto de 20 kilómetros desde su hogar hasta el centro de nutrición de Moussoro, la capital de la provincia chadiana de Bar-el-Ghazel, en la árida región africana del Sahel. Gracias a las labores de los centros de nutrición como el de Moussoro, que reciben apoyo de UNICEF y de sus aliados, la incidencia de la desnutrición grave aguda en los niños y niñas de corta edad ha comenzado a descender en esta región.

Creciente peligro

La de Achta es una de las muchas familias nómadas que han recorrido grandes distancias desde el interior del desierto para obtener ayuda en los centros de nutrición. En la zona desértica, el acceso a la atención de la salud y el agua potable es limitado y, en muchos casos, inexistente, lo que pone a los niños y niñas en grave peligro de desnutrición y enfermedad.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2010/Gangale
Unos agentes sanitarios de un centro de salud y nutrición de la localidad chadiana de Moussoro inscriben a un niño que necesita tratamiento contra la desnutrición grave aguda. El centro recibe apoyo de UNICEF.

Debido a que su madre estuvo enferma durante el embarazo, Achta, nació con peso inferior al normal al igual que muchos otros niños y niñas de la región. La desnutrición sufría su madre, no pudo amamantar a Achta, que fue alimentada con leche de cabra proveniente del pequeño rebaño que cría la familia.

Los habitantes de esta región semiárida están acostumbrados a las duras condiciones de vida. La desnutrición es tan frecuente en esta región que los progenitores a menudo no tienen conciencia del grado de emaciación de sus hijos. Las tasas de desnutrición grave aguda superan desde hace una década el nivel de emergencia y por lo tanto la salud nutricional se ha convertido en un problema constante.

Las duras “vacas flacas”

Todos los años, entre mayo y agosto, se agotan los alimentos almacenados tras la cosecha previa y una parte importante de la población sufre hambre. Este año, la situación de “vacas flacas” es más difícil que en muchas ocasiones pasadas porque Chad sufre de manera especialmente grave las consecuencias de la crisis alimentaria que soporta gran parte de la región, y los habitantes de Chad han consumido prematuramente las limitadas cantidades de alimentos que habían amontonado.

Decenas de miles de niños y niñas menores de cinco años gravemente desnutridos requerirán ayuda alimentaria y tratamientos imprescindibles para la vida en los próximos meses.

Gracias al apoyo de UNICEF, Chad cuenta ahora con 42 centros de nutrición para pacientes ambulatorios. En el marco de una creciente crisis nutricional, en los centros se brinda tratamiento más eficaz contra la desnutrición infantil.

Los niños son remitidos para tratamiento

Cuando le toca el turno a Achta, un agente de nutrición le mide la circunferencia del brazo izquierdo. Si el resultado es menor que la circunferencia del cuello de una botella, el agente sanitario sabe que la medida corresponde a la “zona roja” y que la niña sufre desnutrición grave aguda. El agente de nutrición calcula que la relación peso-estatura de la niña es inferior a un 60% de la media para una niña de su edad y muy inferior al promedio de 70% que se aplica habitualmente como límite de la desnutrición grave aguda.

Alexis, la enfermera cargo del centro de salud y nutrición, ausculta el pecho de Achta y diagnostica que también sufre una infección de las vías respiratorias.

Debido a que el centro no cuenta con los recursos necesarios para tratar el grave estado de Achta, la pequeña es remitida a un centro de alimentación terapéutica de un hospital de Moussoro.

Más opciones para las madres

Hoy día, en la región funcionan sin embargo más centros de nutrición para pacientes ambulatorios que cuentan con el apoyo de UNICEF y que brindan a las familias un grado de acceso mucho mayor a los exámenes médicos que determinan la situación nutricional de los niños. En casos como el de Achta, esos exámenes ayudan a detectar la desnutrición grave aguda con mayor antelación, de manera que los niños reciben tratamiento más rápidamente. Además, los centros ofrecen a las madres como la de Achta más medios para proteger a sus hijos, incluso durante las épocas de grave escasez de alimentos.

Con Achta en sus brazos, su madre abandona el centro sanitario y se dirige por un camino arenoso hacia el hospital. Allí, un doctor toma una muestra de sangre de la niña y procede a su internación. Poco después, el doctor prescribe una receta en la que indica el tratamiento recomendado. A pesar del débil llanto de la niña, hay grandes probabilidades de que Achta sobreviva.


 

 

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