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Nutrición

La lactancia materna y el VIH / SIDA

Los riesgos y los beneficios de la lactancia materna


Para las madres infectadas con el VIH, la decisión de amamantar o no amamantar a sus hijos puede resultar un dilema doloroso, ya que debe sopesarse el riesgo de infección a través de la lactancia con relación a los peligros que entraña la alimentación artificial. Los lactantes que son amamantados por madres infectadas con el VIH tienen entre un 10% y un 20% de probabilidades de contraer el virus.

Sin embargo, los recién nacidos que no toman leche materna son seis veces más propensos a morir de diarrea o de infecciones respiratorias. Por otra parte, la leche materna proporciona una alimentación completa y fortalece el sistema inmunológico de los lactantes. Por lo tanto, el dilema es cómo decidir si amamantar o no a los recién nacidos.

El primer paso sería someterse al análisis del VIH. Si el análisis confirma que la madre no está infectada con el VIH, no cabe duda de que debe amamantar a su recién nacido. Si el análisis demuestra que está infectada con el VIH, deberá considerar la posibilidad de emplear un sucedáneo de la leche materna. Sin embargo, esos sucedáneos sólo se pueden suministrar si las madres tienen acceso al agua potable y disponen de los medios económicos como para adquirir leche maternizada durante al menos seis meses. Otras posibilidades son el uso de leche animal modificada, el tratamiento térmico de la leche materna previamente extraída, el empleo de bancos de leche, o la lactancia proporcionada por una nodriza que no esté infectada con el VIH.

Si ninguna de estas alternativas es factible, segura o sostenible, se recomienda que las madres amamanten a sus hijos recién nacidos durante seis meses solamente. Cuanto más prolongado sea el periodo en que una madre infectada con el VIH amamanta a su recién nacido, más elevado será el riesgo de que el lactante contraiga la enfermedad. Los bebés a los que se amamanta durante seis meses presentan tres veces menos riesgo de infección que los que consumen leche materna durante dos años.

También se recomienda que en esos seis meses, o al menos durante los tres primeros, no se combine la lactancia con otro tipo de alimentación. Un estudio realizado en Sudáfrica mostró que los recién nacidos que habían sido amamantados de manera exclusiva tenían menos probabilidades de contraer la enfermedad que los que recibían otros alimentos, jugo o agua, además de la leche materna.
Las madres infectadas con el VIH que opten por amamantar a sus recién nacidos pueden tomar algunas precauciones que reduzcan la posibilidad de contagiar la infección a los lactantes, como prevenir o tratar los problemas de mama, los pezones agrietados, la mastitis y otras formas de inflamación, así como también tratar de inmediato las llagas y hongos que suelen salir en la boca de los lactantes.