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El problema: la carencia de yodo

 

El yodo es un nutriente necesario para el funcionamiento adecuado de la glándula tiroides, que regula el crecimiento y el metabolismo. La carencia de yodo es la causa principal de lesiones cerebrales y problemas de aprendizaje prevenibles. Los efectos más nocivos de la carencia de yodo se hacen sentir en el cerebro del feto durante el embarazo.

 

Los niños y niñas cuyas madres padecieron carencia de yodo durante el embarazo pueden presentar cretinismo (un retraso grave en el desarrollo físico y mental), defectos en el habla, sordera y enanismo. Asimismo, la carencia de yodo durante el embarazo aumenta las probabilidades de muerte de la madre, del aborto espontáneo y de la mortalidad fetal tardía. El bocio, una enfermedad caracterizada por la inflamación de la parte anterior del cuello, es un síntoma común de carencia de yodo crónica. La palabra "bocio", del latín "bocius" o bulto, designa una inflamación de la glándula tiroides producida por el esfuerzo que ésta debe realizar para extraer el escaso yodo que contiene la sangre. 

 

La consecuencia menos visible y tal vez más generalizada de la carencia de yodo es la pérdida de potencial intelectual: los niños  que padecen carencia de yodo pueden llegar a perder entre 10 y 15 puntos de su cociente intelectual. Las poblaciones más propensas a la carencia de yodo son aquellas que viven en zonas montañosas y alejadas donde carecen de acceso a los alimentos ricos en yodo, como los peces de mar y las algas marinas. También son más vulnerables a la carencia de yodo las personas que habitan en zonas de inundaciones frecuentes, que impiden que los micronutrimentos se fijen en el suelo.

La solución: fortificar la sal

 

Para prevenir las enfermedades conocidas colectivamente como trastornos causados por la carencia de yodo basta con consumir una sola cucharadita de yodo repartida en cantidades minúsculas y en lapsos periódicos durante toda una vida. La yoduración de la sal es la solución más lógica y eficaz contra los trastornos causados por la carencia de yodo, dado que de esta manera el yodo se consume de manera gradual. Además, se trata de una solución segura, sostenible y económica, a un costo de cinco centavos de dólar estadounidense por año y por persona. El proceso de yoduración de la sal se empleó por primera vez en Suiza en 1922, y desde entonces se ha empleado también en el resto del mundo occidental. Sin embargo, para 1990 sólo se consumía sal yodada en menos de un 20% de los hogares de los países en desarrollo. Debido a ellos, unos 40 millones de niños y niñas corrían peligro de sufrir problemas de aprendizaje.

 

En la actualidad, la tasa de hogares que consumen sal yodada en los países en desarrollo alcanza el 70% y cerca de 91 millones de niños y niñas están protegidos de los retrasos mentales graves. No existe ningún tratamiento que haga posible revertir las consecuencias del cretinismo y otros trastornos. Sin embargo, el yodo contenido en la sal yodada y el aceite yodado se puede emplear para el tratamiento de los efectos más leves de la carencia de yodo.

 Meta

 

Lograr la eliminación sostenible de los trastornos derivados de la carencia de yodo para el año 2005.

Cómo conquistar la meta

 

El UNICEF colabora con diversas organizaciones públicas y privadas para eliminar la carencia de yodo mediante la yoduración universal de la sal. Entre los aliados del UNICEF en esta causa se encuentran la Organización Mundial de la Salud, los gobiernos de diversos países, el Consejo Internacional de Lucha contra los Trastornos causados por la Carencia de Yodo (CILTCY), la Iniciativa sobre micronutrimentos, Kiwanis International, los productores de sal, los sindicatos del gremio docente y otros.