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P: ¿Cuáles son las prioridades del UNICEF en materia de VIH/SIDA y nutrición?
Hasta ahora, la mayor parte de nuestras labores se han concentrado en reducir el contagio materno-infantil del VIH por vía de la leche materna. Sin embargo, desde que se desató la crisis de África Meridional, les estamos prestando más atención a la nutrición, la atención y el apoyo a las personas infectadas con el VIH o afectadas por esa enfermedad, como los huérfanos y los niños y niñas que viven con algún pariente infectado con el VIH.
P: ¿Qué recomienda el UNICEF a las madres infectadas con el VIH?
El desafío consiste en colocar en la balanza los riesgos de contagiar el VIH y los peligros de la alimentación artificial para luego asesorar a la madre acerca de todas las alternativas posibles. Entre un 30% y un 40% de los lactantes cuyas madres están infectadas con el VIH se contagian de ellas. A su vez, entre el 10% y el 15% de esos contagios se producen a causa de la lactancia. Esos porcentajes pueden variar en el caso de las madres que toman medicamentos antirretrovirales para reducir el contagio. Asimismo, los lactantes que se alimentan con sucedáneos de la leche materna son seis veces más propensos a morir de enfermedades infecciosas durante los primeros meses de vida.
En general, cuando la alimentación sustitutiva es aceptable, factible, asequible, sostenible y segura, se recomienda que las madres infectadas con el VIH no amamanten. Sin embargo, en la mayoría de las zonas donde trabajamos, la situación no es esa. En algunos casos existen tabúes sobre la alimentación sustitutiva. En otros, la madre no dispone de leche de vaca ni de agua potable para preparar la leche en polvo. También es posible que la madre no cuente con suficiente dinero como para comprar alimentos sustitutivos o que, cuando éstos son gratuitos, viva demasiado lejos del lugar donde se los proveen como para que el acceso sea permanente. De modo que cuando no se dan las cinco condiciones que mencionamos, se recomienda que la madre amamante a su bebé al menos durante los primeros meses de vida, hasta que pueda darle otros alimentos. A partir de los seis meses, la madre puede incorporar gachas y otros alimentos compuestos.
P: ¿Cuáles son los factores más importantes de riesgo de contagio por medio de la lactancia?
El bebé puede contagiarse el virus durante el embarazo, el alumbramiento y la lactancia. En el caso de la lactancia, uno de los factores más importantes es la carga viral: las madres con una enfermedad más avanzada presentan una mayor carga viral en el organismo y en la leche que éste produce, con lo cual aumentan las probabilidades de contagio. La duración de la lactancia materna también es un factor importante, ya que el riesgo de contagio es permanente: cuanto más tiempo se prolongue la lactancia, más probabilidades habrá de que la madre contagie a su bebé. Asimismo, la presencia de llagas en los pezones y de infecciones mamarias incrementa las probabilidades de contagio. Por último, una investigación realizada en Sudáfrica demostró que los recién nacidos que habían sido amamantados de manera exclusiva tenían menos probabilidades de contraer la enfermedad que los que recibían otros alimentos además de la leche materna.
P: ¿Qué proceso se emplea para determinar cuál es la mejor alternativa de alimentación para cada madre infectada con el VIH?
Lo ideal es contar con un sistema de apoyo permanente en el marco del cual la madre tenga varias reuniones de orientación antes y después del alumbramiento, en las que pueda aclarar sus dudas y hacer todas las preguntas necesarias. A cada madre le hacemos una serie de preguntas comunes, tales como: "¿De qué manera alimentaría a su bebé en condiciones normales? ¿Con qué recursos cuenta? ¿Qué tipo de alimentos sustitutivos le resultarían aceptables?". En la mayoría de los casos, las tres alternativas disponibles son la lactancia materna, los sucedáneos de la leche materna y la leche de vaca. A veces existen otros posibles cursos de acción, como el tratamiento térmico de la leche materna previamente extraída, el empleo de bancos de leche, o la lactancia proporcionada por una nodriza que no esté infectada con el VIH.
P: ¿Con qué programas cuenta el UNICEF en materia de nutrición para ayudar a las personas infectadas por el VIH o afectadas por el virus?
En primer lugar, procuramos ayudar a los gobiernos a elaborar directrices nacionales sobre nutrición y alimentación de los lactantes, con una sección dedicada al VIH. El próximo paso consistirá en colaborar con el asesoramiento nutricional de las personas con VIH/SIDA, que es un sector de la población cuyas necesidades alimentarias son cada vez mayores. También estamos distribuyendo alimentos entre las personas damnificadas por la crisis de África Meridional, prestando especial atención a las familias afectadas por el VIH/SIDA.
La crisis de África Meridional ha demostrado hasta qué punto el VIH deterioró los mecanismos para hacer frente a la realidad de las comunidades y las familias. En el pasado, la mayoría de esas familias y comunidades podía sobrevivir a las sequías y las inundaciones periódicas, pero hoy en día gran parte de ellas ha gastado sus recursos económicos adicionales en atención médica, funerales o cuidado de los huérfanos. Ahora carecen de lo más básico, como alimentos, mantas, jabón y dinero para pagar la educación escolar de sus hijos.
P: ¿Con qué desafíos se enfrenta el UNICEF?
Uno de los principales problemas en materia de VIH/SIDA es el de la estigmatización, o incluso el miedo a la misma. Nadie quiere ser identificado por su condición de persona infectada. Muchas madres tratan de esconderlo y se preocupan por la reacción posible de sus vecinos, sus parientes o sus maridos. Las personas infectadas con el VIH constituyen un grupo normal de la población con necesidades especiales y requieren apoyo, no que se las haga sentir culpables y se las señale con el dedo. Mientras esas personas sigan siendo estigmatizadas, nuestra tarea seguirá siendo difícil.