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Carta abierta a la Unión Europea del Director Ejecutivo de UNICEF, Anthony Lake

Mañana, los dirigentes de la Unión Europea se reúnen en Bruselas para debatir su posición común ante la muy esperada Cumbre sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), organizada por el Secretario General de las Naciones Unidas. Estos ocho compromisos fundamentales se inspiran en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas que, hace 10 años, inició un movimiento mundial sin precedentes para construir un mundo más pacífico, más próspero y más justo para todos. 

La reunión de Bruselas ofrece a la Unión Europea la oportunidad de reafirmar su defensa histórica de los derechos de los niños y niñas, especialmente de los más olvidados y marginados. En UNICEF tenemos grandes esperanzas de que la Unión Europea sepa aprovechar esta oportunidad. 

Porque hoy, a medida que el mundo mide los progresos logrados para alcanzar los ODM, es cada vez más evidente que millones de niños y niñas se están quedando atrás. De hecho, los datos comienzan a indicar que existen grandes diferencias entre los países ricos y los países pobres, y disparidades flagrantes dentro de los países en desarrollo.

Por ejemplo, en países como el Afganistán o la República Democrática del Congo, la tasa de mortalidad de menores de cinco años no ha descendido ni siquiera en un 1%, incluso a pesar de que la tasa mundial se ha reducido en un 30% entre 1990 y 2008. 

Una mujer del Níger tiene 1 posibilidad sobre 7 de morir por una causa relacionada con el embarazo a lo largo de su vida. En los países más ricos, esta tasa es de un promedio de 1 sobre 8.000. 

En el mundo en desarrollo, los niños y niñas que pertenecen al 20% más pobre de sus sociedades tienen dos o tres veces más posibilidades de sufrir un peso inferior al normal que los niños del 20% más rico de sus sociedades; corren de dos a tres veces más riesgo de padecer retraso en el crecimiento; y tienen de dos a tres veces menos posibilidades de asistir a la escuela. 

En algunos países, las disparidades están aumentando, un hecho que afecta sobre todo a las niñas, a los niños y niñas indígenas y a los niños y niñas de las minorías étnicas.
 
Todo esto resulta alarmante y exige medidas inmediatas.  

Centrar nuestros esfuerzos en favor de los ODM en aquellas zonas donde resulte más fácil hacerlo y en favor de quienes estén más al alcance servirá tal vez para obtener buenos resultados estadísticos, pero este éxito ocultará un fracaso moral: el abandono de aquellos que tienen mayor necesidad de ayuda. Debemos centrar nuestros esfuerzos en los niños y niñas olvidados.

La comunidad internacional afirmó en 1948 que todas las personas “nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Este compromiso fundamental forma la base de la Convención sobre los Derechos del Niño; de él se hace eco la Declaración del Milenio; y ha sido reiterado en la Declaración de París de 2005, en el Programa de Acción de Accra de 2008, y en numerosas declaraciones internacionales relativas a los derechos humanos.

En este momento decisivo, el quintil más pobre de la población debe convertirse en la principal prioridad del mundo. Es en este espíritu que esperamos que la Unión Europea aproveche mañana la ocasión de convertirse en Bruselas en una campeona de los derechos de la infancia, y de este modo contribuya en septiembre a dirigir los esfuerzos para colocar a los niños y niñas más necesitados del mundo en lo más alto del temario mundial.

 

Anthony Lake
Director Ejecutivo
UNICEF

Para obtener más información, póngase en contacto con:
Christopher de Bono, Medios de comunicación de UNICEF, Nueva York,
tel.: + 1 212 303 7984,
correo electrónico: cdebono@unicef.org.


 

 

 

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