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Declaración

La Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy, sobre Beijing+10

NUEVA YORK, 28 de febrero de 2005

La Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy, sobre Beijing+10:

Hace diez años, cuando se celebró la Conferencia de Beijing sobre la Mujer, yo acababa de comenzar mi tarea como Directora Ejecutiva del UNICEF. Ahora, cuando celebramos Beijing más 10, me quedan pocos meses para abandonar la organización. Por tanto, he vuelto al punto de partida: comencé con Beijing, estuve la semana pasada precisamente en Beijing, y hoy estoy hablando sobre Beijing.

¿Qué hemos logrado en favor de las mujeres desde que se celebró hace diez años esa conferencia que marcó un hito en el mundo? No demasiado.

Lamento tener que comprobar que las posiciones de poder siguen eludiendo a las mujeres, incluso aquí en las Naciones Unidas. Me complace que mi sucesora en el UNICEF sea una mujer, y sin embargo observo con consternación que el UNICEF es uno de los pocos organismos de las Naciones Unidas presidido en la actualidad por una mujer. Por supuesto que hay muchas oportunidades presentes en la actualidad, comenzando por las vacantes que se producirán en la dirección del PNUD y el Banco Mundial.

Después de diez años de dirigir el UNICEF, me gustaría compartir con ustedes algunas ideas sobre la importancia de la mujer en todas las actividades del desarrollo y unos cuantos ejemplos que revelan cómo se ha pasado por alto a las mujeres de una manera grave.

Las mujeres son fundamentales para la misión del UNICEF debido a que su bienestar tiene consecuencias directas sobre las familias y los niños y niñas. Si las mujeres no son fuertes, las familias tampoco lo son. Si las familias no son fuertes, los niños y las niñas se encuentran en peligro. No sólo sufren en el presente, sino que disponen de muy pocas razones para concebir una esperanza sobre su futuro.

La importancia de la mujer en las vidas de los niños y las niñas es tal que probablemente no haya pasado un solo día, durante mis diez años en la dirección del UNICEF, en que no haya hablado de alguna manera u otra sobre las mujeres y las niñas: sobre sus derechos, sobre las miles de maneras en que se abusa de esos derechos, y sobre el precio a largo plazo que esto significa para sus vidas y las vidas de sus hijos.

Por esta razón algunos sectores me han calificado a veces de feminista radical. He sido acusada de individualizar a las niñas y las mujeres para que reciban un tratamiento preferente.

Pero debemos ser muy claros sobre quién está individualizando a las mujeres y las niñas, y para qué.

Desde 1990, un 90% de las muertes relacionadas con los conflictos han sido de civiles, y un 80% de estas muertes eran de mujeres y niños. Todos los civiles atrapados en un conflicto deben luchar contra las enfermedades, la alimentación deficiente y la falta de vivienda y atención de la salud. Pero los datos muestran que los hombres y las mujeres sufren de manera diferente los efectos de los conflictos armados. Los hombres y los muchachos se ven obligados a luchar y matar. A los muchachos se les obliga a convertirse en niños soldados, a ser testigos de actos despreciables de violencia o a cometerlos. El mundo ha abordado el preocupante fenómeno de los niños soldados y ha aceptado el objetivo de sacarlos de las filas de los grupos en guerra y devolverlos a la sociedad civil.

¿Pero qué ocurre con las niñas y las mujeres que han sido arrastradas a los horrores del conflicto?

Durante las últimas dos décadas, ha habido un terrible aumento en la utilización de la violación y la violencia sexual como tácticas deliberadas de guerra, una forma de desmoralizar y humillar al enemigo y desestabilizar comunidades enteras. En las situaciones de conflicto armado, las niñas y las mujeres son sometidas a violaciones de manera sistemática, víctimas de la trata, utilizadas para la prostitución, retenidos por los grupos armados para convertirlas en esclavas sexuales, mutiladas y obligadas a mantener embarazos indeseados. Y esto es sólo apenas el comienzo.

Es una decisión decente y correcta –y no radical– exigir que se ponga fin a la violación sistemática de niñas de tan sólo cinco años y de mujeres de incluso 85. Es una decisión correcta insistir en que los gobiernos responsabilicen a sus soldados cuando se encuentran en misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Y ofrecer apoyo, tal como el UNICEF intenta hacerlo, a programas que procuren asistencia a las niñas y las mujeres violadas durante un conflicto. Estos no son actos “radicales”, sino actos básicos de humanidad.

Cuando las etiquetas como “feminismo radical” se arrojan en un tono desdeñoso, el resultado final es que la gente se vuelve reacia a hablar contra la discriminación por miedo de que les acusen de promover un interés especial. ¿Pero en nombre de quién podríamos hablar mejor si no es en el de los grupos marginados, discriminados y víctimas del abuso a quienes se les deniega una voz propia?

En mis viajes durante estos años a zonas asoladas por conflictos como la República Democrática del Congo, Europa del Este y Darfur, por nombrar unas cuantas, he escuchado una y otra vez cómo las niñas y las mujeres me decían que tenían mucho miedo de contarles a sus familias y a los miembros de sus comunidades que habían sido violadas. Pero el estigma de la violación va más allá del nivel del poblado.

Trasciende hasta los niveles más altos del poder, donde por desgracia entra en colisión con algo mucho más perjudicial aún: la apatía. En los conflictos que hay a lo largo del mundo, simplemente las autoridades gubernamentales no se preocupan de que miles de mujeres y niños estén siendo víctimas de violaciones y de que los culpables sigan sin sufrir ningún castigo.

Ha llegado la hora de que dejemos de tener miedo de hablar sobre las realidades de lo que significa ser una mujer o una niña atrapada hoy en día en un conflicto armado. Los culpables de estos crímenes horrendos contra las mujeres pueden ser hombres, pero también hay hombres, y mujeres, que ocupan puestos de responsabilidad desde los cuales podrían evitar y castigar estos crímenes. Estas personas no deben tener miedo de promover y defender los derechos de las mujeres y los niños.

Durante los diez años que llevo en el UNICEF, he intentado centrarme en temas que no afecten solamente a los niños y las niñas hoy en día, sino que tengan implicaciones a largo plazo para esta generación y la siguiente. La violación de las niñas en los conflictos armados es precisamente este tipo de tema: un trauma hoy en día y una tragedia que ensombrece el mañana.


 

 

 

Vídeo (en inglés)

28 febrero 2005:
Declaraciones sobre la violencia sexual contra las mujeres y las niñas

Directora Ejecutiva del UNICEF Carol Bellamy
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Directora Ejecutiva adjunta del UNICEF Rima Salah:
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