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Comunicado de prensa

Las minas terrestres: un gravísimo riesgo para la infancia

Al calificar las minas de “atracción mortal” para los niños y niñas, el UNICEF afirma que los países que se preocupan por el bienestar de la niñez deben dejar de producir minas terrestres

NAIROBI/NUEVA YORK/GINEBRA, 2 de diciembre de 2004 – Millones de minas terrestres antipersonal y otros restos de explosivos de guerra en todo el mundo constituyen una perversa amenaza para niños y niñas a quienes estos artefactos dejan lisiados, muertos y huérfanos mucho después que las guerras se acaban, declaró hoy el UNICEF.

“Las minas terrestres son una atracción mortal para los niños, cuya innata curiosidad y necesidad de jugar con frecuencia los conduce directamente al peligro”, dijo Carol Bellamy, Directora Ejecutiva del UNICEF, en la primera Cumbre Mundial sobre un Mundo Libre de Minas que se celebra en Nairobi. “Las minas terrestres matan, mutilan y dejan huérfanos a los niños. Los países tienen una responsabilidad moral de ratificar directamente el Tratado sobre la Prohibición de las Minas Terrestres y librar al mundo de estas armas devastadoras”.

Más del 80% de las 15.000 a 20.000 personas que sufren todos los años las consecuencias de las minas terrestres son civiles, y por lo menos una de cada cinco son menores de edad, según la Campaña para la Prohibición de Minas. El legado mortal de las minas terrestres sobrevive mucho tiempo después de que terminen los conflictos que les dieron lugar. Entre los países más contaminados se encuentran Iraq, Camboya, Afganistán y Angola.

Por ejemplo, algunos de los países más afectados por las minas se encuentran en Asia. Las minas terrestres y las municiones sin detonar son un peligro para los niños y las niñas en casi la mitad de todas las aldeas de Camboya y en casi una cuarta parte de todas las aldeas de la República Democrática Popular Lao, dijo Bellamy. Unas 800.000 toneladas de municiones sin detonar y 3,5 millones de minas terrestres se encuentran esparcidas todavía en Viet Nam, donde más de 100.000 personas han resultado muertas o lesionadas desde 1975.

Los niños y niñas corren un riesgo particular de resultar lesionados y muertos debido a las minas terrestres y otros restos de explosivos bélicos, porque el pequeño tamaño, la forma poco común y los colores de estos artefactos pueden darles la apariencia de juguetes. Los refugiados y los niños desplazados que regresan a sus hogares después de la guerra  están particularmente expuestos a las minas terrestres porque, con toda probabilidad, suelen desconocer los riesgos de jugar en zonas peligrosas o de cruzar por ellas, señaló Bellamy.

“El costo de jugar demasiado ceca de una mina terrestre es brutal”, dijo Bellamy, quien citó tragedias tales como la pérdida de miembros, ceguera, sordera y lesiones en los genitales como algunos de los perjuicios que las minas terrestres infligen a los niños. En parte por ser físicamente más pequeños que los adultos, los niños tienen más probabilidades de morir debido a las lesiones causadas por una mina terrestre. Se calcula que un 85% de las víctimas infantiles de minas terrestres mueren antes de llegar al hospital, añadió Bellamy. En muchos casos, las lesiones producidas por las minas tienen lugar lejos del hogar y sin que el padre, la madre o la persona que cuida al niño lo sepan.

Y cuando existe el tratamiento, el costo puede ser exorbitante para las familias pobres, sobre todo porque los niños y niñas requieren más atención que los adultos. Según van creciendo, es preciso ajustarles nuevas prótesis cada cierto tiempo, y un niño sobreviviente puede tener que someterse a varias amputaciones.

Sin un adecuado tratamiento médico, los niños y niñas lesionados por minas terrestres se ven obligados con frecuencia de abandonar la escuela, algo que limita sus oportunidades para el intercambio social y la educación. La discriminación que enfrentan limita sus expectativas de educación, empleo o matrimonio. A menudo se les percibe como una carga para sus familias.

“Las minas terrestres dejan huérfanos a los niños”, afirmó Bellamy. “Cuando las madres quedan mutiladas o mueren, los niños tienen menos probabilidades de recibir una nutrición adecuada, de ser inmunizados o de ser protegidos contra la explotación. Cuando los padres caen víctimas de las minas, los niños con frecuencia se ven obligados a dejar la escuela y ponerse a trabajar para suplementar el ingreso familiar”.

Desde que entrara en vigor hace cinco años, 143 estados han ratificado el Tratado sobre la Prohibición de Minas, que prohíbe a los signatarios el uso, almacenaje, producción o transporte de minas terrestres. Según la Campaña para la Prohibición de Minas, producir una mina terrestre cuesta 3 dólares; no obstante, una vez plantada puede costar más de 1.000 dólares encontrarla y desactivarla.

A pesar del progreso alcanzado, algunos de los países con los mayores arsenales de minas terrestres –China, la Federación de Rusia y los Estados Unidos– todavía no se han comprometido a firmar el Tratado sobre la Prohibición de Minas.

Bellamy invitó a esos países a suscribir el tratado, a cesar inmediatamente la producción de esos artefactos y a brindar mayor asistencia a aquellas personas cuyas vidas se han visto destrozadas por las minas terrestres.

 “Las minas terrestres, destinadas a su utilización contra los soldados en una guerra, están devastando las vidas de los niños en la paz”, dijo Bellamy.

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Para obtener más información, sírvase dirigirse a:

Jehane Sedky-Lavandero, UNICEF Nairobi, 1 917 660 5307,
Patricia Lone, UNICEF Nairobi, 254 206 222 14,
Damien Personnaz, UNICEF Ginebra, 44 22 909 5716,
Erica Kochi, UNICEF Nueva York, 1 212 326 7785


 

 

 

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