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Comunicado de prensa

En el Día Internacional de las Familias UNICEF urge a los gobiernos a reforzar la familia

Panamá, 14 mayo 2004 - En el Día Internacional de las Familias, UNICEF hace un llamamiento a los Estados y sociedades latinoamericanas y caribeñas sobre la trascendencia de los roles de la familia, proponiendo amplios pactos sociales para fortalecerla. En este sentido UNICEF urge a los Estados a tomar medidas económicas, sociales y legales que contrarresten los efectos que las políticas de ajuste económico, la globalización y el modelo de desarrollo vigente tienen sobre las familias y sus hijos.

Actualmente millones de niños y niñas en América Latina y Caribe carecen de un entorno familiar estable. Sin la familia como primer círculo protector, los niños y niñas son más vulnerables a la violencia, la explotación, la trata y la discriminación.

En palabras de Carol Bellamy, Directora Ejecutiva de UNICEF: “La familia es el primer círculo protector con el que cuentan los niños, y si no tienen el apoyo de los padres para crecer y desarrollarse, las consecuencias pueden ser devastadoras. Sin esta protección básica, son más sensibles a situaciones en las que sus derechos más básicos pueden ser vulnerados.” Bellamy agregó además que muchos países no cumplen con su obligación y responsabilidad ante esta problemática.

En el Día Internacional de las Familias, UNICEF pone a disposición de los medios de comunicación la siguiente declaración, alertando sobre la quiebra de las estructuras básicas de la institución familiar en América Latina y Caribe, y la exigencia del deber primordial del Estado en garantizar el apoyo que necesitan los padres para cumplir con sus obligaciones hacia la infancia.

Declaración de UNICEF en América Latina y Caribe en el Día Internacional de las Familias

“Ayudar a las familias es ayudar a los niños”
Carol Bellamy, Directora Ejecutiva de UNICEF

La familia es y seguirá siendo la red básica de relaciones sociales y elemento fundamental de cohesión social; es irremplazable en las funciones de socialización temprana, de desarrollo de la afectividad  de transmisión de valores, de fijación de pautas de comportamiento, y de satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos. Junto a sus históricas y decisivas funciones afectivas y morales la familia cumple funciones esenciales para el bienestar colectivo, es una fuente importante de creación del capital humano, espacio donde se siembran las semillas de ciudadanía democrática y de relaciones de equidad de género, para el desarrollo de una cultura de participación, de paz y de ciudadanía.

Lamentablemente la pobreza y la inequidad colocan a numerosas familias en serias dificultades para poder dar a sus hijos la infancia que necesitan y a la que tienen derecho. La interdependencia de la familia de otros sectores sociales es cada vez mayor, recibiendo el impacto de los diferentes problemas de la sociedad, como el desempleo, la exclusión escolar y ciudadana, la pandemia del VIH/SIDA, la carencia de servicios, las viviendas insalubres, la violencia social y política.

Según la CEPAL el 44%(i) de la población total de la región está ubicado por debajo de la línea de pobreza.  América Latina es la región más inequitativa del orbe y tiene la mayor brecha social de todas las regiones: el 5% más rico recibe más del 25% del ingreso nacional, y  el 30% más pobre recibe menos del 7.5%(ii) . Está surgiendo en el Continente el perfil de una familia desarticulada, inestable y  debilitada. Un número creciente de ellas tiene solo uno de sus progenitores, en la inmensa mayoría de los casos, la madre(iii) .  Casi la totalidad de los países de América Latina continúan aumentando los hogares con jefatura femenina, “Según los datos de 2002, en las áreas urbanas tenían jefatura femenina el 26% de los hogares multipersonales (monoparentales, biparentales, extensos y compuestos)”(iv) . En esta línea es de rescatar que para 1997 el 54% del total de pobres en la región eran menores de 20 años, es decir un 44% de la población latinoamericana(v) . 

En la región ha aumentado significativamente el número de madres adolescentes, entre el 20 y 25% de las mujeres han tenido su primer hijo antes de los 20 años de edad(vi), por otra parte destacamos que el 40% de las jóvenes urbanas, con menos de 6 años de educación ya son madres. Las madres pobres adolescentes tienen cerca de 30%(vii) menos de capital educativo que las madres pobres que no han tenido embarazo adolescente. Esto hace que se reduzcan sus posibilidades para obtener trabajos e ingresos dignos, consolidándose y profundizando la pobreza.

En la región se registra un incremento alarmante de niños y niñas que viven en las calles(viii), muchos de ellos son vulnerables a la explotación sexual, en particular adolescentes entre 14 y 18 años de edad. El abuso y la explotación sexual y económica de niños-as y adolescentes es favorecido por el miedo, el silencio y la impunidad.  La presencia y aumento de los niños de la calle y el trabajo infantil tienen que ver con múltiples factores, pero claramente denotan una quiebra profunda de las estructuras básicas de contención de la familia y la escuela. El trabajo infantil condena al niño y a la niña trabajadores a la pobreza futura y a la pobreza de sus familias. Se estima que en la región más de 17.5 millones de niños y niñas están trabajando(ix).

Alrededor de 400.000 niños-as mueren anualmente antes de completar los 5 años de edad en la región, la mayoría de ellos de enfermedades prevenibles(x). Situación que contrasta con la baja cobertura de servicios: 218 millones de personas carecen de protección en salud, más de 100 millones no tienen acceso a servicios básicos de salud, 82 millones no reciben las vacunas necesarias y en 1995, 153 millones de personas no tenían acceso a agua potable(xi). Asimismo la subnutrición afecta el 22% de la población latinoamericana y un 21% de los niños presenta desnutrición crónica moderada o grave(xii). “Se estima que al año 2000, algo menos del 30% de niños menores de 6 años de edad habitan en viviendas sin acceso a las redes de agua potable por otra parte, más del 40% de niños viven en una situación de riesgo significativo de contagio de enfermedades ante la ausencia de sistemas adecuados de eliminación de excretas”(xiii).

El 8% de la población en América Latina y el Caribe son indígenas (entre 33 y 40 millones divididos en unos 400 grupos étnicos) y el  60% de ellos viven en condiciones de extrema pobreza. Ellos junto a los afrocaribeños y afrolatinos presentan los peores indicadores económicos y sociales.

La violencia es uno de los problemas socioeconómicos y de salud pública más serios. Entre el 30 y el 50% de las mujeres latinoamericanas, sufren de violencia psicológica en sus hogares y entre un 10 y 35% de violencia física. El 40% de los hombres que utiliza la violencia física contra su pareja maltrata a sus hijos(xiv).

En América Latina hay un promedio de 30 homicidios por cada 100 mil habitantes, tasa que multiplica por seis la de los países de criminalidad moderada como los de Europa Occidental(xv).

Ante las anteriores situaciones, los Estados y las sociedades latinoamericanas deben tomar nota de la trascendencia de los roles que juega la familia y actuar en consecuencia: proponerse amplios pactos sociales para fortalecer a la familia.

Los programas de cooperación y todas las instituciones de la sociedad deben respetar y apoyar los esfuerzos de los padres y otros cuidadores para la crianza y el cuidado de los niños en el medio familiar. Fortalecer el rol del hombre en la vida de la familia y el cuidado de los niños. Promover el reconocimiento y el valor de la paternidad.

Las familias en condiciones de pobreza necesitan y requieren urgente atención: la prevención de la violencia en todas sus formas a través del ciclo de vida es uno de los principales retos para la región. Prevenir la separación de las familias durante las emergencias y las crisis humanitarias otro de ellos.

Desatender la pobreza es un agravio a la dignidad de los seres humanos, y por tanto la superación de la pobreza y la inequidad como prioridades fundamentales es el gran desafío que tiene por delante este continente.

En América Latina y el Caribe existe una enorme y rica diversidad, étnica y cultural en las formas de expresión familiar, lo cual constituye una fortaleza. Pero es urgente reconocer que las familias latinoamericanas y caribeñas se encuentran enfrentadas a múltiples presiones que desbordan su capacidad de respuesta, y que estas tensiones se incrementan cuando sus necesidades, intereses y sentimientos entran en contradicción con la insuficiente destinación de recursos privados y públicos para satisfacerlos.

Es obligación de los Estados tomar medidas económicas, sociales y legales tendientes a contrarrestar los efectos que las medidas de ajuste económico, el modelo de desarrollo vigente y la globalización tienen sobre las familias y sus hijos.

La familia en toda su diversidad  debe ser considerada como unidad y eje de las acciones de protección y prevención,  superando la atención segmentada sobre algunos de sus miembros. Es necesario minimizar la acción coercitiva y fortalecer la cooperación y la solidaridad, para desplegar nuevas opciones y alternativas de trabajo con las familias. Atender no solo a sus necesidades materiales, sino también  abordar el problema de la construcción y reconstrucción de la solidaridad, del afecto y de los sentimientos, como eje de las relaciones familiares.

La separación de los niños y niñas de su familia solo se justifica en casos extremos; como alternativa a la institucionalización, debe privilegiarse la recuperación de los lazos familiares y afectivos, no solo con la familia biológica de residencia, sino también de las redes afectivas más cercanas.

Es necesario redefinir el papel de las instituciones y servicios de protección y prevención para convertirlas en garantes de los derechos de las familias y los niños, potenciadoras de posibilidades para su fortalecimiento. Orientadoras y generadoras de actitudes y de conductas proactivas para que ellas puedan contribuir a su vez a garantizar los derechos de los niños.

Existen numerosas políticas sectoriales, hacia mujeres, niños y jóvenes, pero pocos intentos para armar una política vigorosa hacia la unidad familiar. Diseñar y fortalecer políticas y programas hacia la familia para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de todos sus miembros, es uno de los grandes retos para los Estados de la región para los próximos años.

Citas:

  1. CEPAL, 2003. Panorama Social de América Latina 2002-2003, No. 31, Noviembre 2003
  2. Kliksberg, Bernardo, 2002. Hacia una nueva visión de la política social en América Latina. Desmontando Mitos, pág. 8
  3. Op. Cit. Pág. 7
  4. CEPAL. Panorama social de América Latina 2002- 2003. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, agosto 2003 P. 146
  5. CEPAL. Panorama social de América Latina 1999- 2000. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, agosto 2000 P. 152
  6. CEPAL. Panorama social de América Latina 1998. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, abril 1999 P. 195
  7. CEPAL. Panorama Social de América Latina 1997. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, febrero 1998 P. 116
  8. De Venanzi, A; Hobaica, G. Niños de la calle ¿una clase social?. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 2003, p. 5 (augdeven@telcel.net.ve)
  9. OIT, 2002. Informe Anual. Citado por Klisksberg, B. Hacia una nueva visión de ls política social en América Latina, 2003, p. 4.
  10. UNICEF, Estimaciones de La Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Mimeo, 2004
  11. ROSES Periago, Mirta. El derecho a la salud en las Américas, superando brechas. Cumbre de la deuda social y la integración latinoamericana. Caracas (Venezuela): Organización panamericana de la Salud (OPS), julio 12 de 2001 P. 6- 7
  12. CEPAL. Panorama social de América Latina 2002- 2003. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, agosto 2003 P. 84
  13. CEPAL. Panorama social de América Latina 2002- 2003. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, agosto 2003 P. 171
  14. Kliksberg,2002, pág. 6
  15. Idem

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Para más información:

María Blanco,  Comunicación UNICEF TACRO
Tlf. 00507 315 74 85 mblanco@unicef.org


 

 

 

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