Aptitudes para la vida

Entrevista en Namibia: Mi futuro, mi opción

Entrevista con Rick Olson, Oficial de Proyectos de la Oficina del UNICEF en Namibia, noviembre de 2001

Parte I: Lecciones sobre la elaboración de los materiales de capacitación

P. ¿De qué manera se adaptaron a las circunstancias de Namibia los materiales como "Focus on Kids" y "Stepping Stones" para crear los materiales para Mi futuro, mi opción?

R. Aunque eso se hizo antes de mi participación en este proyecto, creo que esto es lo que sucedió... el UNICEF subcontrató a la Facultad de Medicina en la Universidad de Maryland, de los Estados Unidos, donde se habían diseñado originalmente los materiales de Focus on Kids. Ellos, con fondos provenientes de Fogerty  y de World AIDS Foundation, se integraron en calidad de asesores y prepararon un borrador en colaboración con la Secretaría de Educación Especial, que depende del Ministerio de Educación Básica. Durante ese proceso, el Ministerio de Educación Básica, que había comenzado a elaborar un programa sobre los conocimientos básicos para la vida activa por medio del Comité Intersectorial de Educación Escolar y Salud, ayudó a crear "subcomités sobre investigación y programas de estudios acerca de los conocimientos para la vida activa". El borrador inicial fue puesto a prueba con la participación de grupos de jóvenes. Eso dio lugar al nombre, etc., y se fijó una fase de investigación para someter a prueba al proyecto.

Quienes participaron en Mi futuro, mi opción, demoraron la iniciación de sus relaciones sexuales, y cuando iniciaron esas actividades, tendieron a usar condones en número mayor que los demás jóvenes
En la investigación, que se llevó a cabo en 1996, se emplearon grupos de control y de intervención con los que se trabajó con una versión del manual de 14 sesiones, o 28 horas de duración. Esas investigaciones demostraron que quienes participaron en Mi futuro, mi opción, demoraron la iniciación de sus relaciones sexuales; y que cuando iniciaron esas actividades, tendieron a usar condones en número mayor que los demás jóvenes. Cuando yo me integré en el proyecto, a mediados de 1998, el manual constaba de 11 sesiones, o 22 horas de duración, y se había comenzado a emplear en 1997, de manera que los resultados de las investigaciones deben haber dado lugar a otras actualizaciones del manual.

Cuando yo llegué y comencé a comprender el funcionamiento de esta intervención, me enteré por boca de algunos jóvenes que no sólo estaban recibiendo capacitación sino que también usaban el manual, que todavía había cierta preocupación acerca del nivel del idioma inglés, y sobre algunas actividades y metodologías. El examen que yo realicé me indicó claramente que existían algunos problemas. Por ejemplo, los antecedentes sobre el VIH y la salud sexual no se trataban hasta la Sesión 5. Sin embargo, los participantes comenzaban a emplear conceptos sobre el VIH en la Sesión 1, lo que presupone que los participantes ya debían contar con esos  conocimientos. Yo organicé un cursillo práctico con la participación de los jóvenes y los capacitadores, con quienes repasamos el manual. Posteriormente, no rescribí y llevé a cabo otros dos cursillos prácticos con los jóvenes que capacitaban a los capacitadores durante el período de corrección del manual, con el propósito de probar los resultados de las sesiones y actividades y recibir información acerca de lo que estaba faltando, lo que funcionaba, etcétera. El resultado de eso fue la versión actual, que contiene un sistema de vigilancia y presentación de informes mucho más amplio. Suponemos que si con la versión anterior se logró demorar las actividades sexuales e incrementar el uso de condones, con esta versión --que es más precisa y lógica, y alienta una mayor participación—tendremos un éxito aun mayor. Sin embargo, la versión actual aún puede ser mejorada.

P. ¿Cuáles son algunos de los mitos que hubo que superar, y cuáles eran las diferencias entre los mitos de las distintas regiones o los diversos grupos?

R. Hay muchos mitos. Algunos mitos se relacionan con el género, como el de que "los niños sólo se convierten en hombres cuando se contagian una enfermedad transmitida por vía sexual", o que "obligar a una niña a tener relaciones sexuales forma parte de una relación normal". Algunas personas aún creen que los curanderos pueden curar el SIDA. En las pruebas previas y posteriores preguntamos si los curanderos pueden curar la infección con el VIH. Los jóvenes que participan en Mi futuro, mi opción obtienen bajo puntaje en esa pregunta, y cuando estudiamos el problema nos dimos cuenta de que probablemente se debe a que en los materiales de enseñanza sólo les dedicamos un renglón a los curanderos.

Algunos mitos se relacionan con el género, como el de que "los niños sólo se convierten en hombres cuando se contagian una enfermedad transmitida por vía sexual.

Existe confusión acerca de las maneras en que las jóvenes pueden quedar embarazadas. Hay quienes creen, por ejemplo, que "una no se queda embarazada si la primera vez que mantiene relaciones sexuales lo hace de pie". También existe confusión sobre el grado de peligro de contagio que representa el virus, sobre algunas prácticas sexuales como el coitus interruptus y sobre el hecho de que el VIH no es visible. También existe cierta confusión sobre el valor de la fidelidad a una sola persona como mensaje preventivo. Los jóvenes usaron esto como excusa para eludir las medidas de seguridad en sus relaciones sexuales amparándose en la excusa de que eran fieles a su relación de ese momento. Pero al finalizar esa relación, después de tres meses, por ejemplo, y al iniciar una nueva, afirman que son fieles a esta nueva pareja, y que por lo tanto, no deben tomar medida de precaución, y así sucesivamente...

También encontramos gente que no tiene en claro cómo ocurre el contagio. Los jóvenes no se toman los peligros a título personal. Creemos que el uso de los condones no es tan frecuente como indican los estudios. Mucha gente está preocupada por lo que ve como una brecha entre el nivel de conocimiento y el nivel de comportamiento. Yo creo, sin embargo, que los niveles de conocimiento no son tan elevados como suponemos. Son elevados con respecto a unos pocos indicadores. De manera que existe una deficiencia en nuestro programa. Es una deficiencia, por ejemplo, que de las 20 horas de capacitación se dediquen sólo dos al VIH/SIDA y otras dos a la salud sexual. Los facilitadores deberían pasar rápidamente de lo conocido a lo ignorado, y se les debería mantener actualizados en materia de nuevos conocimientos.

P. ¿Qué lecciones se han obtenido este proceso de adaptación?

  • La adaptación es un buen punto de partida, pero también tiene importancia qué es lo que se adapta.
  • Las pruebas preliminares son importantes, especialmente las que se llevan a cabo con grupos diversos de personas jóvenes (población rural o urbana, niveles de educación, dominio del lenguaje, etcétera) y dentro de lo posible se debería tener en cuenta lo que pueden aportar esos jóvenes tras las pruebas.
  • Es importante contar con un "comité de desarrollo", que debería estar encabezado por representantes del gobierno y recibir asistencia técnica del UNICEF o de otra organización subcontratada. También debería involucrarse a todos los demás aliados que colaboran, pero asegurándose de que su participación no se limite a asistir a las reuniones y a discutir y examinar "borradores". Los aliados deberían también involucrarse todo lo posible en la realización de las pruebas preliminares con los participantes jóvenes.
  • Está bien realizar investigaciones estructuradas para someter los materiales a prueba, pero sin olvidar por ello que esas investigaciones constituyen el medio, y no el fin.

Parte II: Lecciones sobre la manera en que se logra la participación de las partes interesadas

P. ¿Cómo se obtuvo el apoyo y compromiso de los dirigentes políticos, los funcionarios superiores, el personal docente y las madres y los padres?

R. El Ministerio de Educación Básica había enviado una representante a un cursillo práctico regional sobre conocimientos para la vida activa del UNICEF que se llevó a cabo en Uganda en 1995. La representante del Ministerio se tomó el tema muy en serio y logró convencer a su ministro de que debía prestarle atención al asunto. El UNICEF le asignó algunos fondos y eso dio lugar al proceso de desarrollo que fue incorporado en categoría de proyecto al Programa de Cooperación 1997-2001. A fines de 1998, yo establecí el Comité Directivo Nacional en el que participaron los otros ministerios (los de la Juventud y Salud, así como el Consejo Nacional de la Juventud), aliados oficiales; lo que le dio un mayor sentido de identidad nacional al proyecto. También establecimos y dimos carácter oficial a diversos Comités sobre la salud y el desarrollo de la juventud, que tuvieron carácter regional y multisectorial, y a cuyo cargo quedó la planificación, la gestión y la vigilancia de la ejecución del proyecto. Con el propósito de que esos comités adquirieran un mayor sentido de identificación con el proyecto, descentralizamos la asignación de fondos para la ejecución de Mi futuro, mi opción. Canalizamos la mayor parte de los fondos a las oficinas de los gobernadores regionales, de manera que los gobiernos a ese nivel tuvieran una conciencia mayor del proyecto y se identificaran con el mismo de alguna manera práctica (por ejemplo, que rindieran cuenta de los aspectos financieros). Al brindar oportunidades para que los funcionarios de gobierno superiores vieran al proyecto en acción y pudieran conversar con los jóvenes involucrados se generó un apoyo mayor por parte de la Secretaría Permanente de los ministerios de Salud y Educación Básica. También se posibilitó que se contara con información adecuada para presentar a los principales funcionarios del gobierno, y para que los representantes mantuvieran al tanto de las actividades a los funcionarios superiores de gobierno, de manera que ellos también consideraran "suyo" el proyecto.

El Ministerio de Educación Básica decidió que los docentes no recibirían incentivos monetarios, mientras que el Ministerio de la Juventud insistió en que los jóvenes recibieran esos incentivos. Eso tuvo un efecto negativo sobre la motivación de los docentes y causó el alejamiento de algunos”.

Con respecto a los docentes, tuvimos experiencias diversas. Inicialmente les dimos capacitación según el diseño original, en el que un docente y una persona joven debían ser cofacilitadores. Pero eso no funcionó debido a varias razones. Una de ellas fue que muchos docentes tenían problemas para discutir cuestiones sexuales con sus estudiantes, y alentarlos a que utilizaran condones, especialmente a los alumnos adolescentes sexualmente activos. Otra razón fue que los jóvenes no se sentían cómodos hablando sobre sus actividades sexuales, el uso indebido de drogas y otros temas con sus maestros y maestras. Y se suscitaron también problemas con respecto a los incentivos. El Ministerio de Educación Básica decidió que los docentes no recibirían incentivos monetarios, mientras que el Ministerio de la Juventud insistió en que los jóvenes recibieran esos incentivos. Eso tuvo un efecto negativo sobre la motivación de los docentes y causó el alejamiento de algunos. Debido a todo eso, se dejó de emplear docentes como cofacilitadores.

Sin embargo, los docentes siguen involucrados en el proyecto y nos proponemos aumentar su participación. Hemos creado la categoría de "docente de contacto" para garantizar que en todas las escuelas los directores o directoras deleguen en esos docentes la supervisión de las actividades relacionadas con el SIDA. Esos "docentes de contacto" darán carácter permanente al proyecto en cada escuela, guardarán registro de las actividades, realizarán labores complementarias de orientación y garantizarán cierta medida de supervisión de las actividades de Mi futuro, mi opción por parte de las escuelas. El Ministerio de Educación Básica redactó un "Boletín" para informar a todos los integrantes de su personal acerca de proyecto, así como de las responsabilidades que le cabían a cada uno.

En 1999 creamos un folleto informativo para los padres y las madres que tuvo amplia distribución. Los jóvenes que ingresaban al proyecto recibían uno de esos folletos, que llevaban a sus hogares. También producimos dos anuncios breves de radio y televisión dirigidos a los padres, en los que manifestamos nuestro apoyo al empleo de condones por parte de los jóvenes, que es uno de los objetivos de Mi futuro, mi opción.

 P.¿De qué manera se aumenta el sentido de identificación de cada comunidad con el proyecto Mi futuro, mi opción?

R. Se emplean diversos métodos... Como ya mencioné, la planificación, la gestión, la asignación de fondos y la vigilancia han sido descentralizadas y puestas a cargo de los Comités regionales sobre la salud y el desarrollo de la juventud, a fin de crear una mayor identificación en ese ámbito. Algunos de esos Comités regionales sobre la salud y el desarrollo de la juventud llevaron a cabo sesiones de "orientación" sobre Mi futuro, mi opción en las que participaron los líderes tradicionales y los comités escolares. Otros comités organizaron Días dedicados a la salud y el desarrollo de la juventud y a Mi futuro, mi opción para concienciar al mayor número de personas posible. También se apeló a los medios de comunicación, y los jóvenes de los comités regionales fueron invitados a hablar sobre el programa en la radio, mientras que los servicios noticiosos de las radios regionales y nacional también informaban sobre el proyecto.

P. ¿De qué manera se recluta a los jóvenes que brindarán educación a sus compañeros?

R. Es importante otorgarles los incentivos adecuados. Un alto porcentaje de los jóvenes que participaron en los años iniciales lo hicieron por la razón equivocada: por el incentivo monetario de 500 dólares de Namibia que se le daba a cada facilitador de Mi futuro, mi opción por 20 horas de trabajo. Esa suma es superior al salario mensual de algunos jóvenes que trabajan como empleados de tienda, o guardias de seguridad. El año próximo, cuando pongamos en marcha el nuevo programa, los incentivos se corresponderán con los de otros planes nacionales de trabajo voluntario en los que el gobierno abona a los voluntarios hasta 250 dólares de Namibia por mes. Hemos tratado el tema con los voluntarios, a quienes les hemos dicho que estamos a favor de compensarlos por viáticos, pero que eliminaremos los "honorarios" de los facilitadores. Es probable que eso cause algunas deserciones, pero tenemos confianza en que existe un grupo básico de jóvenes muy comprometidos con el programa y con el trabajo voluntario en general. Debido a la reducción de los costos de los facilitadores podremos invertir más fondos en la capacitación complementaria, de manera tal que podamos mantener un grupo básico de buenos facilitadores en el programa durante un periodo prolongado.

Con respecto a la selección de los facilitadores, ese proceso fue descentralizado en 1998. Los Comités sobre la salud y el desarrollo de la juventud investigan sus respectivas regiones para descubrir cuáles son sus necesidades y para llevar a cabo las labores de reclutamiento sobre la base de esa información mediante anuncios en las comunidades donde se necesiten facilitadores. También se emplean los servicios de idiomas regionales del sistema nacional de radio para anunciar el proceso de reclutamiento. Los jóvenes interesados son entrevistados por los miembros del subcomité de vigilancia y evaluación de los Comités sobre la salud y el desarrollo de la juventud.

Los jóvenes que resultan seleccionados participan en un curso de capacitación para facilitadores de 10 días de duración (la capacitación está centralizada a fin de mantener el control de la calidad), en los que realizan actividades de escenificación de situaciones y prácticas de facilitación, son calificados por sus compañeros y, en ciertos casos, se les solicita que se retiren del programa. El nivel de capacitación de bastante intenso ya que se trata de una buena oportunidad para establecer el nivel de calidad que tendrán las labores de los facilitadores. Cuando los jóvenes terminan el curso de capacitación, suscriben un acuerdo de servicio voluntario en el que se estipula que pueden recibir cierta compensación y que si no siguen las normas establecidas pueden ser separados del programa. Finalmente, los flamantes facilitadores son asignados a sus respectivas escuelas o comunidades.

P. ¿De qué manera se decide qué jóvenes recibirán educación (mediante qué métodos y en qué ámbitos)?

R. Los estudiantes que desean participar lo deciden por ellos mismos. Los facilitadores colocan carteles en las escuelas y diversos puntos de las comunidades en lo que anuncian cuándo y dónde se llevarán a cabo los cursos de capacitación. Se supone que una cuarta parte de quienes participan deben ser jóvenes que no asisten a la escuela. La tasa promedio de estudiantes que terminan las 10 sesiones (20 horas) es de un 80%. Un 90% asiste a entre seis y ocho sesiones. El tema del VIH se trata en las primeras dos sesiones, a fin de que hayan recibido capacitación sobre ese importante tema hasta quienes no terminen el curso completo de capacitación. Empleamos varios incentivos para los estudiantes. Por ejemplo, les entregamos una camiseta y un certificado si completan las 10 sesiones. El facilitador por lo general les suministra refrescos y bocadillos durante las sesiones de dos horas ya que éstas se llevan a cabo inmediatamente después de las clases, y algunos de los participantes pueden estar hambrientos. Esto, por lo menos, es lo que se había planificado; pero en la práctica los participantes por lo general consumen esos refrescos y alimentos ligeros en su fiesta de graduación, después de terminar las 10 sesiones.

De manera que este programa consiste en un gran número de componentes, que requieren un sistema de distribución y vigilancia organizado. Abarca, por ejemplo la distribución de los condones, que son adquiridos por el FNUAP. Si tenemos en cuenta que anualmente participan en el programa unos 25.000 jóvenes, necesitamos 25.000 camisetas y certificados, 25.000 manuales, cuadernos y lapiceros y cientos de miles de formularios, etcétera.

P. ¿Cómo logran mantener el compromiso de los jóvenes?

R. Lamentablemente, los mejores facilitadores no duran mucho. Aparentemente, las mayores fuentes de empleo de los facilitadores de Mi futuro, mi opción han sido el ejército y la policía. Cuando capacitamos a los facilitadores les pedimos que se comprometan a conducir por lo menos cuatro cursos de 20 horas cada uno, lo que significa brindar capacitación a entre 80 y 85 jóvenes. Como cada curso dura entre tres y cinco semanas, con un mínimo de una sesión de dos horas por semana, lo que les estamos solicitando es un compromiso de tres a cinco meses.

Les pedimos que se comprometan a conducir por lo menos cuatro cursos de 20 horas cada uno… un compromiso de tres a cinco meses.

Algunos de nuestros facilitadores forman parte del programa desde 1997. Realizan dos cursos durante el primer semestre, y luego llevan a cabo otras labores voluntarias o remuneradas. En 1999, el programa contaba con 600 facilitadores. En la actualidad tenemos 330, pero con esa cantidad completamos el mismo número de cursos, aproximadamente. Esto significa que muchos facilitadores realizan siete u ocho cursos por año. Cada una de las 13 oficinas regionales del programa Mi futuro, mi opción cuenta con un Capacitador Maestro Superior, por lo menos. Ese o esa joven, que depende directamente del Presidente del Subcomité Regional, tiene a su cargo la gestión de las oficinas, la administración de los materiales y la supervisión de un determinado número de Capacitadores Maestros. Cada uno de esos Capacitadores Maestros es responsable de la supervisión de un equipo de facilitadores, hasta un máximo de 10, así como de visitar las escuelas para vigilar el desempeño de los facilitadores, informar sobre el desarrollo del programa en el terreno y brindar capacitación en el empleo. Esos Capacitadores Maestros también se encargan de consolidar los informes de los facilitadores y de vigilar el uso de los suministros. Asimismo, colaboran con las labores propias de las oficinas cuando es necesario. Los Capacitadores Maestros reciben incentivos monetarios suplementarios, que nuestros aliados consideran una buena inversión.

P. ¿Cómo convencen a los docentes de que participen, teniendo en cuenta todas sus demás obligaciones?

R. En algunas escuelas, el docente de contacto ha sido el mismo durante cuatro años. Y en otras resulta difícil saber quién es el docente de contacto. Queremos estudiar más detenidamente el compromiso de los docentes con el nuevo programa. El gobierno se encuentra abocado a la tarea de elaborar una nueva política nacional sobre el SIDA, en la cual los programas escolares sobre el VIH/SIDA dependerían de los planes regionales sobre el SIDA (para la educación básica y superior). Nos gustaría que Mi futuro, mi opción fuera una actividad extraescolar en todas las escuelas y que se la incluyera en todos los calendarios y programas de estudios escolares. Nos gustaría que en todas las escuelas hubiera un docente responsable del programa sobre el VIH/SIDA, y que Mi futuro, mi opción fuera solamente un componente de ese programa. Los programas escolares también podrían contemplar el otorgamiento de premios relacionados con el SIDA, la organización de clubes de conciencia sobre el SIDA, y la distribución de materiales de información, educación y comunicaciones sobre el SIDA. Actualmente, el comité sobre el SIDA del Ministerio está informando a otros donantes acerca del programa, con el que se sienten cada vez más identificados.

Parte III: las lecciones obtenidas sobre la ampliación del programa

P.¿De qué manera ampliaron anualmente el alcance del programa?

R. Para eso fue importante poner en funciones a un comité de operaciones en el ámbito regional. También fue importante contar con un documento de trabajo sobre la gestión del proyecto, y actualizarlo todos los años. Existen términos de referencia sobre vigilancia, capacitación y finanzas para los comités y subcomités. Nosotros los ayudamos a poner en marcha las oficinas mediante cuentas financieras a cargo de las oficinas de los gobernadores regionales. Brindamos capacitación sobre la organización de los comités, la preparación de presupuestos y teneduría de libros, y también suministramos una estructura de ejecución. En 1999, examinamos el manual y los cursos de recapacitación. El proceso no fue perfecto, ya que se interrumpió y se reanudó en varias oportunidades debido a la carencia de recursos. Por ejemplo, las oficinas no podían recibir nuevos fondos si antes no habían rendido  cuentas de los que habían recibido previamente.

Tengo un consejo para los otros programas... es necesario planificar el programa a la medida que tendrá en definitiva. Al diseñarlo, hay que diseñarlo para su dimensión real. Hay que asegurarse de que el presupuesto será suficiente. Hay que ser responsable al hacer cálculos financieros. Hay que tener en cuenta muchos aspectos diferentes: a cuántas personas se brindará capacitación; en cuántas escuelas se trabajará; en qué plazos se llevarán a cabo las diversas tareas, y qué recursos se necesitarán para que el programa funcione. Es preferible dedicar tiempo a preparar planes de trabajo que tengan carácter anual y no quinquenal. Hay que saber hacer ajustes todos los años y establecer metas realistas bien planificadas. Nosotros nos habíamos propuesto inicialmente prestar servicios a un 80% de los jóvenes de 10 a 18 años mediante programas diferentes para los de 10 a 12 años, los de 13 y 14 años y los de 15 a 18 años, respectivamente. Debido a que no pudimos cumplir con esas expectativas nos vimos obligados a dar prioridad a los jóvenes sexualmente activos y logramos poner en marcha un programa para los de 15 a 18 años de edad. En la medida de lo posible, es conveniente emplear estructuras que ya existan y no olvidarse de involucrar a los jóvenes y aliados desde el principio.

P. ¿Qué hay que hacer para lograr el objetivo de prestar servicios al 80% de los jóvenes de 15 a 18 años para fin de este año?

Comprar 25.000 camisetas por año, por ejemplo, puede resultar costoso, pero ya se ha convertido en un aspecto normal de nuestras actividades.

R. Uno de los problemas que presenta ese objetivo es que anualmente se suman a ese sector de la población unos 25.000 adolescentes que cumplen 15 años durante ese periodo. Por ello, los aliados nacionales han aceptado que un número de referencia de 100.000 jóvenes constituye ese objetivo del 80%. Ya hemos llegado a ese número, y para fin de año quizá estemos trabajando con 110.000 jóvenes. Cada participante recibe un manual, una camiseta y un certificado. Cada facilitador recibe sus honorarios, y están los comités multisectoriales a cargo del programa en cada región... De manera que si uno empieza funcionando como programa "rico", resulta más difícil retroceder. Comprar 25.000 camisetas por año, por ejemplo, puede resultar costoso, pero ya se ha convertido en un aspecto normal de nuestras actividades. Queremos estudiar la posibilidad de imprimir manuales con papel más barato y otras medidas semejantes; aunque uno de los gastos principales está constituido por los incentivos a los facilitadores, que debemos reducir. Tenemos que ponernos de acuerdo sobre un conjunto mínimo de incentivos y dejar en claro desde un principio de qué se trata. A quienes tengan un desempeño notablemente superior al esperado, les otorgaremos premios, como una bicicleta o un viaje de estudios. Es importante contar con incentivos, pero también lo es establecer el equilibrio adecuado entre los incentivos materiales y los incentivos en efectivo.

De manera que para continuar con el programa necesitamos fondos de los donantes. Entre 25.000 y 30.000 adolescentes cumplen 15 años todos los años y requieren nuestra asistencia. Esto no es como cavar pozos de agua; sólo tendrá carácter sostenible si el gobierno dispone de los fondos necesarios. Pero para que el programa tenga consecuencias positivas en la lucha contra la infección con el VIH es necesario que se ponga en práctica todos los años. El reto consiste en poder reducir gradualmente los costos.

Desde otro punto de vista, quizá no sea necesario prestar servicio a un número tan elevado de jóvenes; quizá no sea imprescindible llegar al 80%. Quizá esas cifras no constituyan la masa crítica que se necesita para desencadenar la modificación de las normas sociales de la juventud. Actualmente, en la última sesión le pedimos a cada uno de los graduados de Mi futuro, mi opción que elabore un Plan de Acción y se comprometa a transmitir a cinco amigos las actitudes y conocimientos más importantes que hayan adquirido. Si uno cuenta con un programa de capacitación de calidad, y cada graduado puede transmitir sus conocimientos a 10, 20 o 50 de sus pares, eso puede resultar tanto o más eficaz... la verdad es que no sabemos con certeza cuál es la masa crítica cuando se trata de la educación entre compañeros.

 P. ¿De qué manera se satisfacen las necesidades específicas de cada comunidad o región mientras el programa se amplía a todo el país?

R. En la actualidad, estamos retrocediendo para poder hacer más con menos. Inicialmente contábamos con comités multisectoriales muy grandes en los ámbitos regionales. Ahora, en cambio, funcionamos con un grupo básico de funcionarios de gobierno comprometidos a cargo de la gestión del programa en los ámbitos regionales y esto requiere muy pocos incentivos. Un componente importante de este estilo de trabajo es la participación de la juventud de las comunidades en las que se lleva a cabo Mi futuro, mi opción, tanto en las labores de vigilancia como en su papel de facilitadores. Esos jóvenes son conocidos en sus comunidades y tienen acceso a las escuelas. En algunas regiones se estableció más de un comité, para dar representación adecuada a la región según su tamaño y su diversidad étnica.

Querríamos mejorar las labores de seguimiento por parte de los facilitadores mediante el otorgamiento de premios relacionados con el SIDA a las escuelas y los clubes de concienciación sobre el SIDA.

Actualmente nos encontramos en el proceso de oficializar los Comités de Mi futuro, mi opción, que se llamarán Comités de Salud de la Juventud, y cuyas operaciones recibirán respaldo oficial de uno de los ministerios, que hará las veces de una secretaría. Los Comités de Salud de la Juventud serán subcomités oficiales de los Comités regionales de coordinación de la lucha contra el SIDA. Las labores de los subcomités no se limitarán a la gestión del programa Mi futuro, mi opción. También constituirán la plataforma desde la cual se movilizará, organizará y capacitará a la juventud para las labores relacionadas con la prevención y atención del VIH. Y ampliarán las funciones que cumplen los jóvenes como fuentes de recursos en materia de temas de salud de la juventud. Todo programa, ONG u otra organización interesada en movilizar a la juventud como aliada de sus actividades podría aprovechar esos comités. Otros organismo podrían invertir fondos en los comités para apoyar las actividades de los mismos. Una vez que todos los organismos de las Naciones Unidas aliados estén de acuerdo en emplear esa estructura, el proceso avanzará más velozmente. Los gobiernos necesitan nuestra ayuda para que los comités de Mi futuro, mi opción adquieran carácter oficial y se organicen estructural y presupuestariamente como Comités de Salud de la Juventud. Cuando eso ocurra, los jóvenes podrán participar en más de una actividad y recibir fondos de aliados diversos.

P. ¿De qué manera cree que cambiará Mi futuro, mi opción a medida que vaya creciendo?

R. Nos alegra mucho que Mi futuro, mi opción tenga un reconocimiento más amplio -- acabamos de ganar El Premio del Commonwealth por nuestro trabajo en materia de VIH/SIDA -- pero queremos seguir siendo honestos con respecto a los problemas existentes. Y queremos mejorar. Por ejemplo, querríamos mejorar las labores de seguimiento por parte de los facilitadores mediante el otorgamiento de premios relacionados con el SIDA a las escuelas y a los clubes de concienciación sobre el SIDA. También nos gustaría que el programa funcionara en todas las escuelas. Por ahora nos concentramos en aquellas que tienen altas tasas de embarazo estudiantil. Asimismo, nos gustaría mejorar la selección de los facilitadores. Esperamos crear un equipo altamente capacitado de activistas del SIDA que trabajen en las escuelas y las comunidades.


 

 

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