Aptitudes para la vida

Enfoque en los procesos

Lograr un grado suficiente de compromiso

Es necesario realizar labores de promoción adecuadas desde las fases iniciales de la planificación con el objetivo de garantizar un grado suficiente de compromiso, así como de ejercer una influencia positiva en los principales dirigentes nacionales y movilizar a la comunidad para poder superar los obstáculos más importantes. En muchos casos, los dirigentes políticos no están al tanto de determinada información de gran importancia, como la magnitud de las tasas de infección con el VIH, las infecciones transmitidas por vía sexual, el embarazo adolescente y otros problemas de salud sexual en la juventud. Cuando se presentan a los dirigentes nacionales y a las comunidades datos precisos y oportunos es posible convencerlos de la importancia que tienen las labores de prevención a partir de una edad temprana. De esa manera también se puede ayudar a garantizar que los programas se concentren en las necesidades sanitarias reales, las experiencias, los factores motivadores y los puntos fuertes del sector de la población a los que están dirigidos, y no en los problemas tal cual los perciben otros. Si se ofrece información sólida sobre las pruebas con que se cuenta, se atiende y responde a las inquietudes de la comunidad y se da justo valor a las opiniones de esa comunidad es posible generar un grado mayor de compromiso, mientras que la movilización eficaz de los recursos asegurará la eficacia del esfuerzo.

Coordinación e intensidad

Resulta importante coordinar los programas de educación con otras estrategias y procesos pertinentes que se basen en la investigación, las prácticas eficaces de enseñanza y aprendizaje y en las necesidades reconocidas de los estudiantes.

Entre las estrategias que pueden aumentar el grado de eficacia de los programas de educación figuran las políticas, los servicios sanitarios, el fomento del uso de los condones, el desarrollo comunitario y el aprovechamiento de los medios de comunicación. Los programas de educación funcionan mejor a largo plazo cuando se los pone en práctica en el contexto de otras estrategias conexas. Debido a que los factores determinantes del comportamiento son diversos y complejos y a que el alcance y los efectos de cada estrategia (por ejemplo, la educación basada en las escuelas) tiene carácter limitado, para lograr que las actividades adquieran la intensidad necesaria para lograr modificaciones duraderas del comportamiento se deben emplear enfoques coordinados de estrategias múltiples.

Los métodos de enseñanza y aprendizaje

Se debe emplear una amplia gama de métodos de enseñanza y aprendizaje de eficacia comprobada con respecto a los conocimientos, las actitudes, las aptitudes y el comportamiento peligroso. Aunque no se descarta la posibilidad de emplear métodos como las conferencias, los métodos interactivos y participativos, que brindan oportunidades de aplicar los conocimientos adquiridos, analizar las actitudes y los valores y poner en práctica las capacidades obtenidas, han demostrado ser más eficaces cuando se trata de modificar comportamientos fundamentales en lo que concierne a riesgo de contagio y propagación del VIH/SIDA, como la postergación de las relaciones sexuales, el aumento de la confianza de los jóvenes en ellos mismos y del uso de condones, así como la reducción del número de parejas sexuales. Los enfoques unilaterales y los que se basan en una sola estrategia, como el uso exclusivo de testimonios o de información, en muchos casos han fracasado debido a que no tienen en cuenta las necesidades locales y tienden a fundamentarse en presunciones que no han sido sometidas a una evaluación rigurosa. El análisis de las necesidades de los estudiantes y los docentes y las evaluaciones de situaciones deberían constituir importantes fuentes de información durante el proceso de elaboración de los programas.

La preparación y capacitación

Los programas deben ser puestos en práctica por personal de las escuelas o asociado a las mismas que esté adecuadamente capacitado y que cuente con todo el respaldo necesario. Una de las razones que se citan con más frecuencia con respecto a la ejecución deficiente de los programas -y como consecuencia de ello, de los resultados deficientes de los mismos - es la ausencia de capacitación y respaldo, tanto en la etapa previa a la prestación de servicios como durante el desarrollo del programa. Aunque los docentes con clases a su cargo que han recibido buena capacitación son, en muchos aspectos, las personas indicadas para la ejecución de los programas, a veces resultan difíciles de encontrar y en algunos casos no reciben suficiente apoyo del sistema o la comunidad. Para que los docentes y otras personas, incluso los propios jóvenes, resulten educadores eficaces es necesario que reciban capacitación y apoyo. Al brindar esa capacitación es necesario tener en cuenta los conocimientos, las actitudes y las aptitudes personales, así como sus necesidades profesionales, para que los educadores obtengan los elementos necesarios para impulsar el cambio y poder respaldar a los estudiantes y a sus colegas. Independientemente de quien sea la persona que ejecute el programa, es necesario que los docentes que tienen clases a su cargo participen y que se establezcan vínculos con otras actividades y otros aspectos del programa de estudios a fin de profundizar el aprendizaje en todo el ámbito escolar.

La participación

Se deben desarrollar mecanismos que hagan posible la participación de los estudiantes, sus progenitores y la comunidad en general en todas las fases del programa. Mediante un enfoque que fomente la colaboración se pueden reforzar los comportamientos deseados, ya que de esa manera se crea un ámbito que brinda apoyo a los programas escolares. Mediante la participación de los estudiantes en el diseño y la ejecución de las actividades de educación sobre la prevención del VIH/SIDA junto a sus progenitores, trabajadores comunitarios y personas que viven con el VIH/SIDA, así como mediante la educación entre compañeros, es posible garantizar que se dé respuesta cultural y socialmente adecuada a las necesidades y cuestiones específicas de los estudiantes. De esa manera se puede fomentar también el compromiso de los estudiantes, así como su sentido de identidad con esas actividades de educación sobre la prevención del VIH/SIDA, lo que, a su vez, puede darles un carácter más sostenible.

Oportunidad y duración

Se debe garantizar que las actividades mantengan una secuencia y una progresión adecuadas entre los diversos grados de enseñanza escolar, además de mantener la continuidad durante todo el ciclo escolar. Es imprescindible que las actividades de aprendizaje sobre el VIH/SIDA sean oportunas y guarden regularidad. Se deberían comenzar a llevar a cabo lo más temprano posible en el ciclo escolar, deberían promover los factores de protección positivos a partir de los primeros años de enseñanza escolar, y tratar sobre riesgos específicos uno o dos años antes de que los estudiantes estén expuestos a esos riesgos. Las investigaciones realizadas con los adolescentes sugieren que los programas referidos a una sola cuestión o un solo tema (como por ejemplo, a la prevención del VIH/SIDA) deberían consistir por lo menos de entre cinco y ocho horas de sesiones intensivas (por ejemplo, un curso de un día para un grupo pequeño con un facilitador) y 15 horas de clases ordinarias durante el año escolar, aunque en la práctica los programas por lo general sólo pueden ofrecer entre ocho y 15 horas.

Cuando sea necesario tratar asuntos o temas individuales (por ejemplo, la prevención de la violencia, la salud reproductiva, la prevención del VIH/SIDA y de las infecciones transmitidas por vía sexual), será necesario agregar algún tiempo adicional, aunque es probable que se produzcan superposiciones entre cuestiones afines, ya que, por ejemplo, un programa integral de educación sanitaria tratará todas esas cuestiones. Debe tenerse en cuenta la edad y el nivel de conocimientos de los estudiantes, y los programas de estudios deben avanzar de los conceptos simples a los más complejos, mientras que las lecciones nuevas deben reforzar las anteriores, sobre las que también se deben fundamentar. Es necesario darles carácter constante a la educación y a otras actividades relacionadas con la prevención, a fin de garantizar que las sucesivas camadas de niños y jóvenes estén protegidas del peligro del VIH/SIDA, y puedan protegerse a ellas mismas.

La integración en los programas de estudios

La educación acerca del VIH/SIDA debe ser colocada en el contexto de otros temas sociales y sanitarios, como la salud reproductiva y los temas demográficos pertinentes a la niñez, la juventud y la comunidad en que viven. Por ejemplo, se pueden emplear materias que ya existen en los programas de estudios oficiales como "vehículos" para introducir un conjunto equilibrado de conocimientos, actitudes y aptitudes. Esas materias "vehículos" pueden ser la educación sanitaria, la educación cívica o la educación demográfica. Los resultados obtenidos con programas que se en "integran" o se "implantan" a lo largo de un programa de estudios han sido en general desalentadores, a diferencia de los resultados logrados mediante módulos específicos de enseñanza intensiva. Los programas que forman parte del programa de estudios nacional, y que por lo tanto tienen asignado determinado número de horas semanales de enseñanza en las escuelas, ofrecen la ventaja de una mayor cobertura, así como mayores probabilidades de capacitación, apoyo y enseñanza. Cuando se empleen enfoques no estructurados, se los deberían vincular claramente con otras actividades y cuestiones basadas en las escuelas, como los derechos humanos, el embarazo adolescente y la salud reproductiva, la violencia y el atropello de los más débiles, y el fomento de la salud en general. Ya se trate de un enfoque estructurado o no estructurado, se deberían evitar los programas aislados o no recurrentes, ya que éstos no suelen resolver la complejidad y las interrelaciones propias de una gama completa de cuestiones pertinentes.

La transición del programa a su dimensión real

A fin de establecer una visión de la cobertura nacional del programa de alta calidad, es necesario que en la fase inicial se establezcan alianzas con los funcionarios superiores de los ministerios más importantes. De no contarse con esa visión y ese compromiso político, las actividades no avanzarán más allá de la fase experimental. Para poner en marcha programas escolares en gran escala resulta fundamental la participación política de los ministerios de Educación y Salud. En la mayoría de los casos, para conquistar la meta general de la cobertura nacional con programas de alta calidad será necesario establecer vínculos con otros ministerios pertinentes, con sistemas no estructurados y con la comunidad en general.


 

 

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