Aptitudes para la vida

Educación entre compañeros

Imagen del UNICEF

Los estudiantes enseñan a otros estudiantes cómo prevenir el VIH

Muchas escuelas en todo el planeta les ofrecen a sus alumnos la oportunidad de salvar sus vidas. En esas escuelas se le está otorgando a los estudiantes funciones de educadores para la importante tarea de prevenir la propagación del VIH entre ellos y sus compañeros. La educación entre compañeros se basa en el hecho comprobado de que muchas personas sólo modifican sus comportamientos basándose no sólo en lo que saben sino también en las opiniones y las acciones de quienes les rodean y en quienes confían. Quienes educan a sus compañeros y compañeras pueden comunicarse con ellos y comprenderlos de una manera que les es ajena hasta a los adultos mejor intencionados. Esos jóvenes educadores pueden ser ejemplos de cambio a seguir. (Es de notar que la educación entre compañeros no se limita exclusivamente a los programas basados en las escuelas sino que ha sido empleada en una amplia variedad de contextos y con diversos sectores de la población, como los jóvenes de la calle, los obreros, las trabajadoras sexuales, los adictos a las drogas, los presos, etc.).

Los jóvenes que educan a sus compañeros son por lo general de la misma edad, o levemente mayores, que los integrantes del grupo con el que trabajan. Pueden trabajar en colaboración con los docentes, llevar a cabo actividades educativas por su cuenta o ponerse a la cabeza de la organización y ejecución de las actividades basadas en las escuelas. También pueden ayudar a crear conciencia, brindar información precisa, y ayudar a sus compañeros a adquirir los conocimientos y las aptitudes necesarias para modificar sus comportamientos. Entre las maneras en que está llevando a cabo todo esto en las escuelas del mundo figuran:

  • conducir debates no estructurados  
  • realizar presentaciones teatrales o en video
  • conversar individualmente con sus compañeros de estudios
  • repartir condones, volantes y folletos
  • ofrecer orientación psicológica y apoyo, y remitir a sus compañeros a sitios donde puedan recibir los servicios deseados

La educación entre compañeros rara vez se emplea por sí sola en las actividades de prevención del VIH, sino más bien como una de varias estrategias de una política dirigida a todos los alumnos de una escuela o a toda una comunidad. Por ejemplo, se la suele emplear con frecuencia para complementar la educación de la salud basada en la preparación para la vida activa que brindan los docentes, las entidades de fomento del empleo de condones, los servicios sanitarios acogedores para la juventud y las campañas de difusión en las que participan los medios de comunicación locales. La experiencia obtenida en varios programas demuestra que la presencia de un docente o un coordinador adulto mejora la calidad de los programas, así como el desarrollo de los mismos.

¿Por qué emplear la educación entre compañeros?

Las evaluaciones cualitativas de la educación entre compañeros basada en las escuelas han demostrado que:

  • Si las actividades dirigidas por personas de su edad están bien diseñadas y son supervisadas adecuadamente, las personas jóvenes las aceptan de buena gana y reciben influencias positivas de ellas;
  • Los jóvenes que cumplen funciones de educadores de sus compañeros tienen ante sí un desafío, así como la posible recompensa de aumentar su capacidad de liderazgo, ganarse el respeto de sus pares y mejorar su base de conocimientos y sus aptitudes. Esos jóvenes educadores suelen modificar sus propios comportamientos cuando comienzan a educar a sus compañeros;
  • La educación entre compañeros puede fomentar relaciones ricas entre los docentes y los estudiantes;
  • También puede otorgarles a las niñas autoridad ante sus compañeros para hablar sobre cuestiones sexuales sin correr peligro de que se las caracterice injustamente de promiscuidad sexual (especialmente cuando las actividades dirigidas por otros estudiantes se llevan a cabo en grupos de personas del mismo sexo);
  • Los jóvenes educadores pueden constituir un valioso vínculo con los servicios sanitarios;
  • La educación entre compañeros ha tenido un efecto positivo en las actitudes con respecto a las personas que viven con VIH/SIDA;
  • En algunos casos, los estudiantes que educan a sus compañeros han resultado ser más eficaces que los adultos cuando se trata de establecer normas y de modificar las actitudes relacionadas con los comportamientos sexuales. Sin embargo, no son necesariamente mejores a la hora de transmitir información fidedigna sobre la salud. De manera que la educación entre compañeros y la instrucción dirigida por adultos pueden ser actividades complementarias. Un estudio demostró que la educación basada en el aula y la educación entre compañeros resultan más eficaces que el empleo exclusivo de cualquiera de ellas. Cuando se las empleó de manera combinada, los avances principales se hicieron notar en las esferas de la información, la motivación, las aptitudes referidas al comportamiento y el comportamiento.

Consejos útiles para la integración exitosa del componente de educación entre compañeros en los programas de prevención del VIH.

  • Vincule el programa de educación entre compañeros (tanto el contenido como los métodos) con otros programas, de manera tal que constituyan una estrategia integral.
  • Asegúrese de que programa cuente con un proceso de control de calidad.
  • Asegúrese de que la labor de los jóvenes que educan a sus pares cuente con la conducción y el apoyo de un adulto capacitado o de un docente.
  • Evalúe los resultados del empleo de la educación entre compañeros de las siguientes maneras:
  • Vigilando las actividades de los estudiantes (evaluación del proceso). Por ejemplo, los informes sobre los avances logrados que elaboren los jóvenes educadores en lo que concierne al número de estudiantes a los que se espera brindar instrucción con relación a los que efectivamente recibieron esas enseñanzas; quiénes eran y qué temas se trataron, así como las encuestas sobre el grado de satisfacción de los participantes; además de
  •  midiendo los resultados de la educación (evaluación de los resultados). Por ejemplo, analizando los conocimientos, las aptitudes, las actitudes y los comportamientos relacionados con el VIH, y/o los resultados relacionados con la salud, como por ejemplo la incidencia de las infecciones transmitidas por vía sexual.
  • Considere la posibilidad de otorgar incentivos a los jóvenes que tengan a su cargo la enseñanza a sus compañeros, a fin de lograr su participación y permanencia en el programa. Por ejemplo, poniendo de relieve las aportaciones que realizan, y dándoles reconocimiento público, certificados, camisetas alusivas al programa, alimentos, estipendios en efectivo o en crédito, y becas.
  • Establezca criterios con respecto a las aptitudes y cualidades que deberían tener los jóvenes a cargo de la educación de sus compañeros, y deje luego que los propios estudiantes se ofrezcan como voluntarios o elijan quiénes serán sus pares que se harán cargo de esas tareas.
  • Asegúrese de que las expectativas con respecto a los jóvenes educadores de sus compañeros sean claras y factibles.
  • Brinde plena capacitación y cursillos prácticos y sesiones de práctica en forma periódica para complementar la capacitación (esto resulta de gran importancia debido a que la frecuencia con que se renuevan los jóvenes que educan a sus pares puede ser elevada).
  • Demuestre flexibilidad con los horarios de las sesiones de capacitación y de comunicación de resultados, a fin de posibilitar la máxima participación posible.
  • Tenga constantemente en cuenta las necesidades de los capacitadores y los educadores.
  • Involucre a los jóvenes de manera que sean participantes activos en la fase de planificación del proyecto, así como en su ejecución y evaluación. Los procesos de planificación, como la elaboración y puesta a prueba de los materiales, los programas de estudios y los manuales de capacitación pueden constituir valiosas oportunidades para que los jóvenes practiquen las aptitudes que hayan adquirido como facilitadores y obtengan más conocimientos sobre la prevención del VIH. Asimismo, pueden servir para garantizar que se refleje el origen cultural y el nivel de educación de los participantes.
  • Asegúrese de que se disponga de un amplio suministro de materiales educaciones y de condones.
  • Tenga en cuenta las necesidades diversas de los educadores de ambos géneros. Por ejemplo, pueden existir normas sociales distintas en cuanto a la manera en que deben comportarse las niñas, o sobre los temas que pueden tratar en público. Además de ello, algunas jóvenes pueden dejar de desempeñarse como educadoras debido a que contraen matrimonio. Trate de apoyar la participación de las niñas y empéñese en mantener un equilibrio en cuanto al número de educadores de uno y otro género. (Mediante un estudio se descubrió que las mujeres jóvenes se sienten más libres de "expresar sus opiniones y hacer preguntas en un grupo de educación entre compañeros sobre el VIH/SIDA exclusivamente femenino que en otros integrados por jóvenes de ambos géneros").
  • Prepare a los jóvenes educadores para hacer frente a resistencias en sus comunidades y a críticas públicas, en caso de que así ocurra. Al mismo tiempo, informe a la comunidad sobre el programa, e involúcrela en el mismo, a fin de reducir los temores y cosechar su apoyo. (Por ejemplo, a las madres y los padres de los educadores jóvenes, a sus tías y tíos, a los líderes religiosos, a los comités de asesores de la comunidad, etc.)
  • Asegúrese de que existan mecanismos de reemplazo de los jóvenes educadores que vayan cumpliendo la edad máxima de participación en el programa.

Los interesados en obtener más ejemplos de programas de educación entre compañeros, como el de Namibia Mi futuro, mi opción, el de Ghana, Programas de Fomento de los Compañeros (Peer Promotion Programmes), y el de Botswana Tsa Banana, pueden consultar experiencias en los países en que se emplea la educación basada en la preparación para la vida activa.

Documentos

Peer Education and HIV/AIDS: Concepts, Uses and Challenges, ONUSIDA, 1999.
[PDF]



 

 

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