Zimbabwe

Desahucios masivos dejan a miles de niños sin hogar

Por James Elder

HARARE, Zimbabwe, 15 de julio de 2005 – A diferencia de muchos niños de trece años, Sirinko no se alegró cuando se vio forzado a no poder hacer los exámenes de mitad de curso. Hace dos semanas, cuando volvió de clase se encontró con que su hogar, al igual que decenas de los alrededores, estaba reducido a escombros.

Desde entonces no ha podido volver a la escuela, lo que ha hecho que pudiera presentarse a los exámenes: "Mi padre todavía trabaja, pero ahora debo quedarme en casa y vigilar lo que nos queda", dice, refiriéndose a su cama, armarios y utensilios de cocina. "Creo que los exámenes me hubieran ido bien, sobre las matemáticas, aunque quizá haya sido mejor así; quemaron mis libros, y eran todo lo que tenía para estudiar", añade.

Sirinko es uno de los más de 150.000 niños que se quedaron sin hogar a causa de la Operación Murambatsvina llevada a cabo por el Gobierno y que tiene por objeto "limpiar las ciudades y combatir el mercado negro en todo Zimbabwe". Los cálculos actuales cifran en más de medio millón las personas que se han quedado sin hogar. La situación se ha visto agravada por el hecho de que Zimbabwe está pasando la peor crisis económica desde su independencia en 1980, y lucha por combatir la pandemia de VIH/SIDA, la sequía y el más rápido crecimiento de la tasa de mortalidad infantil del mundo.

Las estadísticas nacionales son sombrías, pero lo que preocupa de forma más inmediata a Sirinko es el clima invernal:

"Aquí parece que todo el mundo tiene la gripe. Hace tanto frío. Esta mañana me desperté y había escarcha en mi manta'', dice. En Zimbabwe, los meses de invierno van de mayo a septiembre.

En los escombros donde estuvo su casa, Sirinko duerme bajo dos mantas que le dio UNICEF, y que son parte de las más de 10.000 que se han distribuido hasta el momento. Además, UNICEF ha suministrado el equivalente de más de quince kilómetros de cobertura de plástico para refugios de emergencia, miles de recipientes de agua, cubos y cazuelas, y ha distribuido cerca de 80.000 litros de agua diarios. Sin embargo, a pesar de la enorme magnitud de la operación de socorro, la demanda sigue superando a la oferta.

"La simple magnitud de las necesidades – porque estamos hablando de todos los rincones de este país – hace que estemos ocupados de la mañana a la noche", dice el Dr. Festo Kavishe, Representante de UNICEF en Zimbabwe. "Por fortuna, el personal ha estado a la altura del desafío, y hemos recibido fondos muy oportunos de los Comités Nacionales [de UNICEF] en Irlanda, Alemania, los Estados Unidos, el Reino Unido y Suecia. Esto son ha permitido cumplir nuestra palabra con el pueblo de Zimbabwe. No obstante, hay todavía decenas de miles de niños que necesitan ver – y sentir – la presencia de UNICEF en sus vidas", explica.Mientras el sol se pone y el frío se adueña de otro día invernal de Zimbabwe, Sirinko contempla lo que ahora debe llamar hogar. "Mi padre dijo que debo ser paciente", explica Sirinko, "pero yo quiero volver a la escuela, quiero ver a mis amigos … y quiero ganar el premio de matemáticas."


 

 

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