Panorama: Yemen

En Yemen, el abuso en el hogar puede conducir una vida en la calle

Un centro que recibe apoyo de UNICEF ayuda a los niños vulnerables

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2010/Gudmarsson
Varios niños miran la televisión en el centro Harad de Sana, Yemen, donde los niños reciben refugio, alimentos, atención médica, educación y apoyo psicológico.

Por Sveinn H. Gudmarsson

SANA, Yemen, 19 de noviembre de 2010 – La vida en las calles puede resultar muy dura, especialmente si, como Khaled, solamente tienes 16 años y careces de dinero y de un lugar donde ir. Para este adolescente, sin embargo, cualquier cosa parecía mejor que vivir en casa con su familia.

“Mi padre siempre me pegaba por diferentes razones”, dice Khaled. “Una vez me rompió el brazo”. Mientras señalaba unas cicatrices en los tobillos, recordó que su padre le pidió una vez a un “soldador que me pusiera grilletes en las piernas. El metal estaba tan caliente que tuvieron que echar agua encima, pero me quemé de todos modos”.

Finalmente, Khaled huyó de su casa en las montañas que se encuentran al oeste de la capital de Yemen. Cuando se marchó, se llevó consigo a su hermano Hamed, de 7 años. “Solamente quería ir a cualquier parte”, dice Khaled, que recuerda que pensó que “tal vez alguien nos adoptaría”.

En busca de una vida mejor

Khaled y Hamed no pudieron llegar a la frontera, aunque muchos otros sí lo logran. Algunos llegan allí por sus propios medios, mientras que a otros les ayudan personas que se especializan en la trata de seres humanos. En un proyecto que recibe apoyo de la Unión Europea, UNICEF trabaja con el Gobierno de Yemen para impulsar reformas legislativas que impongan castigos más estrictos contra los tratantes y aumenten la responsabilidad de los padres y madres que abusan de su progenie.

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Desde que se inauguró en 2004, el centro de recepción Harad en Sana (Yemen), ha recibido a más de 10.000 niños.

En Yemen, el país más pobre del oriente medio, cerca de la mitad de la población vive con menos de 2 dólares al día y una persona de cada cinco vive por debajo del umbral internacional de pobreza fijado en 1,25 dólares al día. Según las últimas cifras de UNICEF, el 94% de los niños y niñas de Yemen de 2 a 14 años han sufrido algún tipo de disciplina violenta. Por ello, no es sorprendente que muchos sueñen con una vida mejor en otro lugar, tal vez con sus vecinos más acomodados de Arabia Saudita.

Sin embargo, lejos de la vida agradable que puedan haber imaginado, la mayoría de los niños y niñas que acaban en Arabia Saudita se ven obligados a mendigar o a realizar trabajos domésticos. Según las denuncias, muchos sufren abusos físicos o sexuales.

Niños en manos seguras

En un día caluroso de julio, el centro de recepción Harad daba acogida a nueve niños, entre ellos Khaled y Hamed. El centro es un edificio sin pretensiones en las afueras de Sana, a pocos kilómetros de la frontera saudita. Establecido por el Ministerio de Asuntos Sociales y Trabajo con apoyo financiero y técnico de UNICEF, el centro funciona en cooperación con la Fundación Al-Saleh, una organización no gubernamental nacional.

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Un dibujo en una pared del centro de recepción de Harad en Sana (Yemen), describe los horrores de la trata infantil.

Desde su inauguración en 2004 ha recibido a más de 10.000 niños, la mayoría varones.

Todos los niños que se encontraban en el centro con Khaled y Hamed dijeron que habían huido de sus hogares para escapar del abuso. Aunque ninguno de ellos había sido víctima de los tratantes, alrededor del 60% de los niños que arriban al centro Harad informan sobre este tipo de situaciones.

“Los niños que acuden aquí se encuentran en custodia de la policía de Yemen o de Arabia Saudita”, dice Nabil Shalif, que dirige el centro. “Reciben refugio y alimentos, atención médica, educación y apoyo psicológico”.

“No tienen que sufrir”

El personal de Shalif trabaja para reunir a los niños con sus familias lo antes posible, siempre que esté garantizada la seguridad del niño. Si no es así, al niño se le transfiere a un centro de atención más permanente en Sana.

“Si no hiciéramos ese trabajo, esos niños probablemente se encontrarían en la calle”, dijo. "Desconocen sus derechos y no comprenden que no tienen por qué sufrir abusos en el hogar. Cuando acuden al centro, comienzan a pensar en todo esto. Aprenden que el abuso está mal y conocen su condición jurídica”.

El futuro de Khaled no está muy claro pero después de una breve estancia en el centro sabe ya mucho más sobre cuáles son sus opciones. Ir a Arabia Saudita por cuenta propia ya ha dejado de ser una posibilidad.

“Si regreso a casa, me gustaría estar con mi abuela”, dice. “Si no es posible, tal vez podría vivir en el centro para niños de Sana”. Hace una pausa, mira brevemente a su hermano más pequeño, y añade con una voz solemne: “Cualquiera que sea lo que ocurra, sólo quiero que alguien bondadoso se ocupe de nosotros y nos ayude a volver a la escuela”.


 

 

Alianza de UNICEF y la Unión Europea

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