Uganda

Ayuda a los ex niños soldados de Uganda

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uganda/2007/Hyun
Sarah, que fue secuestrada por un grupo armado y logró posteriormente su libertad, juega con su hijito en el campamento de personas desplazadas de Amuru, en la región septentrional de Uganda.

Por Chulho Hyun

AMURU, Uganda, 16 de julio de  2007 – Sarah (no es su nombre real) fue secuestrada por el Ejército de Resistencia del Señor cuando tenía siete años de edad, y no se reunió con su familia hasta el año pasado, cuando ya contaba con 17. La reunión fue posible gracias a la ayuda de la organización World Vision, una aliada de UNICEF en la ejecución de diversas actividades y programas.

Sarah pudo regresar a su familia cuando un jefe del Ejército de Resistencia del Señor aceptó su pedido, dado que estaba embarazada. Si la liberación de los niños y niñas secuestrados por los grupos armados es un acontecimiento muy poco frecuente, los casos de cautivos que logran huir son todavía más escasos. Un hermano de Sarah, por ejemplo, también fue secuestrado y se teme que haya muerto en cautiverio.

UNICEF ayuda a los niños y niñas secuestrados que han recuperado la libertad, como Sarah, dando apoyo a centros en los que reciben orientación psicosocial y que también se dedican a localizar a las familias de los menores secuestrados. En esas labores, UNICEF cuenta con aliados muy importantes, como la organización comunitaria Empowering Hands, una agrupación de apoyo entre pares que fue fundada en 2004 por personas que habían sufrido cautiverio.

La potenciación por medio de la música y la danza

Empowering Hands organiza debates en las comunidades y crea conciencia en la población acerca de los secuestros de niños y niñas mediante presentaciones musicales y representaciones teatrales. Las recaudaciones de esas representaciones artísticas se destinan a un fondo rotatorio con el que se ayuda a los integrantes de la agrupación a poner en marcha proyectos de generación de ingresos. Sarah forma parte de la compañía musical y de danzas de Empowering Hands en el campamento de Amuru. Hoy en día, la joven habla esperanzada sobre la posibilidad de reanudar sus estudios escolares mientras se gana humildemente la vida como costurera y se mantiene a sí misma y a su hijo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uganda/2007/Hyun
La compañía de música y danzas “Empowering Hands” recorre la calle principal del campamento de personas desplazadas de Amuru bailando al ritmo de la “Danza Roya”.
“Debido a mi participación en Empowering Hands, mi vida es ahora más llevadera”, comenta Sarah. “Comienzo a ver posibilidades”.

Este año, más de 2.000 niños y niñas ugandeses que sufrieron cautiverio han recibido ayuda de agrupaciones de apoyo basadas en la comunidad como Empowering Hands. El número de casos registrados de secuestros de niños y niñas ha ido disminuyendo desde agosto de 2006, cuando el Gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor acordaron un histórico cese de las hostilidades. Sin embargo, aún no se vislumbra la liberación de unos 1.500 niños, niñas y mujeres que permanecerían todavía en manos de esa facción rebelde.

Apoyo comunitario

“Para que las vidas de los ex secuestrados puedan volver a la normalidad, es necesario que la mayor parte del apoyo que reciben provenga de sus comunidades”, afirma Keith McKenzie, que dirige las operaciones de UNICEF en Uganda. “Si no se les brinda a la comunidad y a los liberados la oportunidad de sentirse dueños del esfuerzo, se está desperdiciando la posibilidad de que los niños y jóvenes, que son nuestros recursos más valiosos, crezcan en un clima de paz y tolerancia”.

La participación plena de la comunidad constituye un componente integral de la creación de un ámbito de protección para los liberados y sus familiares. Las comunidades pueden resolver de manera conjunta los problemas del estigma de las víctimas, la falta de recursos económicos, la vulnerabilidad  y otros desafíos que generalmente confrontan quienes han sufrido secuestro y cautiverio.

La preocupación inmediata de Sarah, que vive con su hijo en una choza de barro con techo de paja, es el futuro del pequeño. Sarah afirma que el niño tendrá que ir a la escuela y recibir atención médica adecuada. Y dice que su hijo no tiene por qué sufrir las pesadillas de los combates que debió padecer ella.

“Me siento muy enojada por lo que sucedió, porque no debió haber sucedido”, afirma Sarah en voz baja. “Quiero que todos aquellos en cuyo poder esté hacer algo para poner fin a esta guerra lo hagan”.


 

 

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