Uganda

La historia de Milly: una nueva vida tras una infancia sumida en la guerra

Imagen del UNICEF: Uganda ceasefire
© UNICEF Uganda/2006/Hyun
Milly Auma acompañada por Nancy, su hija de ocho años de edad, y la pequeña Peace, que nació a principios de año. La Sra. Auma fue secuestrada y obligada durante un año a prestar servicios al Ejército de Resistencia del Señor, en Uganda.

Por Chlho Hyun

UNICEF quiere expresar su satisfacción por el alto el fuego que se logró en Uganda y que podría allanar el camino para que miles de niños y niñas se reúnan con sus familias tras haber sido obligados a sumarse a las fuerzas y organizaciones armadas durante la guerra civil. Milly Auma, que  tenía 12 años de edad cuando fue capturada, ahora cuenta su historia.

GULU, Uganda, 30 de agosto de 2006 – Milly Auma fue secuestrada de su comunidad por el Ejército Resistencia del Señor cuando aún estaba cursando estudios primarios. Pasaron 10 años antes de que pudiera escapar de sus captores, y para entonces ya era madre de dos niñas. Pero cuando regresó a su hogar en Gulu, lejos de recibir una bienvenida, muchos vecinos de su aldea la repudiaron.

“Algunos dijeron que yo había ingresado al Ejército de Resistencia del Señor por mi propia voluntad", dice la Sra. Auma, que ahora tiene 26 años de edad. "Me acusaba de contaminarlos con mi espíritu maligno".

Muchas otras personas que fueron secuestradas denuncian que al regresar a sus comunidades fueron difamadas y discriminadas. La situación se tornó tan difícil para Auma que la mujer llegó a considerar la posibilidad de regresar a las filas del Ejército de Resistencia del Señor si no lograba que la comunidad las aceptara a ella y a sus hijas, que entonces tenían dos y cuatro años, respectivamente.

“Entre la gente joven que estuvo en las filas del Ejército de Resistencia del Señor y las comunidades en las que viven ahora existen tensiones", explica  Martin Mogwanja, jefe de operaciones de UNICEF en Uganda. "Para la lograr una paz duradera en la región septentrional de Uganda es necesario resolver esas diferencias de manera integral y en forma tal que se fomente el desarrollo de toda la comunidad”.

La decisión de sobrevivir

Desde el comienzo de la guerra civil que conmovió al país durante 20 años, el Ejército de Resistencia del Señor ha secuestrado a unos 25.000 niños, entre ellos 7.500 niñas. Muchas de ellas, como la Sra. Auma, fueron obligadas a entablar relaciones sexuales y tuvieron hijos.

Lo que en definitiva hizo posible que la Sra. Auma se adaptara a su nueva vida adulta fue la misma decisión que antes le había permitido sobrevivir a su cautiverio. En esta oportunidad contó con la ayuda de la Asociación de Trabajo Social Juvenil, una organización comunitaria que recibe apoyo de UNICEF y varios aliados.

La Asociación lleva a cabo labores orientadas a reintegrar en la sociedad civil a personas que fueron secuestradas en su infancia, así como a otros adolescentes vulnerables. Entre los proyectos de esa Asociación figuran las actividades destinadas a generar ingresos, las de orientación entre pares, y los cursos de capacitación en materia de liderazgo y de aptitudes para los negocios.

 La gente ve que tengo éxito

El programa que pone en práctica la Asociación de Trabajo Social Juvenil se llama “Twiga”, que en suahili significa jirafa, un animal que en esa región es admirado por su capacidad para ver de lejos y en todas las direcciones.

En 2005, la Sra. Auma puso en práctica las aptitudes que había adquirido para iniciar una empresa de transporte y venta en los mercados de Gulu de pescado de agua dulce que transporta desde el río Nilo, a la altura de Jinja. Las ganancias de la primera operación comercial fueron de unos 50 dólares, suma que la mujer duplicó en un segundo viaje. La Sra. Auma se propone ahora alquilar un lote de tierra para cultivar hortalizas para la venta.

“Ahora manejo un negocio y la gente ve que tengo éxito", comenta la Sra. Auma, que también recibe capacitación para brindar orientación psicológica a los adolescentes vulnerables. "Nadie debería decir que soy una inútil. Ahora, si alguien dice algo negativo sobre mí, simplemente lo ignoro".

Jane O’Brien colaboró desde Nueva York en la elaboración de este artículo.


 

 

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