Uganda

Una niña de Uganda, huérfana a causa del SIDA, protege a su familia

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uganda/2004/Hyun
Agnes al lado de la tumba de su madre.

El Estado Mundial de la Infancia de 2006 se presentará el 14 de diciembre. En las próximas semanas antes de la presentación del informe ofreceremos una serie de historias sobre niños y niñas que están excluidos e invisibles como resultado de los conflictos armados, la pobreza, el VIH/SIDA, la discriminación y las desigualdades. Sus historias reflejan las experiencias de millones de otros niños y niñas que sufren todos los días la vulneración de sus derechos.

MASAKA, Uganda - Aunque el humo le hace llorar, la niña sigue acomodando la mandioca –envuelta pulcramente con hojas de plátano– sobre el fogón, sin protección alguna en sus manos. Agnes Nabukalu, de 16 años, quedó huérfana a causa del SIDA. En este momento se encuentra preparando el almuerzo para su familia en el distrito de Masaka, Uganda.

“Yo solo pido a mis hermanos que obedezcan tres normas”, dice Agnes. “No salir de casa por la noche, decir una oración antes de comer y trabajar en el jardín los sábados, cuando no hay que ir a la escuela. Ellos siempre me obedecen; además, saben que soy estricta”.

El tono de su voz y el talante confiado reflejan una madurez poco común en los jóvenes de su edad. Escuchar el relato de las dificultades que ha enfrentado permite entender esa actitud: la muerte de sus dos progenitores a causa del SIDA (su padre falleció en 1995; su madre, en 2002), la huida del hogar de una hermana mayor de la que nunca se volvió a tener noticia y la hospitalización de un hermano menor a raíz de problemas psicológicos. Un hermano y una hermana, de 5 y 12 años, respectivamente, viven con Agnes en la tierra de su familia en la aldea de Butende, y dependen totalmente de ella. Como es la mayor de los tres, ha tenido que madurar prematuramente para poder sobrevivir.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uganda/2004/Hyun
Agnes ha estado asistiendo a un taller de corte y confección, que recibe apoyo de UWESO y UNICEF, y ya ha vendido algunas camisas y pantalones.

En 1995, el 42% de los huérfanos de Uganda perdieron a sus progenitores a causa del SIDA, mientras que, en 2003, el 48% de los 2 millones de huérfanos del país (940.000) perdieron a sus progenitores por la misma causa.

“Cuando nuestra madre estaba al borde de la muerte, sentíamos muchísimo temor de quedar solos. En esos momentos yo pensaba que no había esperanza, pero recuerdo que ella insistía en que permaneciéramos juntos. Mamá no quería que la familia se separara. Ella decía que los mayores debían cuidar a los menores, y yo soy la mayor. Entonces, si yo me iba, ¿quién se haría cargo de mis hermanos?”

Tras quedar huérfanos, para Agnes fue más fácil comprender la última voluntad de su madre que ponerla en práctica. Incapaz de alimentarse y protegerse adecuadamente a sí misma y a sus hermanos, todos se enfermaban con frecuencia. El hogar se desorganizó, al igual que los cultivos. Era evidente que se necesitaba ayuda externa.

La ayuda para la familia Nabukalu llegó gracias a la organización no gubernamental Uganda Women’s Efforts to Save Orphans (UWESO). En 2002, esta ONG financió la construcción de una casa de bajo costo para los miembros de esa familia, con materiales y mano de obra suministrados por la comunidad. UWESO también organizó la siembra de mandioca, plátano y batata en el jardín de la casa, y creó un sistema para que los miembros de la comunidad –como la familia Buka, que vive cerca– estuvieran pendientes de las necesidades de los niños.

“Cuando eres el padre o la madre de un niño, también lo eres de todos los niños”, dice Patrick Rwahwire, coordinador del proyecto de UWESO en el distrito de Masaka. Rwahwire recalca que el papel de su organización es alentar a la comunidad a responsabilizarse de los niños, y que los resultados han sido positivos. “El SIDA está azotando a muchísimas familias en muchos lugares”, dice. “Debemos seguir encendiendo las alarmas, y cada vez con mayor vigor”.

Sheila Marunga Coutinho, oficial de proyectos de UNICEF para asuntos relacionados con los huérfanos y otros niños vulnerables de Uganda, está de acuerdo con esa apreciación. UNICEF está colaborando con los gobiernos locales, UWESO y otras ONG para implementar la política nacional de atención y asistencia a los huérfanos por el SIDA, mediante un programa que actualmente se lleva a cabo a nivel experimental en los distritos de Masaka, Adjumani, Bugiri y Kabarole.

“El mundo ha sido testigo de los avances de Uganda en la lucha contra la propagación del VIH/SIDA, pero ¿se ha hecho lo suficiente por los niños y las niñas cuyos progenitores mueren a causa de esta enfermedad?”, dice Coutinho. “La respuesta es que todo lo que se ha hecho es insuficiente ante la dimensión del problema. Lo que sí podría marcar una gran diferencia es un mayor compromiso por parte de quienes tienen que ver con las futuras generaciones de Uganda. El caso de la familia Nabukalu muestra que muchas niñas y mujeres que sufren las terribles consecuencias del VIH/SIDA son muy fuertes y tienen una gran capacidad de recuperación, siempre y cuando cuenten con el apoyo adecuado”.

Según Coutinho, la meta para Uganda en cuanto al VIH/SIDA es reducir la vulnerabilidad de todos los menores, entre ellos los niños y las niñas de los distritos del norte y el nordeste afectados por el conflicto.

En Butende, la pintoresca aldea donde viven los hermanos Nabukalu, los avances son lentos, pero seguros. Agnes se prepara en este momento para su caminata diaria de 30 minutos hasta el taller donde toma un curso de costura patrocinado por UWESO y UNICEF, que le permitirá ganarse la vida. Ella se siente orgullosa, pues ya ganó algo de dinero vendiendo sus “camisas y pantalones de buen diseño”. Su hermana se encargará hoy de la casa mientras Agnes está fuera. Su hermano menor está en la escuela. Agnes afirma que la situación de su familia ha mejorado desde que los miembros de la comunidad empezaron a ayudarles y a interesarse en ellos.

“Vino gente a construir la casa y a preparar la tierra para el cultivo. Así, pudimos tener más alimentos”, dice. “La gente de la comunidad fue para nosotros otro rayo de esperanza. Esta casa se construyó a base de esperanza”.


 

 

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