Tanzanía, República Unida de

La prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo en Kigamboni, Tanzania

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tanzania/2007
Con frecuencia, las mujeres de Tanzania dependen financieramente de sus maridos, de manera que las que están infectadas con el VIH resultan especialmente vulnerables a la difamación y otras formas de degradación.

Por Dominick Mwita

KIGAMBONI, Tanzania, 26 de septiembre de 2007 – Dalila (no es su nombre real), es una madre soltera de 38 años de edad que vive con VIH. El cuidado de su hija de un año, sumado a la atención que se debe dedicar a ella misma, le resulta una carga casi intolerable.

“Cuando me enteré de los resultados de la prueba del VIH casi abandono toda esperanza en la vida”, comenta la mujer, que aclara que ya superó el impacto inicial y el sentimiento de impotencia que la embargó al recibir esa noticia.

Debido a su condición médica y a que tiene que criar a su hija, Dalila ha sufrido penurias económicas.

“Me quedé sin dinero cuando todos mis gastos aumentaron súbitamente”, se lamenta.

Afortunadamente, Dalila recibe ahora apoyo y orientación del Programa de prevención de la transmisión del VIH/SIDA de madre a hijo, que implementan conjuntamente el Gobierno de Tanzania y UNICEF.

Una nueva oportunidad en la vida

La Dra. Teresia Idiva, del Centro Médico Kigamboni, afirma que el programa les ha dado a muchas mujeres que viven con el VIH una nueva oportunidad en la vida. En el Centro se les brinda orientación y tratamiento para prevenir las infecciones oportunistas. Tanto las madres como los recién nacidos reciben también medicamentos antirretrovirales.

“Mediante el empleo de esos medicamentos hemos logrado prevenir la infección con el VIH de madres a hijos”, explica la Dra. Idiva.

Pero a muchas mujeres tanzanias que, como Dalila, viven con el VIH les resulta muy difícil sobrevivir. Tanto las mujeres como sus hijos e hijas corren peligros excepcionales debido la difamación de la que son objeto. Dalila cuenta que cuando le informó a su pareja que estaba infectada, él se rió de ella.

“Por lo general, los maridos no acompañan a sus esposas a las clínicas, los exámenes y las sesiones de orientación. Lamentablemente, también les resulta muy difícil aceptar que sus cónyuges están infectadas con el VIH o tienen SIDA”, añadió la Dra. Idiva. 

Además, muchas mujeres no cuentan con fuentes de ingresos independientes y si sus maridos las abandonan quedan en la miseria. Debido a que friendo y vendiendo los panecillos conocidos localmente como mandazi Dalida no lograba generar ingresos suficientes para mantenerse a sí misma y a su hija, sólo logró sobrevivir gracias a donaciones.

“En su mayoría, las mujeres se quedan sin marido no bien anuncian que están infectadas con el VIH”, explica la Dra. Idiva.

Una razón para seguir viviendo

Dalila se enteró de que tenía el VIH en el año pasado en el Centro Kigamboni, cuando estaba embarazada de cinco meses. Maimuna Awadh, una auxiliar de laboratorio del Programa de prevención de la transmisión del VIH/SIDA de madre a hijo, le brindó orientación y la alentó a que no se rindiera.

“Me convenció de que a pesar de todo me quedaba toda una vida por vivir”, recuerda Dalila. “Y el nacimiento de mi hija me dio otra razón para seguir viviendo”.

Dalila espera que su hija, que también ha recibido tratamiento con medicamentos antirretrovirales, crezca y tenga una vida saludable y plena. A pesar de las muchas dificultades en su vida, Dalila ha adquirido coraje y conocimientos suficientes para confrontar el estigma del que, desgraciadamente, es objeto.


 

 

Campaña contra el Sida


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