Panorama: República Árabe Siria

Ayudando a los niños sirios desplazados a superar los efectos del conflicto

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syrian Arab Republic/2013/Hassoun
Los niños desplazados juegan en un centro de apoyo de UNICEF en Tartous. Jugar, un derecho fundamental del niño, es una forma de asistencia psicosocial para ayudar a los niños a recuperar un sentido de normalidad en medio del conflicto.

Por Alma Hassoun

En la República Árabe Siria, UNICEF llega a los niños mediante su apoyo a los clubes escolares y los espacios amigos de la infancia, algunos de ellos móviles. La funcionaria de UNICEF Alma Hassoun se reunió con niños sirios desplazados en Tartous.

TARTOUS, República Árabe Siria, 10 de septiembre de 2013 – En una tranquila zona montañosa de Tartous, los combates y la destrucción que afecta a otras partes de la República Árabe Siria parecen estar muy lejos.

Unos 6,8 millones de personas, o un tercio de la población total del país, han sufrido los efectos del conflicto armado, entre ellos más de 3 millones de niños. Unos 4,25 millones de personas han tenido que desplazarse de sus hogares.

Apoyo a la infancia

Yo formé parte de un equipo de UNICEF que visitó un centro en el que se ofrece apoyo psicosocial a cientos de niños y niñas desplazados en la zona. Un aliado religioso de UNICEF, Aniss Saade, proporciona a los niños una serie de actividades, como el arte y el deporte, la educación basada en las aptitudes para la vida y el apoyo social especializado.

Las actividades, que se realizan en el centro, así como por medio de tres equipos móviles que dan servicio a los pueblos de los alrededores, ayudan a los niños a abordar las experiencias relacionadas con el conflicto y les permiten recuperar una infancia más normal. Los niños desplazados se enfrentan a muchos retos, incluido el ajuste a una nueva vida lejos de sus antiguos hogares, comunidades y amigos.

UNICEF apoya alrededor de 500 clubes escolares en todo el país, y llega a cerca de 160.000 niños con educación y apoyo psicosocial. Los niños también reciben apoyo psicosocial a través de los espacios amigos de la infancia, entre los cuales hay varios equipos móviles y actividades para los adolescentes.

El sonido del juego

El centro, ubicado en Tartous, una zona rural, está rodeado de olivos y laderas de piedra escalonada. El sonido de los niños que juegan y participan en las actividades se propaga por el aire fresco del campo. Parece que la ubicación es, en sí misma, un bálsamo para estos niños, junto con los programas en los que participan.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syrian Arab Republic/2013/Hassoun
Una niña desplazada de Aleppo muestra las ilustraciones que hizo durante las actividades psicosociales apoyadas por UNICEF en Tartous. El arte ayuda a los niños a abordar los traumas que han sufrido.

Cuando entré en el centro, unos 50 niños estaban sentados en el suelo para ver en una película sobre las prácticas del lavado de manos. Competían con entusiasmo para responder a las preguntas del instructor acerca de la higiene.

Más de 4.000 familias han buscado refugio en esta parte de Tartous, después de haber huido de la inseguridad de ciudades como Homs, Alepo y Hassakeh. Los niños me hablaron del espanto de los sonidos de los bombardeos en sus lugares de origen.

La mayoría de las familias están alquilando apartamentos o viven con familias de la zona, mientras que otros están al cuidado de la comunidad de acogida. Un número relativamente pequeño de familias viven en refugios.

El centro y los equipos móviles atienden a cerca de 350 niños y niñas desplazados en 52 aldeas, y el objetivo es incluir a muchos más niños en el programa.

Maduros para su edad

Más tarde, durante la visita, los niños se trasladaron al patio exterior para realizar actividades de arte. Los voluntarios distribuyeron pequeñas paletas de plástico y papel blanco. Los niños se sentaron en grupos sobre la hierba y pintaron. Muchas de las escenas eran brillantes y coloridas.

Lo que me pareció sorprendente fue la madurez de estos niños con respecto a su edad. Incluso un niño de 4 años de Homs me contó en detalle cómo sus familiares habían comenzado a huir de uno en uno.

Hablé con Rafi*, de 12 años, que está a la espera de saber el resultado de la solicitud de su familia para emigrar. La familia de Rafi había tenido que huir de Hassakeh hacia Damasco unos meses antes, pero cuando la violencia comenzó a aparecer en su nuevo barrio se trasladaron de nuevo, esta vez a la gobernación de Tartous.

Estos niños y niñas desplazados están recibiendo un apoyo inestimable, pero las necesidades en todo el país son enormes, y cada vez mayores.

Bisher

Después de viajar a la ciudad de Tartous, conocí en la calle a un muchacho de 12 años. Bisher* había huido de la ciudad de Alepo con su familia hacía seis meses debido a los feroces combates.

Miles de personas están viviendo en 21 refugios en Tartous, donde reciben acceso a diversos tipos de ayuda humanitaria. Además, miles de personas están viviendo en la comunidad de acogida local.

Bisher me dijo que había aprobado el quinto grado el año anterior en Aleppo. En esa época podía ir a la escuela, ya que su padre conducía un taxi y se ganaba bien la vida. Cuando tuvieron que desplazarse, Bisher y su hermano mayor decidieron ayudar a su padre. Empezaron a recoger botellas de plástico para venderlas, después de haber visto que otros niños hacían lo mismo en Aleppo. “Mis amigos están todavía en Aleppo”, me dijo Bisher. “Allí se oye todo el tiempo el ruido de los combates”.

Sufrir los efectos del conflicto y el desplazamiento puede tener graves efectos sobre el bienestar de los niños, pero yo estaba impresionada con las actividades centradas en los niños que vi en Tartous, y también con la capacidad de recuperación de los niños que conocí.
Bisher tenía grandes esperanzas para el próximo año. “Me gustaría poder ir este año a la escuela”, me dijo con una gran sonrisa.

*Los nombres se han cambiado.


 

 

Fotografía UNICEF: Crisis en Siria

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