Panorama: República Árabe Siria

Diario de campo en Siria: Los niños son testigos de la muerte y el derramamiento de sangre

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syria/2013/Touma
En una escuela convertida en refugio en Damasco, Rida, de 5 años de edad, cansada y sin dormir, dice: "Echo de menos mi pequeña habitación en Deraa. No puedo estar allí ahora, ya que ha sido bombardeada."

Por Juliette Touma

Una trabajadora humanitaria regresa a Damasco después de un año y encuentra una situación de sufrimiento desesperado.

DAMASCO, República Árabe Siria, 24 de julio de 2013 - La primera vez que fui a la República Árabe Siria fue en el verano de 2012 con la Misión de Supervisión de las Naciones Unidas en la República Árabe Siria (UNSMIS). A pesar de los combates entre las fuerzas gubernamentales y la propagación de la oposición armada, viajé por todo el país. Visité aldeas que habían sido totalmente despojadas de la vida humana, y entré en casas incendiadas.

En una casa había un piano y estanterías organizadas perfectamente con libros para niños, había un ordenador en una esquina, y una hermosa lámpara colgada del techo, que milagrosamente había sobrevivido al fuego.

También conocí a gente común y me contaron historias de profunda tristeza, miedo, desplazamiento, muerte, asesinato, tortura, secuestro y desaparición forzada.

Salí del país en agosto del año pasado, pero nunca me fui. La idea de volver me ha perseguido desde entonces.

Regresando

La semana pasada, fui de nuevo, esta vez con UNICEF, y vi cómo las cosas se han deteriorado desde mi viaje anterior. La destrucción es indescriptible.

En una escuela de Damasco, convertida en un refugio para personas desplazadas internamente, conocí a Shadi, de 8 años de edad, una de los 4,25 millones de personas que han sido obligadas a abandonar sus hogares para huir de la violencia de la guerra. Muchas de ellas han buscado refugio en las escuelas.

Shadi es palestina. Sus abuelos salieron de la pequeña ciudad de Tiberíades en el mar de Galilea en 1948, buscando refugio en lo que entonces se llamaba la República Siria. Hoy en día, hay cerca de medio millón de refugiados palestinos en la República Árabe Siria, según la Agencia de Naciones Unidas de Obras Públicas y Socorro a los Refugiados de Palestina.

Más de la mitad de refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS) han sido desplazados por partida doble, como consecuencia del conflicto sirio.

Shadi, sosteniendo mi mano con fuerza, me llevó a una habitación pequeña y me presentó a Shirine, voluntario de la Media Luna Roja Árabe Siria (SARC). Con el apoyo de UNICEF, SARC está proporcionando terapia de arte a los niños cuyo mundo se ha tornado al revés, debido a este conflicto.

"Hay niños aquí que siguen hablando de la muerte, los que fueron testigos de la detención, de las lesiones e incluso de la muerte de los miembros cercanos de la familia", dice Shirine. "El trabajo que hacemos aquí, a través del dibujo, el teatro, la música y el deporte los hace sonreír de nuevo, aunque sea por un rato."

Afuera, en el patio de la escuela, algunos niños estaban jugando balonmano. Rida, de 5 años, se quedó sola, y no formó parte del grupo. "Tengo tanto sueño. Hay demasiado ruido aquí y siempre estoy cansada", dice. "Echo de menos mi pequeña habitación en Deraa. No puedo hacerlo ahora, ya que ha sido bombardeada”.

Luchando para proporcionar lo básico

Dentro del refugio se encuentra uno de los más de 450 clubes escolares que apoya UNICEF para ayudar a los niños a ponerse al día en sus estudios y participar en actividades con sus compañeros.

Los cientos de miles de familias desplazadas por el conflicto sirio necesitan asistencia humanitaria urgente, y las agencias de ayuda están luchando para mantenerse al día. UNICEF está ayudando a proporcionar agua potable, saneamiento adecuado, escuelas, vacunas y espacios seguros donde los niños pueden recuperarse de los horrores de los combates.

Estos son los productos de primera necesidad para que los niños y sus familias puedan sobrevivir y vivir con dignidad, hasta que quizás algún día puedan reconstruir sus hogares y sus vidas.


 

 

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