Sudán

Educación para los estudiantes desplazados por el conflicto en el Sudán meridional

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Sudan/2008
Clase al aire libre en la Escuela Primaria Juoljok, que funciona en la localidad sudanesa de Agok, en la que estudian muchos niños y niñas desplazados.

Por Jo Dunlop

AGOK, Sudán, 3 de octubre de 2008 – Deng Ring, de 18 años de edad, forma parte del nutrido grupo de alumnos nuevos de la Escuela Primaria Juoljok, que funciona en Agok, en el Sudán meridional. Se trata de niños y niñas que tuvieron que abandonar sus hogares en Abyei, a 45 kilómetros al norte de Agok, debido al reciente recrudecimiento de los enfrentamientos armados.

“Estoy decidida a terminar mis estudios primarios. Esa es mi esperanza”, dice Deng. Durante los períodos de conflicto armado o desplazamientos de la población, la continuación de la educación ayuda a crear una sensación de normalidad y cotidianeidad que satisface las necesidades inmediatas de los jóvenes como Deng.

Pese a que en enero de 2005 en el Sudán se firmó un acuerdo de paz, el país continúa azotado por los conflictos. Las fuerzas del norte y el sur del país se disputan tenazmente la región de Abyei, que cuenta con ricos campos de petróleo. Tras un prolongado aumento de las tensiones entre el Ejército de Liberación Popular del Sudán, que predomina en la parte meridional del país, y las Fuerzas Armadas sudanesas, que controlan la zona septentrional, a mediados de mayo de este año se reanudaron los combates en esta localidad.

La violencia continuó durante casi tres semanas, en las cuales la ciudad de Abyei quedó prácticamente destruida y 50.000 pobladores de la región resultaron desplazados. La situación afectó a miles de niños, que corren peligro de que se interrumpan sus estudios escolares.

“Por ahora estamos a salvo”

Al desatarse el conflicto en Abyei, la vida de Deng cambió radicalmente. Ella, al igual que su compañera Monica Achol, se vio obligada a huir de esa ciudad con poco más que lo que llevaba puesto. Por ahora, ambas amigas están refugiadas en Agok.

“Huí de Abyei con mi madre. Mi padre murió en los combates”, recuerda Deng con tristeza. “Me siento muy mal y estoy muy enojada, aunque las cosas han comenzado a mejorar. Por ahora estamos a salvo, pero quiero regresar a Abyei, porque esa es mi tierra natal”.

Monica se alejó de Abyei en circunstancias similares. Cuando se iniciaron los enfrentamientos, la niña huyó al monte y caminó durante todo un día hasta que llegó a Agok, donde se reunió con sus padres. Pese a que se encuentra relativamente a salvo, está muy preocupada por la seguridad de su abuela.

“He escuchado muchas historias sobre la gente que muere en los combates y sobre las personas que quedan separadas de sus familias”, explica Monica. “No sé muy bien dónde está mi abuela, que no pudo venir con nosotras porque es muy mayor. Espero que todavía esté en Abyei. La extraño mucho”.

Clases al aire libre

Debido a que han podido regresar a clases, Deng, Monica y miles de estudiantes como ellas disfrutan ahora de un mínimo de estabilidad pese a que confrontan un futuro incierto.

La Escuela Primaria Juoljok cuenta con 836 alumnos y alumnas, 300 de los cuales llegaron en los últimos tres meses de Abyei. Al igual que en muchas escuelas del Sudán meridional, en ese establecimiento la mayoría de las clases se dicta a la sombra de los árboles. Durante la prolongada estación de lluvias, es frecuente la cancelación de las clases.

El director de la escuela, Peter Majok Deng, está decidido a ayudar a los nuevos estudiantes. Sin embargo, le preocupan las condiciones de hacinamiento en el establecimiento y la constante escasez de recursos.

Esperando el retorno de la paz

“Recibimos nuevos alumnos todos los días y tenemos la obligación de ayudarles”, afirma el director de la escuela. “Sin embargo, no disponemos de suficientes maestros y tenemos que dar casi todas las clases al aire libre. Me siento agradecido a UNICEF por todo lo que nos ha dado y por lo que esa ayuda significa para nuestros alumnos y maestros”.

UNICEF suministró a la escuela Juoljok tiendas de campaña que se emplean como aulas, así como materiales escolares esenciales. Entre ellos, cuadernos, pizarras y plumas. Con esos suministros ha comenzado la restauración de las escuelas y del sistema educación del Sudán y la reactivación del país en general.

En Agok y alrededores acampan unas 40.000 desplazados que esperan el retorno de la paz y la posibilidad de regresar a sus hogares y reconstruir sus vidas. Los niños y niñas de esas familias desplazadas, cuyas vidas han sido profundamente alteradas, pueden al menos confiar en que continuarán yendo a la escuela.


 

 

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