Sudán

En el Sudán Meridional, 250 niños soldados desmovilizados cambian las armas por los libros de texto

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© UNICEF Sudan/2006/Bowers
Varios de los 250 niños y niñas soldados que fueron desmovilizados en la aldea de Khorfulus, Estado de Jonglei, en el Sudán Meridional

Por Debra Bowers

KHORFULUS, Estado de Jonglei, Sudán, 25 de abril de 2006 – “Tenemos la firme decisión de desmovilizar este año a todos los niños y niñas soldados”, anunció hoy durante una emotiva ceremonia Benjamin Gimba, Director Ejecutivo de la Comisión de Desarme, Desmovilización y Reintegración del Sudán Meridional.

Poco antes del anuncio, se había desmovilizado a unos 250 niños y niñas que integraban un grupo armado que operaba en la región. El histórico acontecimiento fue la mayor desmovilización de niños soldados desde la firma del acuerdo integral de paz, mediante el cual el Movimiento y Ejército Popular de Liberación del Sudán y al Gobierno de ese país se comprometieron a desmovilizar a los niños soldados en todo el territorio nacional.

Asistieron a la ceremonia de dos horas de duración funcionarios locales, oficiales militares, padres y madres, dirigentes religiosos y representantes de organismos de las Naciones Unidas. Tras un desfile final, los niños y niñas depusieron sus armas y entregaron sus uniformes, y recibieron vestimentas usadas y libros de texto de la escuela local.

Sarah, de 13 años de edad, fue una de las 40 niñas que fueron desmovilizadas junto con unos 200 varones. “A partir de hoy, dejaré de ser soldado”, comentó, “y me convertiré en estudiante”.

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Tres niños forman fila durante la ceremonia de desmovilización, que se llevó a cabo a orillas del Río Sobat, en el Sudán Meridional.

Entrega de las armas

La madre de Sarah, Nyakuach Mayang, también es soldado. “Amo este día porque representa un símbolo de paz”, comenta. “Mi hija Sarah tendrá una vida diferente a la mía, tendrá más oportunidades. Quizá no tenga que ser testigo de tanta muerte”.

Cuando Sarah tenía seis años, su padre murió luchando en la guerra civil que dividió al Sudán durante 21 años y en la que murieron dos millones de personas y cuatro millones más resultaron desplazados. Tras la muerte de su marido, la madre de Sarah se sumó al ejército y la niña inició su entrenamiento militar a los nueve años, cuando aprendió marchar y a usar un fusil automático.

Durante los últimos años, Sarah fue asignada a diversas misiones de cinco o seis días de duración en las que debía alejarse de su hogar para transportar suministros, cocinar y realizar tareas de limpieza para sus camaradas de armas. Algunas de esas armas yacen hoy amontonadas al pie de un mástil en Khorfulus, y lo que empuña Sarah, con una enorme sonrisa, es un libro de texto de inglés de primer grado de primaria.

"Este episodio de desmovilización es muy importante, y no sólo para estos niños”, señala Dombek Deng, Oficial de Protección Infantil de UNICEF. “Es importante porque pudimos liberarles de sus obligaciones militares antes de que fueran enviados a otras unidades distantes y resultará difícil localizarles”.

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Kim Jial, de la Oficina de UNICEF en el Sudán, ayuda a inscribir a los niños y niñas soldados que han sido desmovilizados.

”Ayudarles a que vayan a la escuela”

En lo que va del año, más de 400 niños y niñas han sido liberados del Ejército de Liberación Popular del Sudán y otras fuerzas y agrupaciones armadas en el Sudán Meridional. Se calcula que quedan aún por lo menos 2.000 niños y niñas más que deben ser identificados, inscritos y puestos a disposición de sus familias, a fin de que inicien el proceso de reintegración. Desde 2001, en el Sudán Meridional se ha desmovilizado a unos 20.000 niños y niñas.
 
Los docentes de Khorfulus, entretanto, se preparan para comenzar el nuevo año escolar, y cuentan para ello con suficientes libros de texto para todos los niños y niñas en edad escolar, incluso los que hasta hace poco formaban parte de las fuerzas militares. En los próximos días, y con el apoyo logístico de otros organismos de las Naciones Unidas y de las fuerzas de paz, UNICEF terminará de distribuir en toda la región elementos y materiales escolares adicionales, como lápices, tizas y cuadernos.
 
"No bien me enteré de que mi hijo estaba inscrito para ser desmovilizado me puse muy contento”, explica Joseph Bayak mientras pone sus brazos con gesto orgulloso sobre los hombros de sus hijos Simon, de 12 años de edad, y Musa, de 11.

“Así que imagínense lo feliz que estoy ahora con lo que sucedió hoy. Yo he sido soldado, y sigo siéndolo. Pero ahora que nuestros niños han obtenido la baja del ejército, les pido a ustedes que los ayuden para que puedan ir a la escuela y dejen de pensar como militares”.

Pero algunos hábitos son difíciles de superar. Al despedirse desde el bote en la margen del río, Sarah y Musa lo hicieron con un saludo militar.

Sabine Dolan colaboró con la elaboración de este artículo desde Nueva York

 

 

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