Sudán

Las escuelas vuelven a abrir sus puertas apenas semanas después que miles de personas huyeran de un nuevo ataque de las milicias en Darfur meridional

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2006/Kodsi
Mariam Mohamed Omar, de 15 años de edad, está preocupada por la manera en que el conflicto puede afectar su educación.

Por Nagui Kodsi

MANAWASHI, Darfur, 7 de marzo de 2006 – Pocas semanas después de que las milicias descendieran sobre la localidad de Mershing, en Darfur meridional, y obligaran a unas 57.000 personas a huir para salvar sus vidas, los niños y niñas ya están regresando a la escuela y se han restablecido en un 60% los servicios básicos a la población.

A fines de enero, unos 400 rebeldes janjaweed armados atacaron y saquearon Mershing, donde destruyeron muchos edificios y aterrorizaron a la población. Entre los que sufrieron los efectos de esos ataques figuraron más de 22.000 personas que residían en los campamentos para desplazados, y que habían llegado a Mershing huyendo de conflictos en otras partes del país.

Cuando en UNICEF se conocieron las noticias sobre el ataque, la organización envió un equipo de expertos para evaluar las necesidades de los niños y niñas en materia de atención de la salud, nutrición, suministro de agua y saneamiento ambiental, protección y educación, así como para evaluar posibles respuestas. Desde entonces, UNICEF y sus aliados han llevado a cabo las tareas necesarias para el restablecimiento de los servicios básicos y la reanudación de las actividades escolares en la región.

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En las aulas de Manawashi se dio albergue a personas que habían huido de un ataque de los milicianos a la vecina localidad de Mershing. Unas 20 familias vivieron hacinadas en cada aula.

El restablecimiento del sentimiento de normalidad

Cuando los milicianos descendieron sobre Mershing, Mariam Mohamed Omar, de 15 años de edad, huyó como todos los demás pobladores de su aldea. La adolescente caminó hasta la aldea de Manawashi, distante unos 12 km, donde, junto a muchos otros,  recibió albergue en una comunidad formada por personas que, a su vez, habían sido desplazadas por episodios de violencia previos. Los recién llegados fueron instalados en las escuelas y otros sitios públicos, pero debido al gran número de personas que se habían visto obligadas a huir de los milicianos, en algunas aulas llegaron a dormir hasta 20 familias. Otros no tuvieron más remedio que acampar bajo los árboles cerca del mercado.

“Mi aldea, incluso el campamento y el mercado, fueron saqueados y reducidos a escombros”, dice Mariam al recordar al borde de las lágrimas el ataque contra Mershing. “Nada se salvó de los camellos y caballos de los milicianos. Yo dejé allí todos mis libros”.
“Yo viví los últimos tres años en el campamento en Mershing” continuó diciendo la joven. “Así pude continuar con mis estudios escolares; fue fantástico. En la escuela aprendí mucho y ahora debo seguir estudiando”.

Uno de los objetivos principales de UNICEF consiste, precisamente, en garantizar que los niños y niñas puedan seguir estudiando durante las situaciones de crisis. Al asistir a la escuela, los niños pueden mantener un sentimiento de normalidad aún en medio de situaciones caóticas, y de esa manera mantener sus esperanzas con respecto al futuro. A tal fin, UNICEF ha comenzado a reconstruir las escuelas que resultaron destruidas en Mershing, y a rehabilitar las aulas escolares donde se alojaron provisionalmente las familias que buscaron refugio en Manawashi. UNICEF también suministra materiales escolares a los niños y niñas de ambas aldeas.

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Con la ayuda de un camión suministrado por el gobierno, los pobladores de Manawashi que habían buscado refugio en Mershing debido a la violencia regresan a su aldea.

Mariam ya ha regresado a Mershing, donde rendirá sus exámenes escolares este mismo mes. La niña, cuya ambición es ser docente, desea que todos los niños y niñas tengan acceso a la educación escolar. “Sin educación”, dice, “la vida no vale nada”.

Los más afectados son los niños y las mujeres

A pesar de los temores de que la violencia continúe, el Gobierno del Sudán alienta a los pobladores desplazados a que regresen a sus pueblos y campamentos. En este caso, el gobierno suministró medios de transporte a quienes deseaban regresar a Mershing y nombró un nuevo jefe de policía para aumentar la seguridad en la región.

Unas 45.000 personas ya han regresado a Mershing, pero otras 6.000 decidieron permanecer en Manawashi, mientras unas 6.000 más se instalaron en campamentos localizados en las cercanías de la ciudad de Nyala, a unos 80 km al sur, donde existen más oportunidades de empleo y mayores niveles de seguridad. UNICEF y otros organismos aliados aún suministran alimentos, recipientes de agua, clínicas móviles, letrinas y otras formas de apoyo a las víctimas del ataque rebelde de enero.

Como ha sucedido en otros conflictos, los niños y niñas y las mujeres también resultan en este caso los más gravemente afectados por la violencia en Darfur. Durante casi tres años, los grupos de milicianos janjaweed han estado expulsando a los aldeanos de sus hogares. El número de personas que han sufrido las consecuencias de este conflicto llega a 3,4 millones, y unos 1,4 millones de niños y niñas menores de 18 años –incluso más de 500.000 menores de cinco años– viven en campamentos para personas desplazadas.

Este año, UNICEF ha solicitado casi 167 millones de dólares estadounidenses para financiar sus labores en la región septentrional del Sudán, que abarca Darfur.

Rachel Bonham Carter colaboró desde Nueva York con la elaboración de este artículo.


 

 

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