Sudán
Diario de operaciones
15 mayo 2004: trabajando siete días a la semana para entregar provisiones
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| © UNICEF USA/2004/Thomas |
| Julianna Lindsey, Unidad de Intervenciones Humanitarias del UNICEF. |
Julianna Lindsey, de la Unidad de Intervenciones Humanitarias del UNICEF, recorre la región de Darfur, en el Sudán. La Unidad para la que trabaja ayuda a organizar las actividades del UNICEF en zonas de emergencia. A continuación figuran las primeras anotaciones hechas en su diario, que reflejan su visión personal de lo que allí ocurre.
DARFUR, 15 de mayo de 2004: He venido hasta Darfur con el fin de visitar nuestras tres oficinas locales de Nyala, Geneina y El Fasher. Colaboradores autóctonos e internacionales han desarrollado un labor encomiable durante los últimos meses, trabajando los siete días de la semana y más de ocho horas al día para organizar el suministro de medicamentos básicos y el abastecimiento de agua, edificar escuelas básicas, y ayudar a formar a los profesores para tratar con niños y niñas que padecen traumas. Todavía queda mucho por hacer, ya que hay miles de desplazados que aún carecen de los servicios más básicos: atención sanitaria, escolarización o incluso una lámina de plástico bajo la cual guarecerse.
Hoy emprendimos un largo viaje de estudio para visitar tres aldeas donde se han asentado personas que se han visto obligadas a huir de sus casas. El primer asentamiento, Kalma, fue creado por el gobierno y se encuentra a unos 14 kilómetros a las afueras de la ciudad de Nyala. Si bien estas personas llevan ya unos meses allí, no han logrado construir más que unos chamizos de paja muy rudimentarios. A algunos se les entregaron unas láminas de plástico de color azul claro para cubrir sus cabañas, pero no teníamos suficientes para todos.
Nos preocupan mucho las lluvias que llegarán en pocas semanas. Estas personas viven literalmente bajo techos de paja que no ofrecen ninguna protección contra la lluvia. Me los imagino en mitad de la noche, sentados en enormes charcos de agua y con la lluvia cayéndoles encima.
Uno de los hechos positivos del campo de Kalma es la escuela que la comunidad ha construido con la ayuda del UNICEF. Tiene 12 aulas que acogen a unos 2000 niños y niñas, aunque la mayoría está en el primer curso porque nunca antes habían podido asistir a la escuela. La única calma en su tempestuosa existencia de los últimos meses es que miles de niños y niñas tienen ahora oportunidad de leer y escribir por primera vez.
Al mediodía, proseguimos nuestro viaje hacia el norte de Nyala, con destino a Mershing y Manawashi, dos aldeas que acogen extensos grupos de desplazados. En Mershing, nos detuvimos a hablar con una joven de 15 años llamada Aisha. Estaba extrayendo agua con una bomba de mano que acababa de ser instalada por personal técnico del estado. El UNICEF se encarga de suministrar el material de perforación y otros equipos necesarios para perforar el pozo de sondeo e instalar la bomba. Aisha nos contó que había tenido que abandonar su aldea dos meses antes cuando la invadieron los Janjaweed. Tiene dos hermanas; su padre pereció durante el ataque.
En otra parte de Mershing, hablamos con un grupo de mujeres que lloraban la pérdida de un anciano. Había sufrido heridas graves cuando su aldea, Mugbula, fue atacada y murió a consecuencia de las mismas. Su esposa está muy enferma y no puede ocuparse de sus ocho hijos. Las mujeres se mostraban ansiosas por relatar el ataque perpetrado contra su aldea por aviones y por hombres que llegaban en camello, a caballo y en camiones, como en los relatos que había leído antes de viajar a Darfur.
Y finalmente nos dirigimos hasta Manawashi, donde vimos una perforadora acometiendo un nuevo pozo de sondeo. El UNICEF ha colaborado con el gobierno a fin de organizar una extensa campaña de perforación de nuevos pozos en las localidades donde se han asentado los desplazados, así como para rehabilitar cientos de bombas manuales que no precisan más que pequeñas reparaciones para volver a funcionar. Estuve hablando con Jaafer, un ingeniero que había sido enviado desde Kosti, a cientos de millas al este del Nilo, para trabajar en la campaña de abastecimiento de aguas. No estaba seguro de cuánto tiempo permanecería en Darfur, pero dijo que estaba contento de aportar su trabajo para ayudar a esas personas que habían sufrido.
Mañana volaremos a Geneina, en la frontera con el Chad. Tengo curiosidad por ver si las necesidades de la gente allí son distintas de las de la gente de Nyala.
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