Somalia

La escuela es un refugio seguro para los niños desplazados por el hambre y el conflicto en Somalia

Por Eva Gilliam

MOGADISHU, Somalia, 30 de agosto de 2011. Cerca de 100 escolares de Somalia hojean los libros de texto con tanto entusiasmo como si fueran los últimos cómics recién salidos de la imprenta. Las páginas, sin embargo, están llenas de fórmulas matemáticas y de ciencia, así como de ejercicios de escritura.

VÍDEO: 24 de agosto de 2011. La corresponsal de UNICEF, Jimena Cañedo, informa sobre los programas de educación para los niños afectados por la sequía y el conflicto en Somalia.  Véalo en RealPlayer

 

“Tenemos 200 niños en esta escuela”, dice Mohamed Mohamud Osman, un profesor de la escuela Wabari, que se encuentra en un campamento para personas desplazadas situado en Mogadishu, la capital somalí. “Un centenar de ellos vienen en el turno de la mañana y el resto viene en el turno de la tarde. Hay muchos más niños en edad escolar en este campamento, pero sólo podemos atender a 200”.

Los estudiantes de Osman han vivido en este campamento desde hace casi un año, después de haber huido de los conflictos que asolan sus poblados u otras partes de Mogadishu. Ni siquiera puede pensar en los numerosos grupos que han llegado más recientemente, las familias que escapan a la sequía y la hambruna que afectan el sur de Somalia.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Unos niños y niñas somalíes desplazados asisten a clase en una de las 155 escuelas que han estado operando en Mogadiscio desde septiembre de 2010 y han ofrecido educación a casi 40.000 niños y niñas cuyas familias huyeron desde sur.

“Cada familia llega con al menos tres niños en edad escolar”, explica Hassan Mohamud Maalin Deka, que trabaja con los International Aid Services, un aliado de UNICEF. “Ya estamos realizando varios turnos en el aula y los niños también comparten lápices y cuadernos”.

“Un lugar seguro para los niños”

Sin embargo, la llegada en masa de tantos niños a la vez en los últimos meses hace temer que, si no se adoptan medidas inmediatas, varios miles puedan perder el nuevo año escolar que comienza en septiembre.
 
“La educación es un componente fundamental de cualquier respuesta de emergencia”, dice Rozanne Chorlton, Representante de UNICEF en Somalia. “Las escuelas proporcionan un lugar seguro para que los niños vengan a aprender, así como para el acceso al agua potable, el saneamiento y otros servicios vitales."
 
Sin un ministerio de educación que funcione adecuadamente en la mayor parte del sur del país, las escuelas dependen del compromiso de los comités de educación de la comunidad –compuestos por los ancianos locales, padres, madres y maestros– para mantener las escuelas operativas.

Fundamental para la estabilidad

“En muchas de las regiones, tenemos miedo de que hasta la mitad de los maestros no regresen una vez que se reabran las escuelas, ya que ellos mismos han tenido que emigrar con sus familias”, dice , Lisa Doherty oficial de Educación de emergencia de UNICEF en Somalia. “Vamos a tener que contratar y capacitar a nuevos maestros, probablemente muy pronto, para cubrir los vacíos”.

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Unos niños en la clase de una escuela para personas desplazadas en Mogadishu (Somalia). Inicialmente creada para los niños que huyeron del conflicto, el centro ahora imparte enseñanza a quienes han huido a la capital para escapar de la hambruna en la región meridional.

Casi 2,3 millones de niños, o el 40% de toda la población de las regiones sur y central de Somalia, tienen entre 5 y 17 años de edad. Brindarles oportunidades de aprendizaje en un ambiente seguro es fundamental para la estabilidad y el crecimiento a largo plazo del país.
 
“Somalia tiene una de las tasas de matriculación más bajas del mundo, ya que antes de la crisis asistía a la escuela primaria menos del 30% de los niños”, señala Doherty. “Estamos anticipando cifras aún peores una vez que las escuelas traten de volver a abrir en septiembre, pero si activamos nuestra respuesta de emergencia podemos marcar una gran diferencia”.

El acceso al aprendizaje

Como parte de esa respuesta, el grupo interinstitucional integrado de educación en Somalia, codirigido por UNICEF y Save the Children, evaluó las condiciones en 589 escuelas comunitarias, escuelas ubicadas en campamentos para personas desplazadas y escuelas privadas. Los resultados indican que se necesitan más programas de alimentación escolar, materiales didácticos, incentivos para los maestros y otros espacios de aprendizaje para asegurar que los niños tengan acceso a la educación, muchos de ellos por primera vez.
 
“Después de décadas de abandono y falta de financiamiento, las oportunidades educativas para los niños de Somalia son ya muy escasas”, comenta Chorlton, “por lo que es obligatorio que hagamos todo lo posible para asegurar que la situación no empeore”.

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UNICEF y sus aliados tratan de asegurar que la educación no se interrumpe para los niños y niñas desplazados, como estas niñas en Mogadishu (Somalia), cuyas familias han llegado en masa a la capital en busca de seguridad, alimentos y agua.

Los aliados del grupo interinstitucional integrado de educación están ampliando las actividades educativas para satisfacer las necesidades que refleja la evaluación. Para hacerlo se necesitan más de 20 millones de dólares; sin embargo, el déficit en la financiación del sector de la educación ha alcanzado sus niveles más altos en los últimos cuatro años.

Incentivos para los niños y los maestros

Se necesita apoyo con urgencia para establecer espacios temporales de aprendizaje en los campamentos para personas desplazadas y las comunidades locales, y para proporcionar instalaciones de agua y saneamiento, material escolar básico y suministros de recreación a 435.000 niños y niñas, e incentivos para 5.750 profesores.
 
Asimismo, hay planes en marcha para proporcionar raciones de alimentos en las escuelas que beneficien a los estudiantes y sus familias, y que sirvan de incentivo para que los niños y niñas permanezcan en la escuela o se matriculen por primera vez.
 
“Estudio en la escuela Wabari del campamento de Siligga”, dice Dahabo Mohamed Abdi, un joven estudiante de la escuela Wabari. “Curso estudios islámicos, matemáticas y ciencias. Me gustaría tener toda la ayuda que sea posible conseguir”.


 

 

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