Somalia

Los centros de alimentación tratan a niños y niñas desnutridos en medio de la hambruna en el sur de Somalia

“Pensé que me moriría de hambre”

Por Chris Niles

NUEVA YORK, EEUU, 8 de agosto de 2011. Habib Isack ha abandonado por primera vez su hogar en Wajid, al sur de Somalia, pero no lo hizo por su propia voluntad. La sequía acabó con sus cosechas y su ganado. La desesperación le empujó a llevarse a sus hijos y caminar a pie a Doolow, cerca de la frontera con Etiopía, en busca de ayuda.

VÍDEO: 4 de agosto de 2011. Concha Grijalba, corresponsal de UNICEF, informa sobre la ampliación a gran escala de las actividades de asistencia humanitaria en respuesta a la hambruna en el sur de Somalia.

 

“Tardé nueve días en llegar aquí desde Wajid”, dice. “Por el camino pasé mucha hambre, no teníamos dinero para comprar alimentos. Mi marido me envió hasta aquí sola, así que tuve que realizar todo el trayecto sola, cargando con mis hijos. Pensé que iba a morir de hambre”.

Isack y su familia reciben tres comidas al día en el centro de alimentación del campamento para personas desplazadas de Doolow, que recibe apoyo de UNICEF. El campamento forma parte de un programa para ayudar a los millones de somalíes que han tenido que escapar de sus hogares debido a la hambruna y el conflicto.

Niños y niñas en situación de riesgo inmediato

Muchas de las personas que se encuentran en el centro de alimentación han tenido que recorrer largos y peligrosos caminos para llegar a Doolow, y están mal de salud.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2011-1226/Holt
Unos trabajadores humanitarios cocinan y sirven maíz en el centro de alimentación de un campamento para personas desplazadas en Mogadishu (Somalia).

“Hemos encontrado algunos que están bien porque solamente han caminado alrededor de 50 km”, dijo Erin McClowskey, Especialista de UNICEF en Nutrición. “Pero algunos que han llegado desde más lejos, desde las zonas de Baye y Baiboa, están muy débiles. Están muy delgados y algunos padecen muchas enfermedades”.

La hambruna, que se podría extender por todo el sur de Somalia en las próximas semanas, ha costado ya la vida de decenas de miles de personas, la mitad de ellos niños y niñas menores de cinco años. Las vidas de más de 1 millón de niños y niñas se encuentran en peligro inmediato.

“En la actualidad estamos viendo que la proporción de niños y niñas que están gravemente desnutridos ha alcanzado el 50%”, dijo Rozanne Chorlton, Representante de UNICEF en Somalia. “Es una proporción extremadamente preocupante”.

Un aumento de la respuesta

UNICEF y sus aliados están tratando de aumentar la respuesta a la situación de crisis en Somalia y en el resto del Cuerno de África. Hasta ahora, la organización ha transportado suministros suficientes para alimentar a 65.000 niños y niñas en el sur de Somalia. Se necesitarán alrededor de 177 millones de dólares para llegar a todos los niños y niñas somalíes necesitados durante los próximos seis meses.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2011-1220/Holt
Un hombre que transporta a su hija enferma se detiene en un control de seguridad de una clínica de Mogadishu, donde muchos pacientes han acudido en busca de alimentos.

“Somalia dispone de un programa de nutrición que se ha ampliado rápidamente durante los últimos tres o cuatro años y abarcamos todo el país con alrededor de 500 centros para el tratamiento de la desnutrición aguda”, afirmó Peter Hailey, Gestor Superior de Nutrición de UNICEF.

“Utilizando estos centros como una base para afrontar ahora la situación de emergencia”, añadió, “estamos ampliando rápidamente la escala de este programa, que incluye la utilización de equipos móviles y de trabajadores comunitarios de la salud para llegar a la mayor cantidad posible de niños y niñas”.

El tratamiento salva vidas

Este apoyo ya está salvando vidas. En Mogadishu, la capital de Somalia, una mujer con cuatro hijos llevó al más pequeño, que está desnutrido, a un centro de alimentación de UNICEF y recordó la terrible experiencia que había vivido.

La mujer tuvo que caminar alrededor de 160 km a través de un terreno azotado por la sequía para recibir ayuda. Como le ocurrió a muchos otros, también ella había visto cómo se deterioraba la salud de sus hijos y perdía sus medios de vida. “Teníamos vacas, y después de dos años sin lluvia todo se ha perdido”, dijo. “Todas murieron”.

Sin embargo, gracias al tratamiento en el centro de alimentación, su hijo se recupera ahora.


 

 

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