Somalia

Durante los “Días de la salud infantil” se prestan servicios que salvan vidas de niños y mujeres en las comunidades más apartadas de Somalia

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© UNICEF Somalia/2010/Morooka
Un niño de la aldea de Hayaayabo recibe un suplemento de vitamina A durante la campaña “Días de la salud infantil”, en la región noroccidental de Somalia y próxima a la frontera con Etiopía.

Por Iman Morooka

BOROMA, Somalia, 9 de junio de 2010 – Abdi Ibrahim fue uno de los muy pocos hombres que acudió al lugar de la aldea de Hayaayabo donde se llevó a cabo la campaña “Días de la salud infantil”, a la que acudieron muchas madres con sus hijos. Ibrahim llegó al sitio muy temprano con su hija Sahra, de 16 meses, para asegurarse de que la niña fuera vacunada contra las enfermedades prevenibles.

Hayaayabo, localizada en las colinas de las afueras de la ciudad de Boroma, cerca de la frontera con Etiopía, no cuenta con centros de atención primaria de la salud. Sin embargo, y gracias a la iniciativa “Días de la salud infantil” que recibe apoyo de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, los niños, niñas y mujeres de ésta y otras comunidades somalíes desatendidas reciben los beneficios de diversas intervenciones sanitarias gratuitas. En los ciclos previos de la campaña se brindaron servicios a centenares de miles de somalíes, pero aún queda mucho por hacer.

Una tragedia reciente

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En la aldea de Hayaayabo, en Somalia noroccidental, una mujer recibe la vacuna contra el tétanos durante la campaña “Días de la salud infantil”.

Ibrahim se enteró de los servicios de salud que podía recibir su hija porque escuchó los mensajes que se difundieron con carteles y altavoces desde varios automóviles que recorrieron la región. “Me sentí muy contento al enterarme de que el equipo sanitario vendría a nuestra aldea”, comenta. “Estuve esperándolo, y fui uno de los primeros que se hizo presente en el sitio designado”.

La decisión de Ibrahim de darle a Sahra un comienzo saludable en la vida se debe a un hecho trágico que sufrió su familia recientemente. Hace seis meses, Nagat, una hija de dos años de edad, murió de sarampión.

“Nagat no había sido vacunada porque la clínica quedaba muy lejos y a nuestra aldea no llegaban equipos de inmunización como éste”, explica Ibrahim, que dice sentirse culpable de la muerte de Nagat. “Mi hija se enfermó cuando yo estaba viajando, y cuando regresé, hacía tres días que estaba mal. Tenía fiebre y no quería comer ni siquiera su comida favorita. Traté de que bebiera leche, pero vomitaba todo lo que ingería”. Nagat murió tras ocho días de enfermedad.

Durante los “Días de la salud infantil” se vacuna contra el mortífero virus del sarampión, la poliomielitis, la difteria, la tos ferina y el tétanos. Además, se realizan exámenes para determinar el estado de nutrición de los niños y se distribuyen suplementos de vitamina A, sales de rehidratación oral y pastillas de purificación de agua. Las mujeres en edad de procrear son vacunadas contra el tétanos neonatal.

Una vida muy dura

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Abdi Ibrahim, padre de cuatro niños, sostiene en brazos a su hija Sahra, de 16 meses de edad, frente a la precaria choza en que vive su familia, en la aldea de Hayaayabo cerca de Boroma, en Somalia.

Ibrahim es originario de Mogadishu, la capital de Somalia, pero fue desplazado a principios del decenio de 1990, cuando su ciudad natal quedó devastada por la violencia. Diez años más tarde regresó a Mogadishu y abrió una barbería en un vecindario que poco después se convirtió en zona de conflicto armado. En 2006, cuando su hermana resultó herida durante un combate, la familia escapó una vez más de Mogadishu, adonde no ha regresado desde entonces.

Ibrahim, su esposa embarazada y sus cuatro hijos viven en una choza precaria fabricada con retales en la aldea de Hayaayabo, en la región noroccidental de Somalia. “Lo único bueno de vivir aquí es la paz”, dice refiriéndose a la empobrecida aldea. “En todo otro sentido, la vida aquí es muy dura”.

Los seis integrantes de la familia, que en breve serán siete, subsisten principalmente con lo que gana Ibrahim trabajando en una barbería, que equivale a unos dos dólares diarios. sa suma alcanza apenas para cubrir las necesidades más elementales de la familia. “Hacemos una sola comida por día, y por lo general se trata de arroz o harina de maíz. Pero el dinero no nos alcanza para comprar leche o carne para los niños”, cuenta Ibrahim. Desde hace varios meses, la familia trata infructuosamente de ahorrar dinero suficiente para comprar una lámina de plástico que les sirva de techo y les proteja de la lluvia. “Mi esposa”, agrega el Sr. Ibrahim, “prepara bocadillos que vende en una escuela cercana para suplementar los ingresos familiares”. El padre de Sahra llevó a la niña al sitio de vacunación porque la madre tenía que trabajar.

En Hayaayabo, las condiciones de vida son difíciles. Pese a que la aldea no está muy lejos de la ciudad principal, carece de servicios sociales básicos, como el suministro de agua potable y la atención primaria de la salud. La fuente de agua más cercana se encuentra a 2,5 kilómetros de distancia, lo que complica muchas actividades cotidianas y tiene efectos negativos en la salud y la higiene de los habitantes de la aldea.

La salvación para los niños

En el caso de Hayaayabo y otras aldeas a las que no llegan los limitados servicios sociales de Somalia, la campaña “Días de la salud infantil” ofrece prestaciones sanitarias que son la salvación de los niños y sus progenitores.

Ibrahim explica que gracias a esa campaña, ya no corre riesgos con la salud de sus hijos. “He comprendido la importancia de la vacunación y jamás cometeré el mismo error”, señala. “De ahora en adelante, siempre llevaré a mis hijos para que les inmunicen”.

Los servicios sanitarios de esta amplia iniciativa están dirigidos a más de 1,6 millones de niños y niñas menores de cinco años y a 1,8 millones de mujeres en edad de procrear de Somalia. Los “Días de la salud infantil” se llevan a cabo cada seis meses para obtener los mejores resultados posibles en materia de supervivencia infantil. La campaña recibe contribuciones de diversos aliados de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, del Organismo sueco de desarrollo internacional, del Departamento de desarrollo internacional del Reino Unido, de la Alianza Global para Vacunas e inmunizaciones (GAVI) y de los gobiernos de Japón, Dinamarca y Noruega.


 

 

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