Serbia

Romper el ciclo: una mujer romaní logra salir de la pobreza y la discriminación

Imagen del UNICEF
© UNICEF SERBIA/2006/Milanovic
Ljiljana Ilic en la ONG Sociedad para la mejora de las comunidades locales romanís. Mientras continúa sus estudios para obtener su título en lingüística, trabaja con la ONG para ayudar a su gente, especialmente a las mujeres, a romper el ciclo de la pobreza.

La principal publicación de UNICEF, el Estado Mundial de la Infancia, trata este año sobre el doble dividendo de la igualdad entre los géneros que ayuda a superar  la discriminación y la pobreza. Esta es una de las historias que presentaremos antes del lanzamiento del informe el 11 de diciembre.

Belgrado, Serbia, 21 de noviembre 2006 - Ljiljana Ilic es una mujer romaní de 28 años de Serbia. Su historia revela cómo la perseverancia personal y los modelos de conducta femeninos pueden romper el ciclo de la pobreza y de las oportunidades perdidas. Gracias a su valor y su convicción, ha logrado superar los obstáculos sociales, económicos y culturales que mantienen a muchas personas como ella en la pobreza, sin educación y víctimas de los malos tratos. Pero no fue una tarea fácil.

La familia de Ljiljana es poco corriente, ya que sus progenitores y sus seis hijos recibieron algo de educación. Pero Ljiljana tuvo que salir de la escuela después de octavo grado. “Mi padre no dejaba de decir: ‘Ha llegado el momento de casarse’ o ‘Por qué tienes que seguir yendo a la escuela?’”, dice. Su madre comenzó a presionarla para que abandonara la enseñanza cuando cumplió 12 años.

Matrimonio contra educación

El matrimonio infantil es frecuente entre los romaní, y muchas niñas se casan a los 12 o 13 años, mientras que los niños suelen hacerlo de los 14 a los 16 años. Cuando una niña romaní se casa, se convierte en la propiedad de su marido e inmediatamente se traslada a su casa, lo que a menudo significan mudarse a otro asentamiento, poblado o ciudad. Instaladas en la casa de sus maridos y carentes de cualquier tipo de educación, muchas niñas no pueden conseguir las tarjetas de identificación que reciben las personas mayores de 18 años, y desaparecen prácticamente del sistema. Sin una documentación adecuada, carecen de acceso a la educación, la atención de la salud o la protección social. Sin haber recibido una educación, se convierten en mujeres totalmente dependientes de sus maridos.

Ljiljana estaba atrapada entre las expectativas de su familia o hacer lo que muy pocas mujeres romaní hacen nunca: seguir sus estudios. Solamente un 2,4% de las niñas romaní mayores de 15 años tienen un diploma de la escuela secundaria, y son muy pocos los casos en que obtienen un diploma universitario.

“Mi madre dijo que debería aprender a cocinar y a mantener la casa, o ningún hombre querría casarse conmigo”, dice Ljiljana.

Ljiljana atribuye a su mejor amiga, Vera Miljkovic, la decisión de permanecer en la escuela.

Ambas niñas fueron juntas a la escuela superior. Después de la graduación, Vera, que no es romaní, fue a la Universidad y le comentó a su amiga que debería hacer lo mismo. Ljiljana trabajó en una tienda de flores para mantenerse mientras realizaba estudios universitarios en lingüística en la Universidad de Belgrado.

Un panorama de malos tratos y discriminación

Los niños y niñas romaní, y especialmente las niñas, son víctimas frecuentes de la trata, la violencia, el abuso sexual y la explotación. Debido a las prácticas discriminatorias contra los romaní en las instituciones gubernamentales, nadie aborda apropiadamente las violaciones contra los derechos de estos niños y niñas.

Ljiljana afirma que “para decirlo de manera simple, se valora mejor a los varones, que son más importantes en la cultura romaní”. También menciona la falta de autoestima como un obstáculo poderoso. “Las niñas piensan que una vida diferente, o recibir una educación, no es posible. No reciben ningún aliento, así que terminan por renunciar”.

Según las cifras oficiales nacionales, en Serbia viven 108.193 personas de origen romaní –menos del 2% de la población total. Sin embargo, la cifra oficial de personas de origen romaní se calcula en unos 500.000.

La situación de los romaní en Serbia y Montenegro parece mejorar. Por primera vez en su larga historia en la región, los romaní han recibido el estatus de minoría nacional, una concesión que les ofrece la oportunidad de alcanzar sus derechos. El Gobierno de Serbia ha aprobado también tres planes importantes relacionados con los romaní: una estrategia de reducción de la pobreza con una sección especial dedicada a los romaní; la Declaración de la Década para la Inclusión Romaní, de 2005; y un plan de acción para la incorporación de los romaní a la sociedad. Y desde 2002, UNICEF ha prestado apoyo a la educación de los niños y niñas romaní en las 11 municipalidades más pobres de Serbia.

“La tasa de abandono de los niños y niñas romaní es ahora más baja, y hay un mayor interés en que se mantengan en la escuela”, dice Dragan Djoric, un maestro de Bojnik, donde UNICEF está presente.

“Simplemente una gitana”

Después de su graduación, Ljiljana conoció a Alexsandra Mitrovic, que dirige una organización sin fines de lucro destinada a mejorar la vida de los romaní en Serbia y Montenegro, y comenzó a trabajar con ella. Después de un tiempo, Ljiljana comenzó a planificar la obtención de un diploma universitario. Esta vez fue Alexsandra quien la animó a que lo hiciera y la ayudó a superar sus temores e inseguridades. Con ayuda de Alexsandra, pudo obtener una beca del Fondo para la Educación Romaní en Budapest y comenzar a estudiar para obtener un título en lingüística, que recibió finalmente en 2005.

“Si no hubiera sido por ellos –y por mi propia obstinación y determinación– habría abandonado”, dice. “Sus ejemplos marcaron la diferencia porque, aunque yo sabía que un título universitario me abriría las puertas para obtener el tipo de vida y de trabajo que realmente deseaba, en cada momento tuve que superar numerosos obstáculos para conseguir mi sueño”.

Para Ljiljana, un título universitario es mucho más que un diploma que se enmarca y se cuelga en la pared. “Creo que una vez que reciba mi título universitario, seré más fuerte y tendré más confianza en mí misma”, dice. “Creo que la gente no me considerará más como ‘simplemente una gitana’, sino como una persona igual a ellos”.


 

 

Política de UNICEF sobre igualdad de género y potenciación del papel de mujeres y niñas

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