Rwanda

Las comunidades constituyen las familias ampliadas de los niños huérfanos de Rwanda

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2009/Frejd
Clementine, de 18 años de edad, y su hermana, que viven en la región oriental de Rwanda, se han hecho el examen del VIH con resultado negativo.

Por Hanna Frejd

Rwanda, 26 de febrero de 2009 – Bamporeze es una organización no gubernamental que poco después del genocidio de 1995 puso en marcha un programa basado en la comunidad de protección de los niños de Rwanda que habían quedado huérfanos debido al SIDA. En este país africano hay unas 150.000 personas que viven con el VIH, de las cuales 19.000 son niñas y niños.

Clementine, de 18 años de edad, vive en la región oriental de Rwanda y ha sido profundamente afectada por el VIH/SIDA.

“Mis padres murieron hace varios años de enfermedades relacionadas con el SIDA”, explicó la joven. “Sin embargo, nadie nos dijo qué tenían, ni que nosotros debíamos hacernos el examen del VIH”.

Finalmente, Clementine y sus hermanos pudieron hacerse ese examen, y ahora cuentan con un grupo aún mayor de personas en las que pueden confiar. Se trata de una “familia ampliada” constituida por los miembros de su comunidad, que fueron movilizados por Bamporeze cuando la organización se enteró de la situación en que se encontraban Clementine y sus hermanos como consecuencia de la muerte de sus padres.

Apoyo comunitario a los huérfanos
Durante sus labores en pro de los huérfanos, los voluntarios de Bamporeze llegaron a la conclusión de que las familias de crianza o adoptivas no constituían una solución sostenible para todos los huérfanos.

 “Había demasiados huérfanos y huérfanas”, afirmó Jeanne D’Arc Muhongayire, fundadora y coordinadora de Bamporeze. “De manera que decidimos ver de qué manera podíamos colaborar con toda la comunidad para reconstruir las vidas de esos niños y niñas y para generar un sentimiento de responsabilidad colectiva por los huérfanos”.

Con el objetivo de crear esa familia más numerosa, Bamporeze, que contó con apoyo de UNICEF, ayudó para que los niños y niñas huérfanos pudieran continuar sus estudios, adquirir aptitudes y conocimientos para la vida y obtener información sobre la salud reproductiva. Los niños y niñas de la zona donde vive Clementine crearon su propia cooperativa agrícola con el propósito de generar ingresos para la compra de libros, medicamentos y prendas de vestir. Bamporeze les ayudó a encontrar tutores que cumplieran las funciones de los padres y madres ausentes.

Los tutores sirven de padres
“Cuando Clementine y sus hermanos perdieron a sus padres, quedaron inicialmente aislados de las otras familias”, explicó Patrick, un trabajador de Bamporeze. “Eso es algo que también les sucede a los demás niños, y debido a las grandes distancias a las que se encuentran sus hogares resulta difícil ubicarlos y decirles que no están solos”.

Imagen del UNICEF
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El hogar de Clementine en Rwanda. El padre y la madre de la niña murieron hace varios años como consecuencia del SIDA.

 “En realidad”, continuó diciendo Patrick, “yo me paso la mayor parte del tiempo caminando de una vivienda a otra para asegurarme de que todos los niños huérfanos estén registrados, a fin de que tengan acceso a todos los servicios disponibles. Una vez hecho eso, selecciono a un tutor o una tutora en la aldea. Los tutores deben ser personas en las que los niños confíen y de quienes piensen que recibirán el apoyo que necesiten”.”

 “Nuestra tutora nos visita todos los días”, dice Clementine. “Con ella hablamos de todo, y me ha presentado a otros niños en situación parecida a la nuestra. Es bueno saber que no estamos solos”.

La responsabilidad del gobierno
El programa para huérfanos basado en la comunidad de Bamporeze ha logrado que las autoridades locales cuenten con un registro de todos los niños y niñas huérfanos.

 “Eso significa que el gobierno sabe ahora de la existencia de esos niños y niñas y es responsable de su bienestar”, afirmó Bernardine Mukakizima, Jefa de la Sección del VIH y SIDA de la Oficina de UNICEF en Rwanda.

“Bamporeze ha colaborado con la puesta en marcha de un programa que sirve de ejemplo a otras comunidades de este país”, agregó. “Ya no tenemos que esperar que aparezcan familias de crianza o adoptivas, ni siquiera dependemos de ellas. Cuando una comunidad se moviliza y se siente responsable de “sus” niños y niñas huérfanos, éstos saben que no están solos”.


 

 

Campaña contra el Sida


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