Rwanda

Historias reales

El pasado de Rwanda ofrece lecciones valiosas para el futuro

En África, donde la creciente cantidad de huérfanos representa una grave crisis para la infancia, la experiencia de Rwanda podría proporcionar un modelo a seguir para otros países.

A pesar del problema que significa tener uno de los porcentajes más elevados de huérfanos en el mundo, Rwanda ha puesto en práctica soluciones realistas que otros países del continente podrían imitar.

La mayoría de los huérfanos de Rwanda viven con sus hermanos y hermanas en las tierras familiares, sin ninguna supervisión de los adultos. Este fenómeno es una consecuencia del genocidio de 1994 en Rwanda, cuando los asesinatos a gran escala y el desplazamiento tuvieron consecuencias desastrosas para los niños y niñas a un nivel sin precedentes desde el Holocausto.

Un total de 300.000 niños y niñas murieron asesinados durante el genocidio. Miles de niños y niñas sufrieron el trauma que representa presenciar la tortura y el asesinato de familiares y amigos. Medio millón de niñas y de jóvenes sufrieron violaciones sistemáticas de una manera vengativa y sádica.

Niños y niñas que crían otros niños

Muchos de los niños y niñas, cientos de miles, que sobrevivieron a la carnicería y el caos del genocidio, descubrieron cuando el horror terminó que habían quedado huérfanos. O bien sus progenitores habían sido asesinados, o tuvieron que separarse de sus familias durante el caótico éxodo a gran escala que se produjo desde Rwanda hasta la República Democrática del Congo.

En lugar de mejorar con el tiempo, el problema de los huérfanos ha empeorado debido a que en Rwanda hay una cifra elevada de víctimas de la pandemia del SIDA. Hoy, 613.000 niños y niñas de Rwanda de 0 a 14 años son huérfanos. Alrededor de 101.000 niños y niñas encabezan alrededor de 42.000 hogares.

No es raro ver a niños y niñas de nueve años convertirse en cabeza de familias y salir a trabajar para prestar apoyo a hermanos y hermanas más jóvenes. Los adultos explotan su vulnerabilidad obligándoles a realizar trabajos manuales a cambio de alimentos escasos o, peor aún, de favores sexuales.

El UNICEF apoya a los jóvenes agricultores

Durante los últimos siete años, el UNICEF, en alianza con el Ministerio de Asuntos Sociales de Rwanda, ha ayudado a 75.000 niños y niñas. El UNICEF proporciona apoyo material en forma de pollos, cabras, semillas, fertilizantes, azadones, mantas y utensilios para el hogar.

El organismo contribuye también a potenciar la capacidad de obtener ingresos de los niños y niñas de mayor edad por medio de clases de formación profesional como la sastrería, la electricidad, la carpintería y la albañilería, la pesca y el pastoreo. Además, hay alrededor de 570 asociaciones agrícolas establecidas por los niños y niñas huérfanos.

Estos jóvenes agricultores que forman parte de las asociaciones venden sus excedentes en el mercado local para pagar los gastos médicos y de educación de sus hermanos y hermanas.

El aislamiento fomenta la desesperanza y la inseguridad

Para que los niños se conviertan en miembros activos de una generación de adultos comprometidos con el futuro de su país, necesitan cariño para cicatrizar las heridas emocionales y orientación para salir adelante durante su infancia y adolescencia.

En especial, los niños de mayor edad contemplan el mundo como un lugar sin esperanza y no tienen fe en el futuro. Una niña de 13 años que se ocupa de otros cuatro niños, dijo a World Vision, un organismo de socorro cristiano, “Creo que les resulto útil, pero es una carga demasiado pesada para mí".

“Tal vez estos niños de quienes me ocupo pueden llegar a ser inteligentes en la escuela, pero no creo que yo llegue a ser nada en la vida.”

Un estudio realizado en 2001 por el gobierno y el UNICEF indicó que tres de cada cuatro niños y niñas huérfanos a causa del SIDA están aislados de su comunidad y uno de cada cinco recibe malos tratos de otros niños.

En 2001, el UNICEF presentó un sistema de adiestramiento que solicita a los vecinos que ofrezcan voluntariamente sus servicios como adultos a cargo de estos niños.

Los sistemas de adiestramiento ayudan a los niños a superar la situación

Todos los voluntarios para las tareas de adiestramiento reciben información sobre los derechos de la infancia tal y como aparecen en la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas. Todas las "madres" y "padres" visitan a los niños y niñas por las mañanas y las tardes para comprobar que se encuentran bien. Les ofrecen consejos sobre cómo salir adelante y resolver los problemas con los huérfanos.

En un proyecto piloto realizado en las colinas que rodean Kigali, 670 mentores ofrecen su tiempo para que los huérfanos tengan a alguien en quien confiar en épocas de necesidad, restaurando la confianza de los niños y las niñas en otras personas.

Con 18 años, Mukomugenza Kesitima es mucho más madura de lo que representa su edad. Sus progenitores murieron de una enfermedad que ella describe como desconocida, y dejaron a su cargo siete hermanos y hermanas más jóvenes. Durante los últimos dos años, los vecinos han adiestrado a estos niños y niñas.

“Nos sentíamos muy tristes porque estábamos solos y nadie nos ayudaba", dice, “pero nuestro nuevo padre y nuestra nueva madre nos han dado muy buenos consejos y nos han mostrado cómo debemos comportarnos".

Las ventajas del sistema de adiestramiento son dobles. Al permitir a los vecinos ocuparse de los demás, ha conseguido regenerar la cohesión social de comunidades devastadas por el genocidio. Y en el caso de los huérfanos, les ofrece algo que ningún dinero podría comprar: la sensación de pertenecer a una comunidad y una familia.


 

 

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