Panorama: Filipinas

Un espacio para la recuperación de Jericho y otros niños

Por Marissa Aroy

Un joven sobreviviente encuentra la manera de ayudar a otros niños –y a él mismo– a recuperarse de la devastación del tifón Haiyan.

ROXAS CITY, Filipinas, 27 de febrero de 2014 – Durante la mayor parte de su vida, Jericho, de 12 años, ha vivido con su abuela, Mónica Ignacio, en una choza de bambú en Roxas City, en la isla de Panay. La casa no estaba preparada para soportar la fuerza brutal del tifón Haiyan.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2014/Aroy
Jericho y su abuela frente a su casa en Roxas City, en la isla de Panay, Filipinas.

“Teníamos miedo porque el techo estaba temblando y luego se rompió. A la abuela casi le golpearon los escombros que caían del techo”, dice Jericho.

Buscaron refugio en la casa de un vecino. “Nos alojamos en una habitación y oramos y oramos hasta que terminó el tifón”, dice.

Las señales de la tormenta todavía se pueden ver por todo el barrio. La mayoría de las casas –fabricadas con los mismos materiales ligeros que utilizó la familia Ignacio para construir su casa, es decir, bambú, madera y hojas de cocotero para el techo–sufrieron graves daños.

La vida de Jericho ha consistido sobre todo en tratar de superar todos estos problemas. Su madre se volvió a casar y tiene una nueva familia. Nunca ha conocido a su padre.

“Yo todavía estaba en el vientre de mi madre cuando se separaron”, dice Jericho. “Y cuando nací nunca llegué a verlo. Eso es todo lo que puedo recordar”.

Sin embargo, Jericho comprende muy bien lo que quiere de la vida: una casa sencilla, una familia, una carrera como médico para ayudar a los enfermos, y especialmente a su abuela y todas sus dolencias. Sus objetivos le sirven para estructurar una vida llena de dificultades.

Paki-kasama

La resiliencia es la capacidad de afrontar los golpes y de recuperarse. Un niño obtiene esta capacidad de recuperación cuando recibe el apoyo de sus sistemas sociales circundantes: los individuos, las familias, las escuelas y las comunidades. En tagalo, esto se llama “paki-kasama”, que aproximadamente se traduce como “estar todos juntos”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Jericho (derecha) participa como facilitador voluntario en una tienda de campaña centrada en los niños que patrocina Child Fund, un aliado de UNICEF.

Los vecinos de Jericho son sus tías y sus tíos, que se ocupan de él y de su abuela y les dan alimentos y refugio. Jericho les considera como su familia.

Y luego está su abuela, sus cimientos.

“Obtengo fuerza y poder de mi abuela”, dice. “Ella es la que me envía a la escuela, la que me alimenta, me levanta y me da cariño”.

Jericho es un participante involuntario del espacio centrado en los niños, una tienda de campaña que Child Fund, un aliado de UNICEF, ha levantado en el barrio. A lo largo de las zonas afectadas por el tifón Haiyan se han instalado espacios amigos de la infancia de UNICEF, como éste, para proporcionar a los niños protección, bienestar psicosocial y educación no formal.

Recuperarse de los traumas

“Cuando llueve o cuando el viento sopla con fuerza, me acuerdo de las cosas que sucedieron durante el tifón”, dice Jericho. “Una de las niñas que conozco de los alrededores, cuando el viento sopla muy fuerte se mete rápidamente en su casa porque está asustada. Su madre dice que está traumatizada. Yo también tengo miedo, por supuesto”.

Como facilitador que escucha las historias de otros niños del barrio, Jericho puede ayudarles a recuperarse del trauma causado por el tifón.

“Lo que me gusta de ser un facilitador ahora es que tengo la oportunidad de enseñar a los niños a tener más fuerza todos los días”.

Con la ayuda de la comunidad, y de un amigo lejano que vive en Canadá, Jericho y su abuela han reconstruido la choza después de la tormenta.

“El niño a quien solía cuidar cuando todavía era joven y trabajaba como niñera me envió el dinero”, dice Mónica Ignacio, la abuela de Jericho.

Ahora un nuevo techo de aluminio brilla sobre la cabaña de 3,5 por 2,5 metros.

Jericho ha regresado a la escuela, y su abuela vende golosinas de arroz a los estudiantes.

Pero durante los fines de semana sigue trabajando como voluntario en el espacio centrado en los niños.

“De la manera como yo lo veo, es una gran ayuda para nosotros y para los niños después del tifón”.

¿Y le ha servido de ayuda a él?

“Sí, me ayuda mucho en mi recuperación”.

Se estima que 5.9 millones de niños menores de 18 años sufrieron los efectos del tifón Haiyan. Hasta el 7 febrero, UNICEF y sus aliados habían levantado 79 espacios amigos de la infancia que beneficiaron a aproximadamente 3.500 niños. El objetivo para 2014 es ofrecer a 147.000 niños el acceso a espacios acogedores para la infancia en toda la región afectada por el tifón Haiyan.


 

 

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