Panorama: Filipinas

Reconstruyendo una vida –y regresando a la escuela– después del tifón Haiyan

Lian Fernández, de 17 años de edad, describe cómo sobrevivió al tifón Haiyan y las incertidumbres que enfrenta ahora después de la tormenta, en la ciudad de Tacloban.  Descarga este vídeo

 

Por Marissa Aroy

Al igual que muchos de los sobrevivientes del tifón Haiyan, Lian Fernández, de 17 años, una estudiante de secundaria, se enfrenta ahora a un futuro incierto. Debido a que su escuela sufrió daños, uno de los problemas que afronta es la posibilidad de sufrir un retraso en su educación.

TACLOBAN, Filipinas, 2 de diciembre de 2013 – Han sido tres semanas largas desde que el tifón Haiyan asoló Tacloban y, muy lentamente, la ciudad muestra signos de recuperación. Para los niños, volver a clase supone recuperar el sentimiento de normalidad y tener un lugar donde estar seguros y protegidos mientras continúan su educación. Pero numerosas escuelas sufrieron la devastación del tifón, y las que no quedaron destruidas por completo albergan ahora a personas evacuadas y desplazadas.

Para Lian Fernández, de 17 años, uno de los problemas más acuciantes es un  posible retroceso en su educación. Es una estudiante de secundaria y vive en la mitad de Tacloban, en una casa de madera con techo de planchas de aluminio. Estaba con su madre y sus hermanos cuando llegó la tormenta.

“Estábamos  mi hermano y mi hermana y yo”, dice, recordando el desastre. “Mi madre lloraba porque no podíamos salir de la casa. El agua no paraba de subir. Ella comenzó a pedir auxilio, pero no había nadie fuera”.

“Estábamos en estado de pánico porque nos íbamos a morir”, continuó. “Si subíamos al segundo piso de nuestra casa, el agua [de la lluvia] lo había inundado todo. El techo había desaparecido. Así que pensé, ‘Bueno, me voy a morir. Sólo me queda a esperar aquí. Eso es todo’”.

Lian describe con un tono práctico cómo sobrevivió a la tormenta, encogiéndose de hombros para enfatizar una frase. Una explicación de su actitud puede ser que, debido al impacto del acontecimiento, ésta sea la manera de hacer frente a la tragedia o de comunicarse con un extraño. En cualquier caso, los  niños en las zonas afectadas han sufrido un trauma considerable.

Una segunda vida y un futuro incierto

Considerado como uno de los tifones más fuertes de la historia, el tifón Haiyan (conocido localmente como Yolanda) azotó Filipinas el 7 de noviembre. Alrededor de 14,4 millones de personas se han visto afectadas, y hasta el 28 de noviembre, 3,62 millones de personas seguían desplazadas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Lian, una estudiante de secundaria, se debía graduar pronto, pero su escuela fue uno de las afectadas por el desastre. "No lo sé. Quizás sí, quizás no ", dice ella, sin saber si su ceremonia de graduación ahora se llevará a cabo.

El tiempo en Tacloban es caluroso y húmedo en estos momentos, y brilla el sol. Y aunque la recuperación todavía está empezando, en todas partes se respira vida: las motocicletas, los vehículos de tres ruedas y algunas empresas están en marcha. Los niños juegan al bádminton en las calles.

Con la excepción del techo, la casa de la familia de Lian se encuentra intacta. Su padre, que es militar y estaba estacionado en la provincia de Eastern Samar durante la tormenta, volvió a poner un techo temporal. Las máquinas comenzaron recientemente a limpiar las montañas de escombros de su calle. Todos los artículos para el hogar están inundados.

Lian y otros niños de la escuela no saben aún si sus compañeros de clase y maestros han sobrevivido, o cuándo se reanudarán las clases.

Lian enumera sus preocupaciones: ¿Cómo va a regresar a la escuela? ¿Cómo va a conseguir comida su familia? ¿Una nueva casa?

El salón de actos de la escuela perdió el tejado, el piso está inundado de agua y las sillas de plástico y las mesas están esparcidas por todas partes. Un piano situado en posición vertical en el escenario parece ser lo único que permanece intacto.

Lian ha asistido a la escuela desde el jardín de infantes. Su graduación de sexto grado se llevó a cabo aquí, y aquí es donde se celebrará su graduación de secundaria si se puede reparar la escuela.

¿Podrá graduarse este año? Lian mira a los restos del salón de actos de la escuela y se encoge de hombros. "No lo sé. Tal vez sí, tal vez no”.

A pesar de los desafíos que ella y su familia han enfrentado, se considera afortunada por haber logrado sobrevivir.

“Tengo suerte porque esta es mi segunda vida”, dice.


 

 

Fotografía UNICEF: Foto de la Semana

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