Panorama: Filipinas

Diario de campo de Filipinas: En medio de desafíos sin fin, un día de inspiración en Tacloban

Por Kent Page

Después de perder todo por el tifón Haiyan, un niño y sus hermanos enfrentan una lucha diaria por sobrevivir.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2013/Maitem
Los niños juegan a la pelota en las calles de Tacloban, Filipinas, mientras un avión de carga vuela por encima.

TACLOBAN , Filipinas, 22 de noviembre de 2013 - Desde hace varios días, el personal de protección infantil de UNICEF en Tacloban, en colaboración con los gobiernos locales y las ONG asociadas, estaban tratando de localizar a un grupo de niños no acompañados que habían perdido a su familia debido a la destrucción del tifón Haiyan.

Después de una extensa búsqueda, los cinco niños fueron encontrados y referidos para ayuda, y ahora están recibiendo el apoyo necesario.

La suya es una historia inspiradora derivada de la tragedia. Los cinco niños son hermanos y hermanas, el mayor es un muchacho de 18 años de edad, y el más joven un niño de 8. Ellos se han refugiado en un centro de evacuación en una escuela invadida por cientos de familias que quedaron sin hogar por el tifón.

Los cinco niños permanecen muy juntos. Su madre y su padre murieron en el tifón, junto con tres de sus hermanos.

El hijo mayor reunió a sus hermanos sobrevivientes y los llevó al centro de evacuación para asegurarse de que estuvieran a salvo.

Él no ha tenido un segundo para llorar, para procesar la pérdida que él y sus hermanos han experimentado, o incluso para sentarse y descansar por un momento. Sus hermanos menores y una hermana buscan en él un apoyo. A pesar de que está agotado, les da todo lo que puede.

Cuando nos reunimos con ellos, estaban en el pequeño salón de clases que es su hogar temporal. Duermen en un pedazo de madera en el suelo. No hay ventanas. Por la noche el ambiente es frío y llegan los mosquitos.

Encuentran un poco de piedad,  pues están compartiendo la habitación con su primo y su familia. Ellos lo han perdido todo también, pero están dispuestos a acoger a los cinco niños como familia extendida.

La hermana más joven mira a su hermano y me dice lo que él ha estado haciendo para ayudar a sus hermanos: ha permanecido de pie en largas filas bajo la lluvia para conseguir suministros de socorro; los ha cuidado por la noche para que estén seguros; ha trabajado durante el día en la peligrosa labor de limpieza de escombros y restos de la calle; y ha guardado la pequeña cantidad de dinero que gana para comprar los alimentos.

Cuando lo conocimos, él estaba ocupado preparando la comida para los cinco, hirviendo agua sobre un pequeño fuego de madera en el salón de clases para preparar fideos instantáneos con un poco de arroz.

Se puede ver la sombría determinación en su rostro cuando se enfrenta a todas las tareas necesarias para cuidar a sus hermanos. Ellos ahora están recibiendo todo el apoyo a través de UNICEF y otros, lo que va a ayudar, pero no puede reemplazar la pérdida de sus padres y sus hermanas de 11 y 5 años de edad, y de su hermano más pequeño de 3 años de edad.

Él me dice que el agua estaba "tan alta como los árboles de coco", apuntando hacia arriba en el aire. Que agarró a uno de sus hermanos más jóvenes con una mano y se sostuvo en lo alto de una rama de árbol de bambú con la otra a la altura de la tormenta. Su hermana se aferró, sola, a las ramas más altas de un árbol de jaca ya que el agua subió más de 100 metros de donde se levantaba su casa.

Ninguno de ellos tiene idea de cómo los otros dos niños sobrevivieron a la tormenta, sólo los encontraron sentados en la arena en frente de donde solía ser su casa. La única cosa que se mantuvo fue una taza de inodoro fija firmemente en un bloque de hormigón. No hay libros, no hay fotos , no hay platos, no hay muebles, nada.

Me encantaría tener un final feliz para su historia, pero lo mejor que puedo manejar es un final esperanzador. UNICEF ha abierto un espacio amigo de la infancia en la escuela donde se encuentran alojados, y los tres más jóvenes ahora tienen un lugar limpio y seguro para jugar, cantar, aprender y estar con otros niños. Están registrados con el gobierno local y otras organizaciones.

Y la familia de su primo dice que los acogerán.

La única hermana sobreviviente, de 17 años, está triste porque su escuela secundaria sufrió daños severos y fue clausurada. Ella tenía la esperanza de graduarse este año, y está decidida a volver a la escuela y hacerlo.

Y el joven que ha cargado con la gran responsabilidad está haciendo su mejor esfuerzo, cada minuto del día. Él es un héroe y una inspiración.

Después de que los medios de comunicación hagan maletas y se hayan ido -como ya lo están empezando a hacer- estos niños todavía estarán aquí, luchando por sobrevivir, al igual que otros millones de niños que sobrevivieron al tifón Haiyan.


 

 

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