Panorama: Filipinas

Diario del tifón Haiyan: Barro y ruinas en Tacloban

Por Nonoy Fajardo, Especialista en Reducción de Riesgos de Desastre y Situaciones de Emergencia de UNICEF

La primera impresión cuando uno observa la destrucción dejada por el tifón Haiyan es impactante, incluso para aquellos que están acostumbrados a trabajar en situaciones de desastre.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2013/Maitem
Un niño sin hogar debido al tifón Haiyan en la ciudad de Tacloban, Filipinas

TACLOBAN, Filipinas, 13 de noviembre de 2013 – Llevo trabajando en emergencias más de 15 años, y pensaba que ya lo había visto todo. Pero llegar a Tacloban por vía aérea el lunes, como parte de un equipo de evaluación de Naciones Unidas, fue un choque.

Mientras el avión rodaba por la pista vacía, pude ver lodo y ruinas –sólo lodo y ruinas– donde una vez hubo árboles y edificios y todas las señales de una vida normal.

Sí, aún había una pista asfaltada, pero era todo lo que había allí: una pista. Todo lo que antes estaba dentro de los edificios de la terminal estaba ahora fuera, y todo lo que una vez estuvo fuera estaba ahora dentro, incluso un tramo de escaleras de embarque.

Nos dijeron que evitáramos las partes de los edificios en ruinas porque aún había cuerpos entre los escombros, donde los trabajadores del aeropuerto habían buscado refugio contra la tormenta.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2013/Maitem
Unos niños de Tacloban caminan entre los daños causados por el tifón Haiyan.

La carretera que conduce desde el aeropuerto a la ciudad atravesaba antes pequeños poblados pesqueros que bordeaban la costa. Ahora han desaparecido por complete.

Una calma escalofriante

Probablemente fue un error, pero a medida que el automóvil nos llevaba hasta el ayuntamiento, conté los cadáveres que veíamos. Me detuve en el número 100.

Los muertos estaban tendidos allí mismo, entre grupos de sobrevivientes aturdidos que deambulaban alrededor. No quedaba ninguna estructura intacta. Incluso los edificios de hormigón más grandes y fuertes estaban dañados.

Había una calma escalofriante mientras caminaba alrededor del ayuntamiento. Como en las otras emergencias en las que he trabajado, esperaba actividad, convoyes de camiones pasando.

Pero no había nada: ni teléfonos sonando, ni ajetreo, ni movimiento; sólo gente aturdida arrastrando los pies y tratando de encontrar ayuda y provisiones.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2013/Maitem
Juguetes abandonados entre los escombros de Tacloban.

Fui al centro donde estaban los supervivientes para hablar con ellos. Incluso antes de que abrieran la boca, vi en sus ojos el trauma, el miedo y la frustración por lo que acababan de pasar.

Un hombre me vio con mi teléfono satelital y me dijo: “Úsalo para pedir ayuda y conseguirnos comida”.

No queda nada

Solo puedo llegar a imaginar el hambre y la desesperación que un padre debe sentir cuando no puede alimentar a sus hijos. ¿Y qué hay de los niños que han perdido a sus seres queridos y no tienen a nadie que se preocupe por ellos? Me preocupa el gran número de niños que desde hace días tienen tan poco.

Los camiones de UNICEF llegarán en los próximos días con artículos esenciales para los niños y sus familias. Me han dicho que me quede y trabaje con las autoridades locales y nacionales para distribuirlos inmediatamente. Espero que esto sirva de ayuda.

Después de atravesar la ciudad, informé a mis compañeros de Manila con la poca cobertura que conseguí en un lugar.

No es necesario evaluar más, les dije.

Esta gente lo ha perdido todo. Necesitan de todo.

 


 

 

Fotografía UNICEF: Foto de la semana

 

Búsqueda