Panorama: Filipinas

Las comunidades filipinas aprenden a prepararse para posibles situaciones de desastre

Por Rob McBride

NUEVA YORK, Estados Unidos, 13 de octubre de 2010 – Mientras el mundo celebra hoy el Día internacional para la reducción de los desastres naturales, las comunidades de todo el mundo se afanan por mantenerse al día con los numerosos y novedosos métodos y tecnologías de preparación para los desastres que puedan ocurrir en el futuro y las cambiantes condiciones climáticas.

VÍDEO (en inglés): Rob McBride, corresponsal de UNICEF, informa sobre las labores de prevención de desastres en las inmediaciones de un volcán en Filipinas.  Véalo en RealPlayer

 

En las situaciones de desastre, los niños pagan el precio más alto. Como promedio, los niños y niñas constituyen entre un 50% y un 60% de las personas afectadas en esas circunstancias, ya sea por la pérdida de vidas o por las enfermedades relacionadas con la desnutrición y la carencia de agua potable y saneamiento, que tienen consecuencias mucho más graves durante la situaciones de emergencia. Además, los desastres impiden o dificultan la educación de los niños y son causa de estrés psicológico.

En Filipinas, los frecuentes tifones, inundaciones, erupciones volcánicas y deslizamientos de tierra complican aún más el desafío de lograr soluciones permanentes en materia de educación escolar. Ha transcurrido poco más de un año desde que varios tifones, como Ketsana, causaron centenares de muertes y afectaron a más de 10 millones de pobladores de Asia meridional. Debido a ello, muchos filipinos viven en constante estado de temor y ansiedad, a la espera de la próxima catástrofe.

Ese tipo de estrés permanente tiene efectos difíciles de medir con exactitud.

Una amenaza perpetua

El agudo y penetrante resonar de la campana de alarma rompe la calma de la tarde en la escuela primaria San José, que se encuentra en la provincia filipina de Albay. El personal de la escuela, sus alumnos y los padres de éstos se ponen inmediatamente en acción para evacuar el edificio. Se trata de una operación que han practicado muchas veces en el pasado, porque entienden que en esta región del país, donde las probabilidades de que ocurran desastres son muy elevadas, se trata de una práctica que algún día podría salvarles la vida.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2008/McBride
Los alumnos de la escuela primaria San José, en la provincia filipina de Albay, aprenden acerca de la reducción del riesgo de desastres y la preparación para situaciones de desastre mediante un programa comunitario que recibe apoyo de UNICEF.

Tras la escuela se alza el volcán Monte Mayón, que domina el paisaje y les recuerda constantemente que es una amenaza perpetua de peligro.

Mientras la mayoría de los alumnos se dirige en fila hacia el patio de la escuela, algunos transportan los libros y materiales escolares a una habitación segura. Todos los “evacuados” se instalan posteriormente en varias aulas seguras construidas con apoyo de UNICEF, desmontan los paneles divisorios interiores y apartan los escritorios y las sillas para crear un espacio más amplio. Pese a la interrupción, la escuela sigue funcionando.

Aprender a estar preparados

Adelia B. Vibar, la directora de la escuela, dice que el centro cuenta con diversos planes para hacer frente a distintas situaciones de emergencia. En una situación de desastre natural, por ejemplo, la escuela podría llenarse de niños y niñas desplazados provenientes de otras comunidades. “En ese caso”, explica la educadora, “podríamos dar clases matutinas a los estudiantes locales y clases por la tarde a los nuevos alumnos”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2008/McBride
Alumnos de la escuela primaria San José, en la provincia de Albay, Filipinas.

Además de la amenaza de las erupciones y los deslizamientos de terrenos cubiertos por cenizas volcánicas debido a lluvias torrenciales, la provincia de Albay sufre con frecuencia los devastadores efectos de los tifones que se originan en el océano Pacífico. La tormenta más destructiva de los últimos tiempos fue el tifón Reming, que se abatió sobre la región en 2006.

Ayn Realasa, una niña de 14 años, recuerda perfectamente el paso de Reming. “Ese tifón se llevó el techo de nuestra casa”, comenta. “Ese día creímos que no íbamos a salir con vida, pero nos recuperamos”.

Ayn es la representante estudiantil del Consejo sobre la reducción del riesgo de desastre de su localidad en la escuela secundaria Marcial O. Ranola, donde ella estudia. Al frente de su equipo de estudiantes, Ayn ofrece a sus compañeros clases periódicas de primeros auxilios y les ayuda a prepararse para futuras situaciones de emergencia.

Conocimientos y autosuficiencia

Los cursillos son muy animados y se llevan a cabo en un clima de buen humor. Cuando Arnaldo Arcadio, asesor de UNICEF sobre la Educación en situaciones de emergencia, pregunta quiénes han pasado por la experiencia de un tifón potencialmente mortífero, descubre que casi todos los alumnos e integrantes del personal de la escuela han sobrevivido a esa amenaza.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2008/McBride
El volcán Monte Mayón domina la ciudad filipina de Legazpi y es un constante recordatorio de la posibilidad de una situación de desastre.

Los cursillos son muy animados y se llevan a cabo en un clima de buen humor. Cuando Arnaldo Arcadio, asesor de UNICEF sobre la Educación en situaciones de emergencia, pregunta quiénes han pasado por la experiencia de un tifón potencialmente mortífero, descubre que casi todos los alumnos e integrantes del personal de la escuela han sobrevivido a esa amenaza.

“Los riesgos siempre existen”, apunta Arcadio. “Pero si los alumnos están bien informados, se pueden reducir en gran medida las consecuencias de los desastres”.

Con apoyo de UNICEF, la ONG local TABI lleva a cabo diversas iniciativas en las escuelas de Albay, entre ellas la escuela primaria San José, donde Antonette Liquigan, de 11 años, encabeza un grupo de alumnos que investigan posibles peligros y amenazas en la escuela. “Me siento muy satisfecha de poder ayudar y brindar protección a los otros niños”, señala Antonette.

La labor de TABI en la comunidad local se concentra en la creación de autosuficiencia, ya que es posible que en una situación de emergencia, los habitantes quizá no cuenten inicialmente con otra ayuda que la que se puedan prestar los unos a los otros.

“Cuando no se cuenta de inmediato con la ayuda del gobierno, lo que nos queda son los niños, la comunidad”, termina diciendo Maricris Binas, coordinadora del programa de TABI.

 


 

 

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