Panorama: Filipinas

Jóvenes filipinos arrastrados a la explotación sexual en línea

Imagen del UNICEF
© UNICEF video/2008
Los niños filipinos tienen fácil acceso a los cibercafés, donde corren peligro de explotación sexual a manos de los depredadores.

Por Rob McBride

CEBÚ, Filipinas, 15 de diciembre de 2008 – En una precaria edificación en un barrio pobre de la ciudad de Cebú, en la región central de Filipinas, hay un diminuto cibercafé con conexión de alta velocidad a Internet que brinda acceso al resto del mundo. En un sitio que carece de agua corriente, el acceso al mundo por Internet ofrece oportunidades ilimitadas.

Pero además de esas oportunidades, el acceso a la Web trae aparejada una amplia gama de peligros. En Filipinas, un número cada vez mayor de jóvenes es arrastrado a la explotación sexual por parte de extranjeros a quienes conocen en línea.

Una manera de ganar dinero

A los 15 años, Angel comenzó a intercambiar mensajes con hombres extranjeros que frecuentaban los grupos de tertulia en línea.

“Tenía muchos amigos con los que conversaba en línea”, cuenta Angel. “Mis amigos me dijeron que era muy bueno poder conversar también con hombres extranjeros, porque de esa manera podía ganar dinero”.

Angel pasa varias horas por día conectado con hombres estadounidenses y europeos. “Me dicen que si les muestro mi cuerpo, si me desnudo, me enviarán dinero. Yo lo muestro, y ellos me envían dinero”.

El mundo en que viven Angel y sus amigos es una sórdida red de cibercafés, que en algunos casos cuentan con cubículos privados, y en los que los adolescentes pueden “actuar” frente a las cámaras Web para sus clientes extranjeros. En muchas ciudades filipinas, cerca de esos cibercafés que se han estado multiplicando recientemente, han comenzado a funcionar también negocios en los que los adolescentes pueden cobrar inmediatamente los giros que les envían sus clientes desde el exterior.

Infancia perdida

“Yo mantengo a mi madre, a mi hermana y a sus hijos, además de mi abuela”, explica Katrina, una amiga de Angel que a los 17 años se ha convertido en el sostén de su familia. Al igual que sus amigos, Katrina puede ganar hasta 200 dólares por mes.

Se trata de niños que están expuestos a graves daños psicológicos a largo plazo, además de verse privados de la oportunidad de estudiar. Para poder comunicarse en línea con los hombres europeos y estadounidenses, los jóvenes filipinos víctimas de la explotación sexual deben estar en los cibercafés en horas en que los otros niños y niñas en edad escolar están durmiendo.

Muchos de los alumnos del maestro Loreto Roca, de la escuela secundaria Florencio Urot de Cebú, han dejado de asistir a clases. “Pierden interés en sus estudios”, comenta el docente. “Les resulta imposible concentrarse, y con el correr del tiempo, dejan de estudiar”.

Cafés con más responsabilidad social

Ante el daño que están sufriendo tantos adolescentes, UNICEF brinda apoyo a diversas iniciativas que combaten el problema en todo el país. Una de esas iniciativas ya logró que varios cibercafés eliminaran los cubículos privados. UNICEF también fomenta y difunde un código de conducta que deberían adoptar los cibercafés a fin de brindar más seguridad a los niños que los frecuentan.

Mickey Tiangco está al frente de uno de esos cibercafés, que funciona en las afueras de Manila.

“Los niños y niñas deben tener cuidado con las personas extrañas que conocen en los sitios Web de tertulias”, advierte. “Y nosotros, en los cibercafés, debemos ejercer mayor responsabilidad social”.

El Sr. Tiangco no permite el ingreso de niños o niñas en horario nocturno a su café, donde abundan los carteles y anuncios referidos a los peligros que pueden correr los jóvenes incautos.

En Cebú y en cientos de ciudades similares, los adolescentes que se ganan la vida conversando y “actuando” en línea para los hombres extranjeros conocen bien esos riesgos.

“Algunos vienen a Filipinas, pero a mí me da miedo conocerlos personalmente”, afirma Freda, de 16 años de edad. “Por lo general, lo único que quieren es tener relaciones sexuales”.


 

 

Vídeo (en inglés)

Julio de 2008:
Rob McBride, corresponsal de UNICEF, informa sobre el auge de los cibercafés y la amenaza de explotación sexual que ese fenómeno representa para los niños filipinos.
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