Pakistán

La historia de Gabir: El trabajo infantil roba sus sueños a millones de niños pakistaníes

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2011/Francia
Un niño fabrica ladrillos bajo el intenso sol en la provincia pakistaní de Sindh. El niño preferiría ir a la escuela pero debe trabajar para ayudar a mantener a su familia.

Las actividades de este año del Día mundial contra el trabajo infantil, que se celebró el 12 de junio, se concentraron en las condiciones peligrosas en que trabajan unos 115 millones de niños y niñas del mundo. En el marco de esas actividades se realizaron llamamientos para que se tomen con carácter urgente medidas para terminar esas prácticas. A continuación, un artículo sobre las consecuencias del trabajo infantil en las vidas de los niños y jóvenes.

PROVINCIA DE SINDH, Pakistán, 13 de junio de 2011. Bajo los rayos de un sol que cae a pico sobre una polvorienta fábrica de ladrillos a cielo descubierto en las afueras de la ciudad de Shahdadkot, Gabir (nombre ficticio), de 12 años, recoge trozos de barro con las manos que, al igual que sus pies y sus vestimentas, están cubiertas por el material con que trabaja.

Cada puñado de barro que recoge Gabir es de un tamaño similar al de una rebanada de pan pero mucho más pesado, especialmente para un niño. Gabir le alcanza el barro a su padre, que le da forma de ladrillo con un molde y coloca las piezas en filas para que se sequen al sol. Cuando están suficientemente secas, las transportan a lomo de burro hasta un horno para su cocción. La mayoría de las edificaciones de la provincia de Sindh están construidas con ladrillos de adobe.

“No me gusta trabajar al sol”, expone Gabir. “Me canso mucho”.

“Es un trabajo difícil”

Gabir trabaja en una de las más de 100 fábricas de ladrillos que hay en Shahdadkot, una ciudad de 400.000 habitantes en la región occidental de Sindh, y en sus alrededores. En Pakistán existen miles de establecimientos similares cuya mayoría cuenta con una plantilla de niños trabajadores. Millones de menores pakistaníes trabajan de alguna manera en condiciones de explotación.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2011/Francia
Una trabajadora social de Indus Resource Centre, una ONG de la provincia de Sindh (Pakistán) que recibe apoyo de UNICEF, conversa acerca del futuro con un niño que se gana la vida con la fabricación de ladrillos.

Gabir recibe 50 rupias al final de cada jornada de trabajo de ocho horas y media, cantidad equivalente a unos 60 centavos de dólar. El niño, que trabaja bajo los implacables rayos del sol seis días por semana, recoge, prepara y transporta diariamente una cantidad de barro suficiente para fabricar entre 600 y 700 ladrillos.

Al anochecer, Gabir regresa a la fábrica para preparar el barro con el que se fabricarán los ladrillos del día siguiente. Todos los días tiene que hacer hasta 40 viajes hasta un lago cercano para recoger agua, que acarrea en un pesado cubo de metal hasta su lugar de trabajo.

“Es un trabajo difícil y arduo, y no me gusta”, señala Gabir, que trabaja junto a su padre en la fábrica desde hace un año. “A veces no voy a trabajar durante una semana pero mi padre me pide que regrese. Me he escapado de la fábrica y he vuelto a mi casa muchas veces”.

La supervivencia de la familia

Gabir debe trabajar para ayudar a mantener a sus padres y sus dos hermanos. “Gano muy poco”, dice el padre de Gabir, a quien su propio padre llevó a trabajar a la fábrica de ladrillos hace 20 años. “Por eso pensé que si mi hijo también trabajara podríamos ganar suficiente para mantener a la familia. Y a pesar de eso, apenas si logramos sobrevivir”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2011/Francia
Gabir, 12, at the brick factory in Sindh Province where he toils in the hot sun six days as one of millions of Pakistani children who are involved in some kind of exploitive labour.

Having never been to school, Gabir and can neither read nor write. “I’d like to go to school,” he says. “If I go to school my life would be better.”

UNICEF supports education programmes as a life-changing opportunity for girls and boys Gabir – in Pakistan and around the globe – who are caught in the cycle of intergenerational poverty, child labour and illiteracy. As Gabir himself puts it: “I don’t want my brother or sister to have to work at the brick kiln, because it’s a very tough job.”


 

 

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